El miedo no es zonzo

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Carlos Leyba Carlos Leyba 21-01-2021
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Por Carlos Leyba

Ste?phane Bancel, CEO de Moderna, que produce una vacuna autorizada, señaló que deberemos prepararnos para convivir con el coronavirus por largo tiempo. Dicen los científicos que continuarán perfeccionando y ampliando el espectro de productos destinados a contestar eficazmente cada giro del virus.

Este escenario hará las políticas públicas más sanitarias o biológicas. La preservación de la vida funcionaba bien protegiendo y aumentando la duración saludable de la vida. Un giro previsible políticamente, pero injustificable científicamente. Lo señaló Gustavo Liendo (La Nación 15/1/21) al afirmar que “esta? cienti?ficamente comprobado que la vida humana comienza en el mismo momento de la concepcio?n, y no 12, 15 o 20 semanas despue?s de ello”. Las presiones de las minorías activas hicieron naufragar el “cuidado de la vida” mediante la entusiasta legislación de la financiación del aborto por parte de quienes deberían ser los adalides de la vida. Vivimos tiempos de contradicciones magnas.

Nuestro futuro estará condicionado por “el cómo” protegernos del coronavirus o “el cómo” organizar nuestra vida y nuestro trabajo conviviendo con él o sus parientes. Entonces, ¿cómo planificar la vida pública ante el escenario que plantea el CEO de Moderna?

La aparición del Covid nos enseñó que no estábamos preparados ni para “cuidarnos” estando sanos, ni para “curarnos” si enfermábamos y tampoco para “detectar” el contagio y “evitar” la transmisión.

Además no estábamos preparados para la continuidad de la vida que veníamos llevando y fundamentalmente para el acceso a los bienes espirituales que prodiga la relación entre seres humanos.

La cuarentena productiva y el encierro han dañado el tejido social y económico que nos une. A pesar del entusiasmo de las grandes multinacionales de la comunicación, disponer de medios maravillosos de contacto, no repara ese daño. Es más: “la universidad” se muere sin el lenguaje de la presencia. El ágora desfallece. ¿Qué democracia sin demos?

Se trata de la constitución de lo colectivo. ¿Cómo recuperar la riqueza humana de la sociabilidad conviviendo con el virus?

Hemos aprendido a detectar y a tratar de prevenir la enfermedad. Pero ese conocimiento adolece de un problema de producción y de distribución. Existiendo las vacunas, el instrumento de la prevención, no se producen en cantidades suficientes o al ritmo necesario y su distribución no sigue un criterio compatible con la equidad universal.

Se revela la dependencia que algunos países experimentamos respecto de aquellos con capacidad para investigar, producir y “autorizar” los bienes y los servicios del cuidado, la detección y la prevención ante el Covid.

La “investigación”, con el apoyo público, está concentrada en las grandes empresas y en los países de avanzada cientifico tecnológica. Lo mismo ocurre con la producción de esos bienes y también con la “autorización”.

El proceso es de “adelanto” o de unos países y de unas empresas, sobre otros y otras. La dependencia de los atrasados. ¿Responde esto a la universalidad de los bienes? ¿Cómo resolverlo?

Hay, en el país y en América Latina, puestas en sordina por grandes medios, muchas experiencias exitosas de tratamiento realizadas por profesionales a quienes le son confiados hospitales públicos. El Anmat no las ha autorizado ni rechazado expresamente.

Es una actitud pasiva, de los responsables de la política sanitaria, que sorprende. No han procurado se realicen las investigaciones necesarias para aprobar o deshechar esos tratamientos.

La pandemia forma parte del contexto de nuestra vida y por eso, en investigación, autorización y producción, es imprescindible forjar una conducta proactiva de la política.

La UBA y entidades públicas de primer nivel de Brasil han desarrollado acuerdos científicos previos a la pandemia. Esa puede ser la base de un proyecto del Mercosur para la investigación, la producción y la autorización de productos vinculados a esta cuestión.

La incapacidad de coordinación de la región es una de sus mayores falencias y esta es una oportunidad para comenzar un proceso de trabajos conjuntos con resultados concretos.

La cuestión de esta “emergencia sanitaria que amenaza prolongarse”, en riesgos biológicos del futuro, habida cuenta de los dichos del CEO de Moderna o las advertencias de Bill Gates, nos llaman a pensar en términos de la capacidad de respuesta, sino nacional, al menos regional.

La demora en la llegada de los suministros sugiere cuestiones de estructura: las necesidades son universales y las respuestas (los productos) son particulares y por lo tanto satisfacer las necesidades implica “cola”. ¿Cómo llegamos a esto? La respuesta a esa pregunta contiene el fundamento de una nueva estrategia o un retorno a las “viejas razones”. Decia el poeta “lo nuevo es lo que se ha olvidado” (Bacon). Veamos.

La globalización neoliberal, que no es la única compatible con el capitalismo, es la conducid por las empresas multinacionales y no por los “estados nacionales”.

En la etapa anterior de la globalización, la conducida por los Estados nacionales, el progreso fluía al territorio, a la geografía de las naciones, y a las personas que los habitan y no sólo al capital.

La globalización, conducida por las empresas multinacionales, hace que “el progreso” fluya básicamente al capital generando una inimaginable concentración de la riqueza en la que el valor bursátil de algunas de esas empresas y el patrimonio de los principales accionistas superen el PIB de muchas naciones. ¿El progreso que se concentra de ese modo, es lo que debemos llamar progreso?

La producción y distribución de las vacunas Covid es un buen ejemplo de como el indudable progreso científico se resiste a realizarse universalmente: estamos en una carrera planetaria “a por las vacunas”.

Esta “nueva globalización” es la de la “desindustrialización” de algunos naciones que está acompañada de la “deslocalización”:la emigración de plantas y capitales. No hay desindustrialización sin deslocalización y su correlato la importación, que lo sabemos en carne propia.

Detener la desindustrialización es abundar en inversión reproductiva localizada que necesita de una política centrada en la acumulación como condición necesaria de los derechos. Lo que la hace condición suficiente es la visión de la acumulación del capital humano y social como partes de un sistema.

¿Cómo se vincula todo esto con el razonable temor que nos induce la pandemia?

La advertencia del CEO de Moderna no puede dejar de ser tenida en cuenta: el mundo pandémico ocurre en la globalización gobernada por las multinacionales. No es una conspiración sino la cuestión de quién conduce las energías históricas, en este caso del sistema capitalista en Argentina, para generar una mejor sociedad que será la consecuencia del éxito de una política por la vida.

Señalamos que tenemos una gran oportunidad integradora, ya iniciada por la UBA, que debería ser base para un proceso de desarrollo científico y tecnológico en relación a la pandemia.

Pero, al igual que la estrategia del presidente Emmanuel Macron, inaugurada en el discurso del 13/3/20, es necesario recuperar capacidad de producción de insumos y bienes destinados al cuidado de la salud. Recuperar e incentivar producciones para asegurarnos la autonomía de la estrategia sanitaria.

Derivada de ella también está la necesaria estrategia para el desarrollo de la sociabilidad, el ágora, que incluye la educación presencial que, dada los impactos de la pandemia, es mas necesaria que nunca antes.

La escuela, colegio, la universidad, son las proveedoras naturales de la instancia superior de la sociabilidad, de la presencia del otro. La resistencia de muchos gremialistas docentes es injustificada y repudiable.

¿Cómo superaremos el aislamiento organizado para poder mantener la calidad de la socialidad de la vida? Debemos abocarnos a ello con premura. No podemos improvisar ni postergar. Este punto y lo que antes hemos mencionado (investigar, producir, autorizar) están íntimamente vinculados.

La otra dimensión del mundo posible que plantea el CEO de Moderna, es la necesidad de preservar el aparato productivo y, esencialmente, ampliar la capacidad de empleo asalariado productivo. ¿Por qué?

Está claro que los sectores más golpeados han sido los de los sectores que podemos llamar de trabajadores cuenta propistas. Los menos, los asalariados.

Si esos escenarios vividos fueran perdurables, más allá de su baja probabilidad, debemos diseñar una estrategia de recuperación del empleo más seguro en términos de salarios y no en términos de pagos públicos de transferencias.

Una política de desarrollo vinculada a la empleabilidad implica no sólo la capacitación de la fuerza de trabajo sino el incentivo a las inversiones productivas capaces de ocupar productivamente esa fuerza de trabajo.

Hay un mensaje sobre las concentraciones urbanas con bajo nivel de infraestructura y baja calidad habitacional. Son negativos en la preservación de la salud y más en las pandemias. La respuesta “saludable” es la multiplicación de las condiciones de empleo en las zonas despobladas, que son aquellas de la emigración por falta de empleo.

La respuesta al CEO de Moderna es un alegato en favor del desarrollo regional; la incorporación de valor agregado in situ y la generación de una oferta de volumen y calidad capaz de convertir esas regiones en centros de exportación, generación de salarios e integración regional.

Debemos analizar el futuro en línea a la reflexión de advertencia del CEO de Moderna: los ejemplos y comentarios expuestos son acentos indicativos para la reflexión de la política.

Puede ser una advertencia improbable. Pero una buena razón para pensar hacer las cosas bien, aunque lleve tiempo y demande consensos.

Los escenarios distópicos azuzan el miedo, que no es zonzo.

Si aprendamos a tenerlo podremos redescubrir las virtudes del capitalismo conducido por el Estado que apunta al territorio y las personas y no sólo al capital.

La pandemia puede aguzarnos el ingenio y redescubrir que el “bienestar”, el “desarrollo”, y la “nación”, no se hacen solas.

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