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El reinado del dólar tiene para largo

La moneda no tiene competidores.

16-10-2012
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(Columna de Marcos Leonetti, economista y director de laeconomiaonline.com)

¿Qué imagen se haría usted acerca de una moneda cuyo país tendrá por muchos años un crecimiento bajo y que lo alternará con acercamientos a crecimiento cero? ¿Y si le agregamos que la deuda externa de ese mismo país es de US$ 16 billones, habiendo superado el 100% como porcentaje del PIB? ¿Y que el déficit fiscal para 2012 está calculado en US$ 1,1 billón, lo que representa el 7,3% del PIB? ¿Y si incorporamos a dicha imagen que el déficit comercial en 2011 fue de US$ 560.000 millones y que en los primeros siete meses del 2012 el déficit ya suma US$ 330.000 millones?

Podríamos continuar acumulando indicadores que nos permitan tener una instantánea cabal de dicha moneda, pero sería redundar en detalles del mismo tenor. Estamos hablando del dólar, que desde 1971 perdió su respaldo en oro y continuó su carrera sobre la base de la confianza del mundo sobre una moneda que desplegó todo su esplendor teniendo como fundamento la deuda. Es tanto la confianza en el dólar que cuando estallan las crisis globales que generan los propios Estados Unidos, los inversores de todo el mundo huyen de cualquier moneda para refugiarse en esa divisa, comprando bonos del Tesoro, redoblando la apuesta y aumentando los pasivos de la misma.

Pero todo no es tan gris como parece. El dólar es la principal reserva de valor. El porcentaje de reservas en dólares que tienen los bancos centrales del mundo, contabilizado al segundo trimestre de 2012, de acuerdo a los últimos datos del Fondo Monetario (FMI) es de US$ 5,8 billones, representando el 61,9% del total de las reservas. Lo que sí hay que aclarar es que este porcentaje, aunque lentamente, está descendiendo si analizamos los últimos diez años aproximadamente. Los principales tenedores de dólares son China y Japón, segunda y tercera economías del mundo con US$ 1,16 y US$ 1,12 billones, respectivamente.

Comercio y futuro

Otra característica de la principal divisa del mundo es que es la más usada en los intercambios comerciales como moneda referencial de cambio internacional. Aproximadamente el 85% de las transacciones en moneda extranjera se realizan en dólares. Aunque parezca paradójico, quien más “bombardea” contra el dólar es la mismísima Reserva Federal con las emisiones monetarias sin precedentes como parte de una incesante renovación de programas de estímulos a la economía norteamericana, que hacen que su valor se vea franqueado contra las principales monedas del mundo. En los próximos meses también veremos reflejado el deterioro del dólar en la cotización de los principales commodities (petróleo, alimentos, etcétera) y los principales activos con alta correlación al dólar como el oro que, según analistas técnicos de Bank of America Merrill Lynch, podría alcanzar los US$ 3.000 la onza a comienzos de 2014.

A pesar de la hegemonía, China y Japón están operando desde hace unos meses en sus monedas locales, sin pasar por el dólar, lo mismo que el intercambio comercial entre China y Rusia que desde 2010 los hacen en yuanes y rublos. China, a pesar de ser una de las economías más interesadas en cuidar el valor del dólar, parece ser el principal impulsor del remplazo del dólar como moneda de cambio internacional para transar directamente en moneda local. Recordemos el swap en yuanes equivalente a US$ 10.000 millones que realizó China con la Argentina en la visita del presidente chino a nuestro país. La India realizó un “swap” con sus rupias contra yenes para comerciar con Japón.

En nuestra región ya hay iniciativas en el mismo sentido. Brasil parece tener un gran motivo para desplegar su nacionalismo, impulsando operar en reales con sus socios comerciales. Cabe aclarar que no “pasar” por el dólar implica un ahorro importante en los costos de las mercancías y bienes transables. En ese sentido hay un dato que da lugar al asombro. Cuando los empresarios brasileños cierran negocios son sus pares argentinos, están más dispuestos que los criollos para operar en reales y pesos. Por cada doce empresarios brasileños orientados a operar en reales y pesos, hay sólo un empresario argentino que acepta la misma iniciativa. Parecería que para los empresarios locales pasar por el dólar es una parada obligatoria. En estos días se están terminando de acordar los mecanismos para que la Argentina y Uruguay tengan un sistema de pagos en monedas nacionales.

Esto parecería ser una tendencia mundial. No importa ya el tamaño de las economías en cuestión para promover el intercambio sin el dólar de por medio. Otra de las condiciones que impuso Estados Unidos en el comercio internacional del petróleo en la década de los '70 fue que sólo se podía vender petróleo con dólares norteamericanos. Esta “cláusula” fortaleció la presencia del dólar en los mercados, hasta que a comienzo de siglo algunos países de Oriente se animaron a vender petróleo sin dólares de por medio.

Ahora es China la que manifestó su intención de realizar sus negocios con el petróleo y comenzó a venderlo en yuanes. Estas tendencias debilitan mucho a la divisa estadounidense.

No obstante, remplazarla será un trabajo muy arduo porque no hay moneda en el mundo que pueda ocupar su lugar. Su gran “elasticidad” reside en que, precisamente, no tiene una moneda que la reemplace, y esta hegemonía internacional es la que le permite configurar cualquier tipo de desmanejo. Si hay una moneda con pretensiones de mayor presencia e injerencia internacional es el yuan, pero está muy lejos de recorrer lo que logró el dólar. El debilitamiento monetario del dólar está más que compensado con el poderío armamentístico casi absoluto de Estados Unidos con respecto al resto de los países del mundo. Seguramente, haya dólar para rato. Lo que sí podemos asegurar es que la ausencia de una alternativa sólida al dólar hace que todo el sistema financiero internacional apueste a mantener obligatoriamente la vida del dólar, porque de otra manera sería el fin del sistema que hoy conocemos como tal.

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