La diplomacia parlamentaria proactiva en la inserción internacional de los estados

18-06-2019
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Por Gonzalo Salimena Doctor en Relaciones Internacionales (USAL) y Profesor de Política Internacional y Diplomacia Parlamentaria de la Universidad del Salvador (USAL)

En la actualidad, el concepto de diplomacia parlamentaria parece haberse incorporado definitivamente al ámbito de las relaciones internacionales y a la política doméstica. Reflejo de ello, es el creciente protagonismo del Parlamento en la política exterior y en las numerosas actividades académicas que se desarrollan en centros de altos estudios relacionadas a esta temática. Sin embargo pese a su creciente auge, son pocos los que hablan del valor que podría significar una diplomacia parlamentaria más proactiva en la inserción internacional de los Estados.

En un sistema político presidencialista, la política exterior ha sido tradicionalmente un ámbito en el cual el Poder Ejecutivo ha pretendido monopolizar su conducción y manejo, evitando la injerencia o el control de los parlamentos. Sin embargo, luego del proceso de democratización generalizado en América Latina en la década del '80 y la posterior consolidación del mismo, el Parlamento retomó nuevamente el protagonismo en materia de política exterior y en muchos casos reclamó mayor participación, plasmándose la misma en las respectivas constituciones.

Esto no significa que el Poder Ejecutivo haya perdido el centro de gravedad de la política exterior, aunque si cabe aclarar que deja de ser un actor exclusivo. Con esto queremos poner en evidencia, que la volatilidad y la incertidumbre de la coyuntura actual del sistema internacional, nos obliga a repensar escenarios y sumergirnos en nuevas estrategias de inserción internacional que contengan no solo al Poder Ejecutivo, sino a otros actores que están reclamando mayores grados de gravitación política, refiriéndonos en concreto al Poder Legislativo y a la diplomacia parlamentaria. En este sentido, a lo largo de la historia argentina la inserción internacional pasó por diferentes momentos. El primero de ellos fue el llamado paradigma de relación especial con Gran Bretaña, que tuvo vigencia entre 1860 hasta 1930 y se caracterizó por un vínculo privilegiado con el Reino Unido que permitió implementar un modelo de desarrollo económico agroexportador que otorgó poca relevancia a los vínculos regionales y en contraposición privilegió la relación con Europa.

Luego de la crisis del treinta que puso en jaque este modelo de inserción internacional, apareció un nuevo paradigma denominado globalista que se destacó en el período 1945-1989. Entre sus postulados encontramos, el no alineamiento con Estados Unidos, un modelo de desarrollo económico sustentado sobre la base de la sustitución de importaciones y un mayor impulso a la integración latinoamericana asentada sobre una perspectiva gradualista y el reconocimiento de una gran diversidad de situaciones económicas nacionales, entre otros ejes. Claramente durante la vigencia de estos paradigmas, la diplomacia parlamentaria no ocupó un papel destacado sino más bien secundario, más allá de los ricos debates que produjeron en su seno relacionados a diferentes temáticas de política exterior.

La caída de la Unión Soviética y el triunfo del liberalismo económico contribuyeron a repensar nuevamente la cuestión de la inserción internacional. Entre las nuevas premisas se destacaron, el plegamiento a los intereses de Estados Unidos, aceptación de las nuevas reglas del orden económico y financiero internacional y la participación en el fortalecimiento de regímenes internacionales. Otro aspecto que complementó la nueva inserción internacional fue la reforma constitucional de 1994, la cual aportó nuevas herramientas al Parlamento otorgándole la potestad de controlar en materia de política exterior mediante el artículo 75 incisos 22 y 24, la firma de tratados internacionales (entre ellos los concordatos). Casi en forma simultánea se dio a conocer una nueva técnica o forma de diplomacia parlamentaria: los Grupos Parlamentarios de Amistad (GPA). Si bien no era nueva esta forma de interacción de la diplomacia parlamentaria, para Argentina significaba un salto cualitativo de trascendencia hacia 1995. A partir de ese momento comenzó un interés creciente que se manifestó en un crecimiento paulatino pero constante de la diplomacia parlamentaria en el mundo y en América Latina, de la cual Argentina no estuvo al margen.

Hoy en día las actividades desarrolladas por la diplomacia parlamentaria incluyen un sinfín de participaciones en foros parlamentarios formales, actividades parlamentarias y la constitución de un gran número de Grupos Parlamentarios de Amistad (GPA). La pregunta que deberíamos realizarnos llegados a este punto es la siguiente. ¿Qué puede aportar una diplomacia parlamentaria proactiva a la inserción internacional de Argentina en un contexto internacional sujeto a constantes volatilidades e incertidumbres?

La diplomacia parlamentaria se caracteriza por la pluralidad en la representación política a diferencia de la diplomacia que ejerce el Poder Ejecutivo, lo cual podría ser una herramienta útil para lograr consensos que permitan mostrar verdaderas políticas de Estado como podría ser en el caso de Malvinas. En este mismo sentido, el abordaje de temas trascendentales para el interés nacional que la diplomacia parlamentaria pudiera realizar en forma estratégica previamente al Poder Ejecutivo, podría aportar una mayor complementación de la tareas entre ambos poderes que se manifestaría en la firma de numerosos acuerdos comerciales y en la construcción de una imagen más positiva del país en el exterior.

En síntesis, una diplomacia parlamentaria proactiva puede resultar una estrategia útil que permita contribuir a una mejor inserción internacional de Argentina y a la consecución de objetivos primordiales de política exterior en un mundo cada vez más caracterizado por volatilidad y la incertidumbre.

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