La innovación del talento

30-05-2016
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por Federico Ast (*) y Leandro Margulis (**)

El 24 de noviembre de 1960, llegó al puerto de Buenos Aires la primera computadora de América Latina. El Gobierno argentino la compró en 152.000 libras esterlinas a la firma británica Ferranti Mercury. Medía 18 metros y se instaló en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, donde la usaban para calcular modelos de simulación. La llamaron Clementina, porque cada vez que procesaba un programa emitía los acordes de la canción popular norteamericana Clementine. El matemático Manuel Sadosky, líder del equipo que trabajó con Clementina, es considerado uno de los padres de la computación latinoamericana.

Argentina fue pionera en América latina en ciencias de la computación y sus universidades siguen formando técnicos de vanguardia. No es casualidad de que sea el primer país de la región con empresas que llegaron a cotizar en el Nasdaq (MercadoLibre y Globant).

Quasar Ventures, un company builder fundado por Santiago Bilinkis, Andy Freire y Pablo Simon, busca ideas de alto potencial y un equipo emprendedor para ejecutarlas. En sus oficinas con una espectacular vista al Estadio Monumental nacieron Avenida (adaptación de Amazon) y Restorando (adaptación de Open Table). “Argentina tiene un pool de talento muy bueno con un costo bastante inferior al de Silicon Valley. Por eso, es una buena plataforma para desarrollar proyectos que apunten a mercados globales o regionales”, comenta Bilinkis.

Sin embargo, el área de San Francisco es una aspiradora de talento global. Por eso, hay tantos ingenieros argentinos trabajando en Silicon Valley, donde el salario no baja de 100 mil dólares anuales, contra los 30 mil que se paga en el mercado argentino. En San Francisco, la batalla por el talento es tan intensa que es frecuente que los buenos ingenieros sean contratados por la competencia en medio de un proyecto. Para un emprendedor es muy difícil competir por los trabajadores contra un monstruo como Google.

El peso de Stanford

La creación de la Universidad de Stanford, en 1885, fue un hito para la construcción del ecosistema tecnológico de Silicon Valley. "Stanford juega un rol muy importante”, explica Marcel Mordezki, catedrático de innovación y gestión tecnológica de la Universidad ORT Uruguay, quien visita regularmente el Valle. En las décadas de 1940 y 1950, el decano Frederick Terman de la facultad de ingeniería alentaba a profesores y graduados a crear sus propias empresas. Terman impulsó el Parque Industrial de Stanford, donde operaron Hewlett-Packard e Intel, entre otras.

“Los ingenieros que llegan a Stanford aspiran a trabajar en Silicon Valley, afirma Mordezki. “Saben que luego trabajarán en Google, Facebook y en todo el ecosistema de startups. Esto convierte a la región en un imán de talento mundial. Llegan las mentes más calificadas y producen las cosas más maravillosas. Imposible de replicar en América Latina".

(*) Economista, filósofo y periodista especializado en empresas tecnológicas. @federicoast

(**) Ingeniero en sistemas y desarrollador de negocios en Silicon Valley y mercados emergentes. @leanmarg

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