“Hay que salir rápido del cepo”

Entrevista a Martín Tetaz

13-03-2015
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El economista Martín Tetaz, autor de “Psychonomics”, docente universitario e integrante de los equipos técnicos del radicalismo, habló con El Economista sobre las maneras de encarar la herencia que recibirá el próximo Gobierno.

Pasaron más de dos meses de 2015. ¿Cómo está viendo a la economía?

El diagnóstico que hacíamos varios economistas a fines de 2014 parece estar cumpliéndose. El Gobierno está intentando devaluar lo mínimo posible porque la gente forma sus expectativas respecto a cómo le va a la economía en función del precio del dólar. En febrero de 2014 se produjo la caí- da más grande desde 2011 del Indice de Confianza del Consumidor de la UTDT. Cayó 23% por culpa de la devaluación. La gente está obsesionada con el dólar y, cuando percibe que está tranquilo, consume un poco más. Si hay mucha volatilidad, ocurre lo contrario. El Gobierno parece que hizo esa lectura y por eso decidió congelar el dólar. Eso ha mejorado un poco la dinámica del consumo. Las ventas minoristas cayeron 8% promedio, según la CAME, en los primeros once meses de 2014. Pero a partir de diciembre volvió a crecer a un ritmo de 2%. Creo que el año va a continuar con esta tendencia. Será un año tranquilo, amesetado y con el PIB creciendo 1%, quizás, a la par del consumo. El gran debate es qué hará el Gobierno después de octubre porque el tipo de cambio es insostenible. ¿Hará el trabajo sucio antes de irse o prefiere hacerlo con el bronce y el dólar a $8,70, y decir que los que devalúan son los otros?

Miguel Bein suele decir que ningún Gobierno que se va le regala competitividad a uno que llega.

Pero recordemos que eso fue lo que hizo Eduardo Duhalde con Néstor Kirchner: le sirvió en bandeja un dólar a $4.

Habla de un año amesetado y sin grandes cambios. Eso ayuda a ir delineando los contornos de la economía que recibirá el próximo Presidente, que no sería muy distinta a la actual. ¿Cómo describiría esa herencia?

Manejable, pero con costos políticos que el Gobierno va a tener que pagar de movida si no quiere que la situación se vuelva más compleja. Hay un tema delicado que aún no sabemos cómo se va a resolver y es el del Boden 15. Son US$ 6.000 millones. Si le creemos a la Presidenta cuando dijo, ante la Asamblea Legislativa, que este Gobierno no contraerá deuda para pagar deuda, está diciendo que lo van a pagar con reservas. Hasta entonces, todos creíamos que lo iba a refinanciar, como habían intentado en diciembre.

Está sugiriendo, entonces, que el Gobierno dejará muy pocas reservas si las usa para pagar el Boden 15.

Exactamente. Ahora viene el trimestre de oro, en las que las reservas se van a recomponer un poco, pero después ese ingreso desaparece y si pagan el Boden 15 con fondos del BCRA, dejarán US$ 25.000 millones de reservas y un dólar cobertura de $18. Es un escenario de mucha presión para que el próximo Gobierno pueda salir del cepo.

Hablemos de eso. ¿Cómo sería esa salida?

Es como el huevo y la gallina. Uno piensa que si logramos salir del cepo, entrarán capitales y ese ingreso, además, permitirá no devaluar mucho y mantener el dólar tranquilo. Pero el problema es cuál de los dos se produce primero. Porque para salir del cepo hay que aceptar, primero, cierta corrección en el precio del dólar. Si alguien tiene US$ 1 millón afuera y está analizando venir acá y sabe que por esos dólares le van a dar $8,7 millones pero que dentro de dos meses le darían $ 10 o $11 millones, va a esperar hasta que no haya ninguna expectativa de devaluación. El primer desafío del próximo Gobierno, entonces, es cómo crea las expectativas de que no habrá devaluación. La manera más obvia es devaluando y la peor es no devaluando nada e intentar hacerle creer a la gente que eso es sostenible.

Como ocurrió en el '99.

Claro. Si no se devalúa, los capitales dejarán de entrar porque será más obvio que habrá que devaluar más temprano que tarde. Todos esperarán para entrar. Por eso, todo indica que hay devaluar antes para que se produzca el ingreso de capitales. Es importante administrar las expectativas. Le diría a la gente que se fije có- mo salimos de la convertibilidad. Hubo una devaluación fuerte, pero luego el dólar volvió a bajar. El famoso overshooting. Siempre que se sale de un esquema de atraso cambiario pasa eso, y seguramente volverá a ocurrir. Si fuéramos exitosos en explicarle a la gente que eso va a pasar, quizás el overshooting no sea muy grande. Quizás el dólar primero se ubique arriba de la paridad de equilibrio, que nadie sabe de cuánto es porque nadie sabe cuántos capitales ingresarán, pero digamos que es de $11. Probablemente haya que aguantar el dólar en $13 o $14 hasta que vuelva al nivel inicial fruto del ingreso de capitales. El gran dilema es cómo salir del cepo y generar ingreso de capital al mismo tiempo.

O sea que la salida del cepo la ve como un proceso rápido.

Debe ser instantáneo. En menos de un mes. Si no se sale en menos de un mes, no vas a tener ingreso de capitales, las expectativas de devaluación van a ser más grandes, la corrida va a ser más grande a medida que la gente vea que prolongás una paridad insostenible.

Devaluar parece una opción difícil para un Gobierno que seguramente asuma sin mucho capital político.

El capital político, como cualquier forma de capital, es un recurso. Podés gastarlo o inverirlo. En 2011-2013, Cristina lo gastó. O podés invertirlo, generando las condiciones para que la economía vuelva a crecer. Esto implica corregir el tipo de cambio, las tarifas, presentar un plan antiinflacionario que le ate un poco las manos al BCRA y corte con la emisión monetaria para financiar el déficit. Vas a pagar un costo político, pero vas a sentar las bases para que la economía vuelva a crecer.

¿En materia de inflación también aboga por un enfoque de shock?

Los economistas, en líneas generales, piensan que es mejor desinflar gradualmente. Sí, totalmente de shock. Hay que tener coraje y atacar las expectativas. Hay que hacer una diferencia entre el salto de precios y la velocidad. Veo la inflación como un problema de velocidad al cual va el coche. Ejemplo: tenés un auto que va 200 km/h y estás en Chascomús. Una cosa es que se produzca un salto y aparezca en Dolores. Yo pretendo que aparezca en Dolores, o más allá, pero viajando a 80 km/h. Si sacas los subsidios y corregís tarifas, se va a producir un salto. Pero, técnicamente, no es inflación sino un salto de única vez. Es un tema de expectativas. Si la gente cree que los precios no van a subir más, vas a poder cerrar las paritarias. Si la gente piensa que van a continuar los aumentos, se genera inflación inercial y no la parás más. Tenés que romper esas expectativas, y aquí también tiene un rol el dólar. Si no producís la corrección del dólar rápido, buena parte del fenómeno inflacionario es porque la gente descuenta la devaluación. Si los agentes piensan que el dólar se va a ir a $12 o $ 14, voy a formar los precios en función del dólar que creo que habrá cuando deba reponer la mercadería. Sólo cuando piense que la trayectoria del dólar es a la baja, voy a formar precios en el mismo sentido.

Además de atacar las expectativas, qué otras cuestiones hay que atender para bajar la inflación.

Hay algunos que son políticamente inconvenientes. Hay precios que hoy se ajustan de manera inercial, que es el problema central ahora. Hay una indexación implícita, como sostuvo recientemente Roberto Frenkel. Los sindicatos piden en función de la inflación pasada y no de la futura. Eso se está viendo este año. El nuevo Gobierno se podría comprometer a que se cierren paritarias en tal nivel y si no se cumplen las expectativas de devaluación, se disparan cláusulas gatillo que hagan un ajuste automá- tico. Ese mecanismo frenaría la inflación inercial, aunque algunos sectores deberán dar por perdido la inflación de los últimos meses. Otro mecanismo es la apertura comercial, que te pone un techo al cual pueden subir los precios. No podrían subir más que al nivel en que lo hacen esos precios en Uruguay, Brasil o Chile. Esa fue una de las herramientas centrales de la Convertibilidad, que fue un programa bastante heterodoxo.

Pero la producción local se verá afectada.

Y sí, algunos costos hay que pagar y algunos sectores deberán enfrentarlo. No puede ser que un saco cueste US$ 250, por ejemplo. Hay sectores con problemas de competitividad serios y eso se puede corregir con apertura comercial.

Hay bastante consenso entre los economistas de la oposición sobre la hoja de ruta a seguir a partir de diciembre. El punto divisorio es la velocidad con la cual encarar esa agenda.

Así es. Están los gradualistas y los que prefieren el shock. Yo estoy a favor del shock por que sé cómo se forman las expectativas. Quizás un Gobierno peronista, con buen apoyo de los sindicatos, tenga más margen para aplicar políticas gradualistas. Pero si el Gobierno es del PRO, en alianza con los radicales, no creo que haya mucha paciencia por parte de la sociedad para el gradualismo.

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