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La economía de Perú

Ante la oportunidad del fin de ciclo

24-09-2014
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(Columna de Claudio A. Caprarulo, economista de Analytica Consultora, Licenciado en Economía -UBA- y maestrando en Desarrollo Económico -UNSAM-)

En la última década, el boom en el precio de las commodities y la elevada liquidez en los mercados financieros globales le permitió a los países de la región crecer en un contexto de superávit tanto en la cuenta corriente como en la cuenta capital y financiera. Ambos efectos resultaron en un aumento en las reservas internacionales y una mayor capacidad de respuesta frente a escenarios adversos como la crisis de 2008/09. Sin embargo, desde 2012 los precios de las materias primas vienen en baja, comenzando a exponer las falencias de los diferentes modelos de crecimiento adoptados en la región. Perú, sindicado por muchos analistas como un caso exitoso a imitar por el resto de los países, no es la excepción.

Los números

Desde el año 2000 hasta hoy Perú tuvo la segunda mayor tasa de crecimiento de América Latina y el Caribe, por detrás de Panamá. Creció a un promedio anual de 6,4% y logró en 2006 que su PIB per cápita supere su máximo valor, alcazado treinta años atrás. A su vez, la inflación promedió 2,8%, uno de los guarismos más bajos de la región. Los indicadores sociales también mejoraron: la población en situación de pobreza pasó de 54,7% en 2001 a 23,9% en 2013 y la tasa de desempleo nacional se ubica en mínimos históricos. Estos resultados llevaron a que diferentes medios de comunicación y analistas hablen del “milagro peruano”.

A diferencia de la mayoría de los países sudamericanos no existió en Perú una ruptura con el modelo de desarrollo implementado en los '90. Por el contrario, profundizó su apertura comercial y aumentó el límite a la intervención del Estado en la economía. En 1999 se sancionó la ley de responsabilidad fiscal, que se volvió a modificar en 2005 y estableció como meta un déficit del sector público no financiero no mayor al 1% del PIB. En 2013 se reglamentó que ese límite se aplique sobre el resultado estructural del Sector Público Privado No Financiero (SPNF) o sea sin considerar los ingresos provenientes de variaciones en el precio de las materias primas. Desde 2003 el resultado primario nunca fue negativo.

En ese marco el Gobierno incentivó la inversión pública por medio del canon minero e hidrocarburífero, que representa el 50% del impuesto a la renta tanto petrolera como minera. De esa manera la inversión pública se volvió procíclica y dependiente tanto de la evolución de la producción local llevada a cabo por empresas extranjeras como de la demanda internacional de esos productos.

La política monetaria también se volvió más rígida. A partir de 2002 el Banco Central de Perú (BCRP) se guía por un esquema de metas de inflación. Hasta 2006 la inflación objetivo era de 2,5%, con un desvío de 1 punto porcentual y desde 2007 se redujo a 2%. Si se espera una inflación mayor el BCRP sube la tasa de interés de referencia y, por el contrario, si se proyecta un guarismo inferior, la reduce.

Las commodities

Entonces, si la política económica no tuvo grandes cambios, ¿cómo se explica la sustancial mejora en sus indicadores macroeconómicos? Al igual que en el resto de la región no se puede analizar el desenvolvimiento de su economía sin considerar la evolución en el precio de las commodities. Desde el inicio de los 2000 los precios de las materias primas han tenido un fuerte aumento, sobre todo en los minerales y combustibles gracias a la mayor demanda proveniente desde China. Como consecuencia, los términos de intercambio en Perú revirtieron la tendencia bajista que mostraron desde mediados de los '70. En 2013 fueron 83% superiores respecto al 2000.

Como era esperable las exportaciones se dispararon, pasaron de US$ 6.955 M en 2000 a US$ 42.177 M en 2013 (+506%). En particular, las ventas al exterior de productos mineros crecieron 622% y aumentó su participación en el total de las exportaciones de 46% en los '90 a 59,5% entre 2006 y 2013. Si a ello se suma el importante incremento en las exportaciones de petróleo (pasaron de US$ 381 M en 2000 a US$ 5.205 M en 2013), se entiende la reprimarización en las ventas del Perú al exterior. Las commodities representaron el 76% de las mismas en los últimos ocho años, 6 puntos más que en la década anterior. En consecuencia, las exportaciones comprendieron entre 2006 y 2013 casi un cuarto del PIB, 10 puntos más que en los '70 cuando los términos de intercambio tuvieron su valor más alto.

El boom de las exportaciones incentivó mayores inversiones de empresas transnacionales. La inversión extranjera directa (IED) se triplicó en la última década llegando a 6% del PIB en 2012. Un cuarto del stock de la IED se concentra en el sector minero y su participación aumentó 10 puntos desde 2005.

En consecuencia, el BCP pudo incrementar las reservas internacionales en US$ 56.000 M desde 2001 hasta 2013 y dinamizar el crédito privado. La economía peruana se encuentra parcialmente dolarizada y el 45% de los préstamos son en moneda extranjera. La política de acumulación de reservas le permitió, ante la salida de capitales en la crisis de 2008/09, mantener el tipo de cambio constante, atenuando los efectos sobre el nivel de actividad pues un brusco cambio en la cotización del dólar puede generar problemas de insolvencia en las empresas y las familias.

Las sombras

La contrapartida del crecimiento liderado por las exportaciones primarias ha sido la profundización de la heterogeneidad en la economía. Los sectores relacionados con el sector externo son los de mayor productividad y generan sólo el 10% del empleo mientras los sectores de menor productividad concentran más del 70%. Además de la baja generación de empleo, la especialización en productos primarios implica bajas posibilidades de derrames positivos hacia otros sectores, así como escasos eslabonamientos hacia adelante y hacia atrás en la estructura productiva.

Asimismo, la participación de los salarios en el producto ha ido en caída, mientras en el 2000 representaban el 35,2%, en 2013 lo hicieron por 29,9%. Existió una redistribución desde los ingresos del trabajo hacia el capital. A su vez, la concentración productiva y las diferencias de productividad generan una distribución personal del ingreso muy desigual.

El impacto en la economía se traduce en un mercado interno menos dinámico: el consumo privado es la fuente de demanda que menos creció. La ausencia de mercados internos se evidencia de manera más marcada fuera de Lima y el eje exportador de la costa, ya que excluyendo a la actividad primario-exportadora, limita severamente las posibilidades de desarrollo de industria y agricultura industrial, a su vez poniéndole un techo a las posibilidades de crecimiento descentralizado, lo que impacta necesariamente sobre la desigualdad. En 2011, 5% de la población captaba el 22,5% de los ingresos.

En la última década la inversión fue el componente más dinámico de la demanda. La apreciación del tipo de cambio real (23,4%) y la disminución en los precios internacionales de los bienes de capital incentivaron la inversión vía mayores importaciones de maquinaria y equipo, pasaron de US$ 2.114 M en 2000 a US$ 13.654 M en 2013.

El problema es que los mayores niveles de inversión se concentraron en los sectores exportadores de materias primas que son, como decíamos, los de mayor productividad pero los que menos empleo generan, ampliando la heterogeneidad en la economía. Mientras en 2007 la inversión en minería, hidrocarburos y electricidad representaba 41% del total en 2011 llegó al 64% y en 2014, según los anuncios de inversión, se ubicaría en 74%.

Ante un límite

Del análisis expuesto se comprende porque la caída en el precio de los minerales a partir de 2012 parece poner un límite al modelo de crecimiento peruano. En 2013 por primera vez desde 2001 la balanza comercial fue negativa y en los primeros seis meses de este año el déficit se cuadriplicó llegando a US$ 2.000 M. Las exportaciones acumulan seis trimestres consecutivos de caída y si bien desde fines del año pasado las importaciones comenzaron a ceder, producto de la reducción en la compra de insumos y bienes de capital, no logran compensar las menores ventas al exterior.

El déficit de la balanza comercial va a profundizar el déficit de cuenta corriente que tiene Perú desde 2008, cuando la remisión de utilidades al exterior y el déficit de la cuenta de servicios dejó de ser compensando por el saldo comercial y las transferencias corrientes.

La salvedad durante esos años fue un fuerte ingreso de capitales que permitió que el BCP siga acumulando reservas. Pero dado que gran parte de los mismos van a hacia los sectores exportadores, es esperable que ante la menor rentabilidad del sector y la recuperación de la economía estadounidense su ingreso vaya decreciendo. Ya durante el primer semestre de este año el saldo de la cuenta financiera cayó 62%, no pudiendo compensar el déficit de cuenta corriente y produciendo una caída de US$ 1.000 M en las Reservas Internacionales.

Los desafíos

Así las cosas, ya se observan los límites de un modelo de crecimiento basado únicamente en el desarrollo de industrias extractivas. La situación no es crítica, no se espera un shock en el precio de las materias primas sino un período de lenta desaceleración con un stock importante de RI. El desafío entonces es aprovechar lo conseguido hasta ahora para avanzar hacia una transformación productiva que le permita a Perú reducir su vulnerabilidad a los cambios de ciclo en las economías avanzadas, potenciar el mercado interno y disminuir la desigualdad tanto de ingresos como de productividad.

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