El Economista - 70 años
Versión digital

mar 19 Oct

BUE 22°C

Versión digital

mar 19 Oct

BUE 22°C

La integración de los jóvenes

Desafíos de un grupo etareo clave.

10-11-2011
Compartir

En diálogo con El Econonomista, Ariel Barraud y Daniela Cristina (formados en la Universidad

Nacional de Córdoba y, con posterioridad, en la Universidad de Amberes, en Bélgica), analizan algunos de los retos que tienen las políticas públicas para lograr una mayor integración de los jóvenes en el circuito educativo, primero y en el laboral, después.

¿Por qué sostienen en el informe “Los jóvenes, la escuela y el mercado laboral”, publicado recientemente por el IARAF, que el desafío de incluir a los jóvenes a través de buenos empleos al mercado “trasciende la mera realidad laboral para configurarse en un importante reto socioeconómico”?

En la Argentina existe un relativo consenso respecto a que estamos en presencia de lo que se denomina “bono demográfico”, fenómeno que compartimos con otros paíseslatinoamericanos. Se llama así a la  ventaja que se deriva de un crecimiento de la población más pausado, que provoca un aumento de la proporción de los adultos en edad activa en el total de la población, lo que hace que en teoría disminuya la tasa de dependencia. Sin embargo, cuando los grandes contingentes infantiles llegan a la adolescencia, se plantean exigencias en términos de políticas públicas ?debido a la forma de la pirámide poblacional?, sobre todo en lo referente a la oferta de una educación secundaria de calidad y a la generación de empleo adecuado para garantizar el aprovechamiento de una mano de obra creciente. En el momento en que el bono pasa a su fase descendente, los contingentes en edad escolar secundaria se estabilizan para luego empezar a decrecer, primero en términos relativos y más adelante en términos absolutos. Resulta evidente que de una exitosa incorporación de los jóvenes va a depender crucialmente el futuro del país, sobre todo porque éstos deberán impulsar fuertemente la economía para que, en un futuro más lejano, resulte más fácil a los grupos etarios subsiguientes sostenerlos cuando éstos entren en edad pasiva.

En este sentido es que la inserción de los jóvenes en el mercado laboral no constituye sólo una realidad laboral de los mismos, sino que se constituye en un reto socioeconómico para garantizar el bienestar de las generaciones futuras. Evidentemente, la proporción de jóvenes que no están o en el sistema educativo o en el mercado laboral marca no sólo que se está frente a un problema de asignación de recursos económicos sino que nos enfrentamos a un problema social, cultural y de convivencia que es previo al de incorporar a la persona al mercado laboral (o a funciones

artísticas, científicas o deportivas), que es el de que estos jóvenes tengan una formación, una aspiración o una oportunidad como individuos que forman parte de una sociedad y se puedan integrar exitosamente a la misma, contribuyendo a su progreso socioeconómico.

El vínculo entre la educación recibida y la capacidad para conseguir un buen empleo con posterioridad es claro, y está probado en muchos estudios. ¿En qué aspectos debería mejorar el sistema educativo para facilitar la transición de los jóvenes hacia el mercado laboral?

Existen dos temas principales sobre los que se podría trabajar. El primero es incrementar la capacidad del sistema educativo de “retener a los jóvenes”. Particularmente en la escuela secundaria existe una proporción de jóvenes que se desvincula antes de tiempo de la escuela. Esta desvinculación precoz hace que en el caso de los jóvenes que se dedican a trabajar, se incrementen las probabilidades de ser trabajadores informales, y una vez inserto de esta manera en la economía, se le hace más difícil volcarse hacia la formalidad laboral. En el caso de los jóvenes que no se dedican a trabajar (ni al estudio formal), la situación es más compleja ?la pregunta que surge naturalmente es qué están haciendo, respuesta que debería estar ligada a un profundo estudio. El segundo tema es el de la calidad educativa. Ya en el año 2006, la Argentina se situaba en términos de calidad educativa (según las pruebas PISA) por debajo del promedio de la OCDE, y en las pruebas del año 2009 los resultados se repiten, cayendo inclusive de posición relativa con otros países de Latinoamérica (como Chile y México).

Sin embargo, las acciones de política para incrementar la calidad educativa no resultan tan claras, en particular, debido a que no existe consenso sobre las intervenciones más efectivas para mejorar la calidad educativa. Vale decir, a pesar de que está claro que la motivación y la capacidad de los maestros son clave a la hora de incidir sobre los resultados educacionales de los alumnos y cuál es la mejor manera de mejorarlos.

Los movimientos de “indignados” en el Primer Mundo han puesto sobre el tapete el problema del desempleo juvenil en esos países, especialmente luego de que arrancara la crisis en 2008. En el caso específico de la Argentina, ¿creen que se le  presta la atención que merece a la situación sociolaboral de los jóvenes, tanto por parte del Estado como de la sociedad en general?

Hubo y hay programas públicos que favorecen varios aspectos de la educación y el vínculo escuela-trabajo, como por ejemplo el Plan Primer Paso (en Córdoba), el programa Entra 21 (que pone de relieve las tecnologías de información y comunicación para mejorar la empleabilidad de los jóvenes de bajos recursos del país) y el Plan Jóvenes Más y Mejor Trabajo. La última gran medida en este sentido es la AUH, que trata de asegurar la escolarización de la mayor cantidad posible de niños y jóvenes, aunque no tiene provisiones sobre la calidad de la educación de los mismos, o incluso sobre el efecto que tenga esta mayor población estudiantil sobre la calidad de la educación de los que ya estaban escolarizados ? en algunos países latinoamericanos, con la implementación de planes que buscan incrementar la escolarización, se previó de manera conjunta un incremento en la infraestructura para abastecer al incremento esperado en la escolarización (como se hizo, por ejemplo, en México con la implementación del programa Oportunidades).

Respecto a la importancia que le da la sociedad a los jóvenes y a la juventud en general, claramente es una cuestión de percepciones sociales, influida por la realidad que nos toca vivir a cada uno y las experiencias sociales que tenemos. Se tiene la idea de que “en los jóvenes está el futuro” y la Argentina sigue siendo un país que confía en que los jóvenes pueden seguir siendo el motor del desarrollo actual y futuro. Sin embargo, se percibe que en temas clave como la política la juventud no tiene mucho lugar, puesto que se le da poca participación en la definición de la agenda. En la parte laboral hay cierto deterioro en la consideración que se tiene por los empleados jóvenes, que proviene de las pocas habilidades e interés demostrados en general por los mismos para adaptarse a un mundo laboral que en varios sectores funciona de manera tradicional: hay que reconocer una línea de autoridad, mantener la responsabilidad, el respeto y una conducta laboral basada en general en valores que a veces no resultan tan fácil de transmitir.

(De la edición impresa)

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés