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Grecia: un problema de enfoque

Los dos problemas griegos.

13-10-2011
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(Artículo del economista Iván Baumann Fonay)

La historia interminable de la  crisis griega suma otro capítulo. La semana pasada su Gobierno presentó un proyecto de Presupuesto para 2012 en el que estima que su déficit fiscal alcanzará el 8,5% del PIB este año, superando en casi un punto porcentual la meta que tenía fijada. Es más: el rojo podría ser cercano al 9% si los ingresos no mejoran significativamente en lo que resta del año. El ministro de Finanzas griego, Evangelos Venizelos, anunció que su país tiene fondos para pagar salarios, pensiones y las obligaciones financieras hasta mitad de noviembre. Para reducir su déficit, el Gobierno griego planifica reducir los salarios y las pensiones a la vez, que eliminaría 30.000 empleos públicos. Debe destacarse que el ajuste que ya había realizado Grecia en 2010, al reducir su déficit fiscal el 15,4% al 10,5% del PIB, resultó ser el más grande en la historia de la Unión Europea. Sin embargo, todos estos  esfuerzos podrían ser en vano. Hoy el mercado ya no se pregunta si Grecia va a entrar en cesación de pagos o no, sino cuándo lo hará. También preocupa si los países que siguen en la lista (Portugal e Irlanda, pero más aún Italia y España) se contagiarán y, si lo hacen, en qué medida. Este contagio vendría por dos canales: primero, la exposición directa e indirecta a los títulos griegos de los bancos locales y segundo, el hecho de que Grecia caiga en default haría ver más probable la cesación de pagos del resto de la periferia. Existe un problema de enfoque en la crisis griega.

Son dos los problemas que enfrenta el país, que si bien están relacionados son bastante  distintos. Primero está su déficit fiscal y la carga de la deuda pública, que es el que mayor atención se está llevando. Pero Grecia tiene un drama aún peor, que es el de su economía estancada. Lleva ya tres años de caídas en la actividad económica casi ininterrumpidas, y se espera que recién retome el crecimiento en 2013: la economía griega se contraería 5,5% este año, y se espera que caiga entre 2% y 3% en 2012. El desempleo está en aumento, la inflación es más alta que la del promedio europeo (y, en particular, que la alemana) y sufre de un déficit crónico de cuenta corriente.

¿Problema resuelto?

Aun si Grecia dejase de cumplir los pagos de su deuda pública y al hacerlo no comprometiera a otros países de la eurozona, esto no solucionaría su problema de competitividad ni lograría que el país retomara la senda del crecimiento. Las medidas de reformas estructurales y de consolidación fiscal impuestas en los últimos meses, si bien algunas son realmente necesarias en el mediano plazo, no hacen más que profundizar la crisis de la actividad y postergar la recuperación. El resultado no debería extrañar: el ajuste fiscal bajo un régimen de tipo de cambio fijo deprime la actividad económica. Eliminar empleo público y reducir salarios e ingresos tiene como consecuencia inevitable la contracción de la demanda interna, profundizando la situación en la que se encuentra el país. Esto no quiere decir que la reestructuración de la deuda no sea necesaria, sino que el país no va a volver a crecer sólo por el hecho de entrar en cesación de pagos. Se dice que la salida del euro estimularía la recuperación, al volver la economía más competitiva. Sin embargo, el abandono del área monetaria implica casi necesariamente la cesación de pagos, dado que una devaluación haría que el peso de la deuda aumentara instantáneamente, haciendo aún más difícil afrontar su cumplimiento en tiempo y forma. También golpearíaal ya debilitado sistema financiero, provocando fuga de depósitos, salida de capitales y efectos de “hoja de balance” enormes. En este momento toda la energía está dirigida a resolver el problema de insolvencia de Grecia, pero poco se está haciendo para que el país vuelva a crecer.

Desde Europa, los intentos de ayuda consisten, fundamentalmente, en aportar financimiento vía el Fondo Europeo de Estabilización Financiera (EFSF), a cambio de que el país implemente medidas de austeridad. El Banco Central Europeo, cuyo mandato único es la estabilidad de precios, no está dispuesto a arriesgar su historial de inflación controlada, del 2,01% anual desde la creación de la moneda única. De hecho, las intervenciones del BCE en el mercado secundario de bonos fueron justificadas como instrumentos para una mejor transmisión de la política monetaria. En ese sentido, y con la economía europea debilitándose, el BCE aumentó su tasa de referencia en dos oportunidades, llevándola del 1% al 1,5%, ante temores de que la inflación de la eurozona, hoy en 3%, se acelerara. La situación fiscal de Grecia es muy complicada y su deuda pública, que seguramente necesite una reestructuración, es inmanejable. Pero la energía debe estar puesta en lograr la recuperación en la actividad económica, puesto que si el país no vuelve a crecer es muy dudoso que pueda recuperar su solvencia.

(De la edición impresa)

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