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Ingresos familiares

Inflación, subsidios y expectativas.

24-02-2012
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(Columna d eopinión de Victoria Giarrizzo, economista del CERX)

La crisis financiera, la falta de lluvias, la inflación, las subas en las tarifas y algunos otros sucesos

latentes en el país y en el mundo, anticipan un año menos holgado para la economía familiar. El

ingreso disponible sentirá el impacto del mayor costo de los servicios públicos, y un año más, la inflación mantendrá atentos a los consumidores a la hora de aplicar sus ingresos a gastos. Pero a diferencia de otras épocas de la Argentina, cuando ante cualquier escenario de incertidumbre

y ruido las familias ajustaban automáticamente sus gastos, hoy la función de consumo personal sigue una trayectoria diferente: los ruidos y la incertidumbre no impactan ni tan rápido ni tan fuerte sobre las expectativas.

Con niveles de aceptación elevados en la política que lleva adelante el Gobierno, las decisiones de gasto de los individuos no parecen dejarse llevar tan fácilmente por los datos de las economías internacional, por los rumores pesimistas que se instalan en los pasillos locales o por los temores individuales de vecinos, amigos o conocidos, que en otras etapas político-económicas y financieras de la argentina derivaban en escenas grupales de preocupación y pánico.

El comportamiento en la economía actual es diferente: frente a señales de alerta o precaución, los consumidores esperan observar qué tan cerca de su economía están esos impactos. Y sólo si ven roces concretos, responden con la variable que tienen más a mano: su consumo.

Lógica

En esa lógica, 2012 no parece ser un año de gran ajuste en el gasto familiar. Sino más bien un año de administración minuciosa de ese gasto. Hay subas concretas que impactan en forma directa sobre el ingreso disponible de los hogares, como son la quita de subsidios a las tarifas de servicios públicos. Y por algún lado las familias van a desquitar ese aumento. Un poco lo harán con menor ahorro, otro poco con un uso más racional de la energía (que no viene mal) y otro tanto se le restará a las partidas más prescindibles de los consumos restantes. Sobre todo lo harán los sectores de ingresos bajos y medios, donde la quita de subsidios tiene mayor incidencia.

Lo mismo sucede con la inflación. El público está atento a cómo va impactando en su poder de compra. Pero los asalariados, que alcanzan al 76,8% de la población ocupada, se ilusionan con que su salario siga la evolución de los precios, o la supere. Y esa ilusión alimenta el consumo, aun en aquellos sectores donde los aumentos se mantienen por debajo del ritmo de aumento de los precios.

El mayor problema se presenta en el 23,2% restante, que en su mayoría son cuentrapropistas o responsables de actividades independientes, cuyos ingresos no siempre se mueven tan fácilmente hacia arriba frente a las subas de costos y precios minoristas. Pero mientras el otro 77% se mantenga dinámico, no es de esperar que el grupo no asalariado se vea mayormente comprometido porque su actividad seguirá moviéndose.

Administración

En ese esquema, no se espera un ajuste profundo del consumo este año. La variable decisiva, es el empleo porque de allí surge el ingreso. Y la tasa de desocupación, hoy en un piso inédito de apenas 7,2%, no amenaza por el momento de querer dispararse. Mientras no haya grandes problemas en los sectores productores, no es de esperar un incremento en los despidos. Temporariamente ayudan los controles a las importaciones, que incrementan la demanda de productos locales y mantienen firme a algunas empresas más expuestas a las secuelas de la crisis internacional.

Conclusión: este año las cosas están viniendo menos holgadas. Aunque enero y febrero fueron relativamente buenos, hay más dietas en la economía porque muchos costos se incrementaron y ese incremento afecta. Pero a pesar de la menor holgura, la economía sigue bien alimentada. La impulsan un sector agropecuario próspero, un sector de la construcción que sigue muy dinámico y algunos sectores industriales que se mueven animosamente.

Si se toma por ciertas las tasas de crecimiento que informa el INDEC para 2011, se puede anticipar que en 2012 el consumo crecería entre 4% y 4,5%. Quizás un poco más, quizás un poco menos. Hay sectores que ya sienten un consumo más debilitado. Y ese debilitamiento es real. Es producto de algunos problemas de ingresos visibles. Pero lo que no se está afectando por ahora, es el ánimo: un rápido relevamiento por los centros de compras de grandes y pequeñas ciudades, muestran que la gente aún no está dispuesta a ajustar su consumo. Por ahora, con nafta, gasoil o GNC, le sigue dando cuerda hacia adelante. Al menos por ahora.

(De la edición impresa)

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