El mismo error

“Nunca se hizo un ajuste así sin que caiga el gobierno”, dijo Dujovne: puede que no sepa lo que dice, pero más grave es que no sepa lo que hace

Carlos Leyba Carlos Leyba 16-11-2018
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Por Carlos Leyba

“Nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el gobierno”, dijo Nicolás Dujovne. El que encabeza una parte del ajuste del Gobierno.

¿Pronóstico involuntario? Nadie pregona una desgracia sin informar que está haciendo algo para evitarla.

Antes anunció la recesión sin una idea de cómo evitarla o compensarla. La sangría como método.

Puede que sea una advertencia. No sobre lo que está pasando sino un aviso de lo que está por venir. Aún en la intervención quirúrgica mas riesgosa, el profesional actuante nos pone un halito de esperanza: por ejemplo, “en unas horas despierta”. No. Dujovne jugó al extremo: nada de esperanza.

El prestigio de “ser duro”. Nos puso al borde del precipicio aclarando que todos los que estuvieron ahí, finalmente, cayeron al vacío.

Puede que no sepa lo que dice. Más grave sería que no sepa lo que está haciendo. Vistos los datos de grosera estanflación ésta es una razonable preocupación.

Estamos en el precipicio y el tipo afirma que, llegados a este punto, lo habitual es que él, el profesional, se caiga al vacío junto con su gobierno. ¿Y nosotros?

Calma lector. En nuestra triste historia veremos que la afirmación de Dujovne es estadísticamente falsa. Los ajustes, las recesiones, no tumban gobiernos.

Nicolás acostumbra ?con una increíble deformación estadística de la Historia- a colocar el punto de quiebre de la malaria nacional hace 70 años. En 1945.

¿Qué gobiernos cayeron y cuál producto de un ajuste de la “magnitud Dujovne”?

De 1945 en adelante, cayeron los gobiernos elegidos por el pueblo de Juan Perón (1955), Arturo Frondizi (1962), Humberto Illia (1966), Isabel Perón (1976) y Fernando de la Rúa (2000).

Raúl Alfonsín se fue pocos meses antes de terminar su período por una hiperinflación seguida de corte de ayuda internacional (gestión Cavallo-peronista).

Los peronistas fueron derribados por las Fuerzas Armadas, digamos, por razones ideológicas o por “cuestiones de seguridad”.

El Rodrigazo (1975) fue un ajuste apoyado, entre otros, por José A. Martínez de Hoz.

Frondizi cayó porque Andrés Framini fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires y por haber recibido al Che.

Illia por la Ley de Medicamentos y por haber recibido a una delegación de China, entre otras cosas.

El derrumbe civil de la Rúa tuvo que ver con la crisis bancaria y la falta de apoyo del FMI a Domingo Cavallo que, en 1989, había promovido sacarle el apoyo del FMI al propio Alfonsín.

Veamos los números económicos que podemos asociar a ajustes previos.

Las caídas del nivel de PIB, en 70 años, se registraron en 1952 durante Perón (-4%), en 1959 con Frondizi (-6,5%) mientras que, el PIB per cápita, en 1962, cayó 2,4% y en 1963, 6,8%. A su vez, en 1966 cayó 2,1%.

Los gobiernos fueron derrocados años después de sus recesiones. Las recesiones (o ajustes) nada tuvieron que ver con los golpes.

El grueso de los desastres económicos de nuestra Historia ocurrió a partir de 1975.

El Rodrigazo dejó un PIB per capita de -1,7%; la Dictadura, en 1976, -3,5% y en 1978, -6 %; en 1981 ?7% y -6 % en 1982. Alfonsín -9 % en 1985, -4% en 1988 y -9% en 1989. Carlos Menem -4% en 1990 y otra vez -4% en 1995 y fue 5% de caída en 1999.

Las caídas en el Siglo XXI del PIB por cabeza fueron en el 2000 (2%), 6% en 2001 y 12% en 2002

Después, con CFK, caída de 7% en 2009, 2% en 2012, 3,5% en 2014. Sin detalles, los números de Mauricio Macri dan PBI per cápita negativo en todo su período.

Dicho esto, primero, las recesiones ?hijas presuntas de un ajuste sea por necesidad o impericia? no voltearon gobiernos. Mala información de Nicolás. La excepción, que confirma la regla, puede ser de la Rúa.

Segundo, los años recesivos, yajustadores, ocurrieron a partir del Rodrigazo. Antes no sufrimos esa pérdida bestial de recursos.

Pero aclaremos que el Rodrigazo no fue sólo un ajuste. Fue la inauguración, de manera brutal, de un modelo de política económica que requirió para su profundización de una Dictadura genocida.

Ese modelo, a) renunció al desarrollo como objetivo de gobierno; b) consagró la condena a la sustitución de importaciones y de la industrialización como ejes de la integración social, territorial y a la economía mundial de nuestra economía (“la mejor política industrial es no tener ninguna”, dijo Guido Di Tella); c) instaló la tasa de interés de mercado y el mercado financiero como test de la racionalidad de la política económica, y d) eliminó el papel de orientación y el peso empresario del Estado, transfiriéndolo “gratuitamente” a grupos económicos inescrupulosos (a la rusa).

Esos grupos locales, la oligarquía de los concesionarios (que incluye a las finanzas), conforman una “elite” que no posee ningún valor moral, como lo demuestran “los cuadernos”.

Sus intereses objetivos son contradictorios con los de la Nación (no les interesa producir para exportar) y la extranjerización de lo que queda del aparato productivo (ídem), cierra el ciclo de pérdida de promotores del bien común que, si bien es la función del Estado, necesita de empresarios nacionales ?que no esquilmen al Estado? y que lo acompañen junto con el conjunto de la sociedad.

Como lo demuestran los números, la debacle, la decadencia nacional (que es económica y moral) comenzó en 1975.

Una digresión: de las 12 empresas que más dinero ganaron en el último año, sólo una es industrial. De esas 12, ocho son concesionarios del Estado. Y de las 50 que más ganaron, 22 son financieras, en un país en el que el crédito al sector privado es el 17% del PIB. Algo está podrido en Dinamarca.

Coincido con Federico Sturzenegger que afirma, tal vez lo dijo sin querer pero sin mentir, que “la declinación argentina?que va desde 1975 hasta 1990? podemos visualizarla de la siguiente manera: si durante esos quince años Argentina hubiera mantenido la tendencia de crecimiento que llevaba desde 1930 hasta 1974?nuestro ingreso por persona sería del 73% del de Australia, valor que tuvimos a principio de siglo” (página 51 de “Yo no me quiero ir”).

No hay 70 sino 44 años de decadencia.

Hasta 1975 rigió un modelo con pocas recesiones (como lo señalan los números previos) y poco sufrimiento social.

La “filosofía del ajuste financiero”, con abandono de la visión sistémica del desarrollo, nos ha llevado a esta debacle de la que no podremos salir sin cambiar de enfoque.

Volvamos al presente. La gravísima ausencia de una visión sistémica hace de esta gestión una de amateurs, en el mejor de los casos calificados por la Universidad, pero que se neutralizan entre sí.

Dijimos al comenzar esta nota que Dujovne “encabeza una parte del ajuste”. Es cierto. No hay en esta gestión nada como una consola central de coordinación. Cada cual por la suya.

El éxito de Nicolás es lograr “el déficit primario cero”. Aunque el bien sabe que es una engaña pichanga. Porque en la medida que crece el déficit financiero y no se desploma el riesgo país, Dujovne no ignora que es un esfuerzo vano si es que , más allá de los costos de mediano y largo plazo, no llega vivo (balance comercial excedente) a la orilla dorada de la refinanciación de los enormes pasivos.

Pero “su objetivo” será cumplido: “el ministro que logró el déficit primario cero”.

Otra parte del ajuste la tiene Guido Sandleris. Su objetivo es “no emitir”. Las abusivas tasas pasivas son un instrumento. El objetivo es emisión cero. Si se mantiene firme pasará al registro de los profesionales apreciados por el FMI y el circuito de conferencias le será auspicioso.

Pero Sandleris no toma consciencia de lo que provoca, en el conjunto de la economía (y la potencial merma de la recaudación), la rigurosa meta cero que cumple a rajatablas. No es difícil entrever que no existe un marco de coordinación con la parte fiscal del ajuste.

Sandleris cambió la estrategia de pedal contra Lebac, que llegaron a una deuda de US$ 60.000 millones en pesos, por la estrategia de pedal contra Leliq que ?gracias a la devaluación y a la pérdida de reservas de US$ 17.000 millones? representan una deuda de US$ 20.000 millones en pesos.

La maquinita funciona, no para el déficit fiscal que tiende a cero, sino para pagar los intereses de las Leliq ? el déficit cuasi fiscal- que se acumulan a una tasa del 100% anual. Emisión

De lo que se deduce que la gran herramienta implícita para contener el proceso inflacionario es una gran recesión que, vía liquidación, tienda a evitar el ascenso de los precios. En apoyo un tipo de cambio anclado, otra vez, permitirá que bienes importados importen alguna “baja de precios”: lo que significa menos producción local y más deuda.

Pero, en ese caso, el superávit comercial externo, que genera el campo apoyado por la recesión urbana, será ? sin controles ? efímero ya que los incentivos a exportar se van erosionando. Y todo esto sin contar la pulsión inflacionaria de una economía indexada.

Sandleris, como Dujovne, hacen lo suyo. Objetivos desintegrados.

Finalmente, Rogelio Frigerio, el adalid de las negociaciones políticas, ha logrado la adhesión de los gobernadores y la sanción del Presupuesto. Es un logro político indiscutible. Pero las consecuencias caerán sobre la provincia de Buenos Aires, el polvorín electoral.

El PRO ha gestado un Gobierno sin rumbo de largo plazo y ha repartido, sus sencillos y poco angelados objetivos, en tres pedazos desconectados entre sí a los que ninguna arquitectura política coordina: déficit cero (medalla para Nicolás), emisión cero (medalla para Guido) y Presupuesto sancionado (medalla para Rogelio).

La suma de los tres objetivos cumplidos, lamentablemente, da crecimiento cero en un país que (aunque les moleste) hace 44 años que repite el mismo error.

Es decir, renunciar al desarrollo como objetivo de gobierno, condenar la industrialización como eje de la integración social, territorial y a la economía mundial, hacer de la tasa de interés de mercado y las finanzas el test de racionalidad de la política económica, eliminar la orientación y el peso empresario del Estado, transfiriéndolo “gratuitamente” a grupos económicos inescrupulosos, es repetir el mismo error.

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