El milagro de la reindustrialización

Un debate abierto.

05-09-2011
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Los diez años posteriores al fin de la convertibilidad constituyen un objeto de análisis muy rico que podría abarcar disciplinas diversas. Lejos de estar saldadas, muchas discusiones en torno a estos años merecen una revisión constante, ya que todavía nos brindan nuevos resultados e hipótesis. Una de las cuestiones, que es materia de estudio en diversos ámbitos ?cabe decirlo, con diferentes grados de profundidad?, es si dicho proceso ha implicado un cambio estructural en la economía de nuestro país. Más precisamente, si nos focalizamos en la dinámica de los sectores productores de bienes y la industria en particular.

Hay algunos que tienden a relativizar la bonanza de estos años y argumentan que si bien ha habido un crecimiento incuestionable que contuvo una fuerte expansión de todos los sectores económicos y mejoró la situación social, de cambio estructural, hubo poco y nada. En este marco, se utilizan recursos como “quitar” al crecimiento el “rebote” de 2002 a 2004, comparar las participaciones sectoriales agregadas con la década de los '90 o las tasas de crecimiento con las de algunos países de la región, incluso la de aquellos donde la industria explica una porción menor del producto.

A su vez, se esgrimen conclusiones en torno a que la matriz de acumulación permanece invariable en relación a la etapa previa, que profundizan la desigual apropiación de la renta nacional, que las pequeñas empresas mantienen su “irrelevancia” en la inserción internacional de la Argentina y que no ha habido inversiones considerables que permitan afirmar la creación o reconstrucción de un nuevo sector industrial, entre otras, que también se manifiestan en la persistencia de un desbalance comercial creciente en manufacturas de origen industrial, los márgenes derivados del precio de la soja y el favorable contexto internacional. Sin dudas, todos estos análisis son muy válidos y contribuyen positivamente a encarar el tema. No haremos aquí un tratamiento de los mismos ya que ello requeriría mayor espacio y excede los objetivos de la presente nota.

No obstante, entendemos que la dinámica de cambio en la Argentina registra avances que no deben ser subestimados. En primer lugar, no debe soslayarse la perspectiva histórica; lo que pasó en estos años no puede aislarse del vector cronológico atravesado por nuestro país. Las profundas reformas políticas, económicas y sociales que se implementaron desde mediados de los '70 constituyen una pesada herencia que atraviesa todos los órdenes de la reciente dinámica estructural. En rigor, haber modificado la inercia que marcaba nuestro país hacia fines de los '90 en dirección a la desindustrialización y desintegración social quizás sea uno de los cambios estructurales más relevantes de esta etapa. Que el producto industrial en términos físicos hoy sea casi el doble que al comienzo del siglo, el empleo 60% superior, que haya casi 10% más de empresas industriales y que las exportaciones de manufacturas de origen industrial se hayan triplicado constituye algo así como un “milagro de la industrialización”.

Diez años atrás muy pocos podrían haber imaginado un escenario como el actual en este aspecto y mucho menos aún que la mayor parte de la sociedad estaría hoy discutiendo cómo seguir expandiendo las capacidades industriales y resolviendo las problemáticas existentes. La perspectiva histórica que implica haber reubicado a la Argentina en un proceso de industrialización no es algo menor, como tampoco lo es el hecho de que la política económica y social también ha modificado su base conceptual en este sentido. Esto ha permitido que las definiciones de política se enmarquen en paradigmas prodesarrollo y de defensa del valor agregado local.

A su vez, se ha recompuesto un cierto orden social y económico que funciona como reaseguro frente a intentos de reversión hacia las experiencias de los '90. Por otro lado, si bien algunos indicadores se han desacelerado o amesetado desde mediados de 2008, ello debe visualizarse desde una correcta perspectiva regional e internacional. Que la industria nacional haya sido protagonista en la enorme expansión del producto argentino en estos años es importante, ya que en casi todo Occidente se advierte una tendencia general hacia la desarticulación productiva y la relocalización de buena parte de los procesos productivos en el Sudeste Asiático, China y países similares. Incluso en la región vemos que la Argentina es el único país donde las exportaciones industriales ganaron participación, mientras que en el resto perdieron a favor de productos primarios e industriales con escaso valor agregado, como el caso de Brasil. Es decir, el aprovechamiento del contexto global ha estado alineado con un proceso de expansión de la demanda interna, la recuperación del salario como factor dinámico del mercado local y el sostenimiento de tipos de cambios real múltiples en niveles más altos que las décadas previas.

Al respecto y teniendo cuenta el cambio en la organización de la producción durante los noventas, la tercerización de parte de las actividades industriales que pasaron al área de servicios, que la producción industrial del país se haya incrementado 53% entre 1993 y 2010 y que el nivel de empleo industrial formal pasara de 930 mil puestos de trabajo a 1.167.000 durante el mismo período, tras verificar una tendencia descendiente entre 1993 y 2002, alcanzando este último año un mínimo de 765 mil, muestran claramente la dimensión de la reindustrialización observada durante la última década. En tercer lugar, al analizar con mayor detalle la dinámica de los distintos sectores se observan numerosos casos y evidencias que permiten calificar con mayor verosimilitud el proceso actual. Sin considerar el crecimiento que han tenido muchas pequeñas y medianas empresas, que hoy operan con una capacidad productiva dos, tres o más veces superior a la de la etapa previa, se observa una reactivación de actividades que estaban al borde de la extinción en rubros como la metalmecánica, astilleros, aeronavegación, textiles, indumentaria y algunos rubros de la industria plástica, entre otros.

Además, han tomado impulso sectores “nuevos” y existen avances incipientes en materia de electrónica, energías alternativas y/o renovables, maquinarias no tradicionales. El alto crecimiento que demuestra las industria del software y las biotecnológicas dan fe de ello también. Evidentemente existe una brecha considerable entre la Argentina actual y su potencial en materia industrial, también existen múltiples asuntos a resolver y abundan las debilidades y problemáticas presentes en las distintas cadenas de valor de la economía local. Pero también es evidente que ha habido una transformación que atraviesa todo el espectro de estructuras políticas, económicas, sociales, culturales y tecnológicas.

(Columna de opinión de Diego Coatz -economista fefe del Centro de Estudios de la UIA y de SID- y

Fernando Grasso, economista de ADIMRA y de SID. De la edición impresa)

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