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La Argentina, de moda en el mundo

¿Por el largo plazo y la recesión?

21-04-2014
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En las últimas semanas son cada vez más los bancos de inversión que recomiendan activos argentinos. El riesgo país viene experimentando una marcada reducción como resultado del aumento de las paridades de los bonos cortos en dólares. La temporal pero muy apreciada paz cambiaria a partir de la devaluación, la moderación monetaria, la suba de tasas y la comunicación A 5536 del BCRA avivaron el optimismo. Los primeros pasos para enfrentar el desafío fiscal a través de una reducción de subsidios colaboraron con la suba.

Estos cambios en la política económica local encontraron un importante espaldarazo en la reducción del riesgo país a nivel regional a partir de febrero. Después de esta halagadora introducción a las últimas medidas del Gobierno, creo que lo que nos está poniendo de moda son principalmente dos cuestiones. La primera es el optimismo para el largo plazo. Como detallamos en una nota reciente en El Economista, nuestro país no tiene ningún problema estructural de dólares, pero sí tenemos un problema de liquidez muy asociado a la incertidumbre actual. La segunda cuestión que creo nos pone de moda entre los inversores internacionales es la recesión.

¿La contracción estimula el optimismo?

El marcado deterioro de la cuenta corriente es la muestra más clara de que la política de crecimiento de los salarios en dólares es insostenible cuando no está asociada a un aumento de la productividad. Entre 2010 y 2011 subieron casi 50%. Evitar la corrección en ese momento e intentar estirar la dinámica con el cepo cambiario evidentemente no trajo buenos resultados. El incremento de salarios en términos de moneda extranjera siempre es redituable en términos políticos. Nos permite viajar al exterior, cambiar el auto, comprar electrodomésticos, celulares, etcétera.

El único detalle es que dada la total dependencia de insumos importados, y consecuentemente para viajar, necesitamos divisas.

Sólo para tener una dimensión, el estupendo crecimiento de la industria automotriz consumió más de US$ 26.000 millones en los últimos cuatro años. El turismo, que durante 2003-2011 traía (oferente neto) más de US$ 1.100 millones al año, como consecuencia del atraso cambiario y del cepo en 2013 se llevó nada menos que U$$ 6.600 millones. Por otro lado, como los salarios en promedio crecieron más que el dólar hasta el 2012, en un contexto de tasas en pesos que perdían contra la inflación, se fomentó el ahorro en moneda extranjera. Si a esto le agregamos la desacertada política energética ?importaciones netas por más de US$ 6.000 el último año? y el pago de deuda con reservas, no hay divisas que alcancen. Ni siquiera con el espectacular aumento de las exportaciones, que casi se triplicaron en estos últimos diez años. El cortoplacismo nuevamente se impuso sobre la agenda del crecimiento estable y desarrollo.

Todo esto llevó a una pérdida de reservas de más de US$ 25.000 millones desde 2011. La abrupta caída de enero pasado (US$ 2.850 millones) fue sin duda un punto de inflexión que obligó a reaccionar al Gobierno.

Las últimas medidas del Gobierno serán contractivas en el corto. La devaluación, si bien era necesaria y hasta puede traer aire en el mediano plazo, en el corto plazo actúa de forma contractiva sobre la demanda. La fuerte suba del tipo de cambio oficial desde noviembre pasado presionó fuertemente sobre los precios, y como todavía los salarios no ajustaron, se contrae el consumo. Además, los cambios abruptos en el valor del dólar postergan las decisiones de consumo e inversión. Por otra parte, la también necesaria suba de tasas ya está afectando el crédito al consumo y a las empresas. Los ajustes de tarifas, dependiendo del ritmo al que se apliquen, ejercerán presión contractiva sobre la demanda agregada. Y si a todo esto le sumamos que la inversión hace rato que no crece como proporción del PIB, difícilmente el país crezca en los próximos trimestres.

La contracara del menor crecimiento, o de la recesión, es la menor necesidad de divisas. La menor demanda y la buena oferta en los próximos meses gracias a la excelente cosecha y los altos precios, reducen la probabilidad de una crisis cambiaria o default. En resumen, creo que partiendo de los buenos fundamentos en el largo plazo, los inversores paradójicamente toman con optimismo la ralentización de la economía.

Como siempre, el mercado se anticipa y empiezan las recomendaciones con la expectativa de un futuro distinto. Me parece que estamos en la primera etapa de este proceso y la dinámica de los próximos meses será fundamental para confirmarlo. Acceder al mercado de deuda podría favorecer para despejar mucho el panorama y al mismo tiempo suavizar el proceso de ajuste.

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