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El futuro de China como motor económico mundial

El Gigante en 2012.

23-12-2011
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(Columna de opinión de Gabriel R. Molteni y Gonzalo de León, economista jefe y analista económico, respectivamente, de la Cámara Argentina de Comercio -CAC-)

En los últimos días, y como consecuencia del desarrollo de la crisis financiera en Europa, algunos analistas han destacado los riesgos crecientes de desaceleración y han llegado incluso a

pronosticar un hard landing para la economía china. Si bien China no será ajena a lo que suceda en Europa y a cómo evolucione la economía norteamericana, su sólida situación fiscal, bajo apalancamiento y robusto sistema bancario le otorgan un amplio margen de maniobra para aplicar estímulos fiscales y monetarios que le permitan recuperarse rápidamente ?como sucedió luego de la crisis de 2008?. Analicemos el rol que ha tenido China en la economía mundial y las perspectivas a futuro.

China, el gran motor

En 2008 el mundo asistió al estallido de una crisis económica con centro en Estados Unidos.  Aunque desde finales de 2009 y durante 2010 se observaron signos de recuperación, este año se produjo una recaída. Esta vez el foco se ubicó en Europa, y los temores se centraron en las deudas

soberanas. Noticias sobre derrumbes de las bolsas mundiales, records de desempleo en países

europeos y decepcionantes evoluciones de la actividad económica en los países desarrollados se sucedieron en el año que está a punto de culminar. Y, al menos por ahora, no hay señales que indiquen que la situación vaya a resolverse en el futuro cercano. En este marco de turbulencias

globales y estancamiento en el mundo desarrollado, los países emergentes se posicionaron como

motores del crecimiento global.

Dentro de éstos, China ocupa un papel destacado, tanto por su enorme tamaño ?posee más de

1.300 millones de habitantes y el segundo PIB más grande del mundo?, sólo superado por el de

Estados Unidos? como por el espectacular crecimiento experimentado en los años recientes. Las reformas que el país aplicó en las últimas décadas, tendentes a un mayor funcionamiento de los mecanismos de mercado y una progresiva integración al mundo ?este mes se cumplen diez años de la incorporación de China a la OMC? han derivado en un crecimiento tan alto y sostenido que se ha generalizado el uso de la expresión tasas chinas para referirse a un muy elevado ritmo de expansión económica.

Este crecimiento espectacular estuvo basado en dos factores principales: a) el desarrollo de la

industria pesada y la infraestructura,y b) el uso de mano de obra barata en la manufactura y

exportación de grandes volúmenes de productos de nivel básico como medias, zapatos, remeras,

juguetes, aparatos de consumo básico, entre muchos otros. En la primera década del Siglo XXI el producto de China se expandió a una tasa promedio anual de 10,5%. Esta expansión no sólo fue muy superior a la que presentaron los países desarrollados (en el mismo período Estados Unidos creció al 1,6% promedio anual, Reino Unido al 1,4% y Japón al 0,7%), sino que también fue mayor a la de otros países emergentes que presentaron un gran dinamismo (la India se expandió al 7,4% promedio anual, Indonesia al 5,2% y Malasia al 4,6%).

La respuesta de 2008

Aunque la crisis de 2008 desaceleró el nivel de actividad en China ?el crecimiento anual cayó 4,6

puntos porcentuales entre 2007 y 2008? este permaneció en niveles muy elevados: en 2008 el país creció un 9,6% y en 2009 un 9,2%. Y el año pasado el país volvió a crecer a tasas de dos dígitos, cuando su producto se expandió 10,3% en 2010. Esta rápida recuperación se explica por la respuesta decisiva del gobierno a enfrentar el impacto de la crisis cuando en noviembre de 2008 anunció un estímulo fiscal de U$S 586.000 millones. Esta política fiscal expansiva estuvo más enfocada en el financiamiento de proyectos ?en vez de estar basada en una ampliación de la agenda social como sucedió en Estados Unidos?.

Asimismo, el estímulo monetario tuvo aún un mayor impacto porque, dado que China cuenta

con un sistema bancario muy capitalizado, el estímulo fue canalizado mucho más hacia proyectos

reales. De esta manera, los esfuerzos del gobierno por estimular la actividad económica en el corto plazo fueron indudablemente exitosos, como lo indican las tasas de crecimiento antes descriptas.

Perspectivas para 2012

Ante la complicada perspectiva que actualmente enfrentan los países desarrollados, resulta natural preguntarse si China podrá continuar siendo un motor clave del crecimiento de la economía mundial como en los últimos tiempos. Es decir, si podrá superar exitosamente las dificultades globales ?tal como lo demostró en la última crisis? o si será arrastrada al estancamiento ?o, al menos, a una fuerte desaceleración seguida de años de crecimiento a un ritmo mucho más lento que el actual?. En primer término hay que señalar que aunque pensar que China es inmune a lo que suceda en el resto del mundo es erróneo, sí es cierto que se encuentra en una situación relativamente privilegiada para evitar las consecuencias de la crisis o al menos para morigerar su impacto.

La literatura identifica dos canales principales por los que las crisis económicas se transmiten entre las naciones: el canal financiero y el canal comercial. En relación al primero, la conexión de China a los mercados de capitales mundiales es limitada y el tipo de cambio es fijado por las autoridades, de modo que el potencial impacto de la crisis mundial en dicho país a través del canal financiero es relativamente acotado. Por otra parte, mediante el canal comercial, la influencia podría ser mayor, ya que el país coloca buena parte de su producción en el mundo desarrollado ?sirva de referencia el hecho de que el 20% de las exportaciones chinas tienen como destino la Unión Europea y el 18% Estados Unidos?. Sin embargo, debe considerarse que en los últimos años la importancia del comercio con otras economías en desarrollo ?habitualmente conocido como comercio Sur-Sur? ha tenido un importante incremento. Por ejemplo, la participación de la Argentina en las exportaciones chinas se duplicó entre 2000 y 2010, y la de Brasil se triplicó.

Por otra parte, debe resaltarse que en los últimos años el país presentó solidez en sus variables macroeconómicas: superávit externo, baja inflación y cuentas públicas sanas. Esto brinda a las autoridades un amplio margen de acción para compensar los efectos adversos que la crisis global pueda tener sobre la demanda agregada del país ?esto es, de aplicar medidas anticíclicas?. Dado su bajo nivel de endeudamiento público, el país tiene capacidad para incrementar su gasto o reducir impuestos ?es decir, de aplicar una política fiscal expansiva?. Adicionalmente, debemos decir que en el mediano y largo plazos esperamos crecimiento de esta economía, dado que existen factores estructurales para que así sea, tanto del lado de la oferta como del de la demanda. La teoría económica señala que existen cuatro factores fundamentales que explican el crecimiento del producto potencial de un país ?es decir, de su capacidad productiva u oferta agregada?. Estos son: el trabajo, el capital físico, el capital humano, y la tecnología.

Veamos qué sucede y qué esperamos que ocurra en los próximos años con estos factores en China. En primer término, en lo que respecta al factor trabajo, destacamos que en las últimas décadas se produjo una paulatina transferencia de trabajadores desde zonas rurales ?donde desempeñaban tareas de muy baja productividad? hacia áreas urbanas, en donde amplían la oferta de mano de obra disponible para el sector industrial y de servicios, cuya productividad es mucho más elevada. Prevemos que este fenómeno continuará en los próximos años, por lo que aún hay margen para seguir ampliando la mano de obra empleada en los sectores líderes. En lo que respecta al capital físico, también continuará expandiéndose, dados los elevados niveles de ahorro e inversión que muestra la economía China. Sirva de referencia el hecho de que en 2010 la inversión representó el 48,2% del PIB y el ahorro el 53,4%. Los pronósticos señalan que en los próximos años estas variables permanecerán cercanas a los valores actuales, de modo que el stock de capital del país seguirá ampliándose. En lo relativo a capital humano se observan importantes avances. Los resultados de la última evaluación de PISA ?en donde los estudiantes de Shanghai se ubicaron cómodamente por encima de sus pares del resto del mundo, tanto en lectura como en matemática y ciencias? son prueba de ello. Por último, en lo referente a tecnología, es sabido que ésta avanza a un ritmo vertiginoso, de modo que el aprovechamiento de los adelantos que se producen alrededor del mundo representa un potencial avance de productividad para quien sepa servirse de ellos. Hay quienes sospechan que China recurre al espionaje económico y la acusan de robo de conocimientos y técnicas, pero lo que es cierto es que el país ha demostrado una gran capacidad de aprovechar la tecnología que se desarrolla tanto dentro como fuera de sus fronteras. La tecnología es, probablemente, el factor más importante para explicar el crecimiento en el largo plazo.

Por el lado de la demanda, se observan perspectivas positivas tanto en la que respecta al crecimiento del mercado interno como en las ventas al exterior. El consumo continuará creciendo impulsado por la enorme población que paulatinamente asciende socialmente conforme aumenta su ingreso disponible y adopta los consumos típicos del mundo occidental. Sirva de referencia el hecho de que China ha superado a Estados Unidos como el principal mercado de automóviles y como el principal mercado de teléfonos celulares. Por otra parte, estimamos que, tal como se señaló anteriormente, la inversión ?otro de los componentes de la demanda agregada?, continuará en los muy elevados niveles en los que se ubicó en los últimos años. Y que las exportaciones industriales continuarán expandiéndose, impulsadas por la demanda de productos chinos ?de precios competitivos? por parte del resto del mundo emergente.

Destacamos, sin embargo, que para un éxito sostenido de la economía china será necesario que la nueva etapa de alto crecimiento esté basada en una industrialización con mayor valor agregado; un cambio hacia el mercado interno; una reorientación del centro de crecimiento de la costa al interior del país; una vasta expansión del sector servicios y un mayor dinamismo de pequeñas y medianas empresas ?predominantemente privadas. Para concluir, existen elementos para señalar que la economía china continuará en la senda del crecimiento tanto en el corto como en el largo plazos. Si bien existe la probabilidad de una desaceleración, dado el contexto internacional, no hay duda de que China continuará creciendo a altas tasas y cumpliendo su rol de motor de la economía global. Esto tendrá repercusiones sobre otros países emergentes, particularmente sobre aquellos productores de materias primas. El crecimiento chino de los últimos años derivó en creciente demanda de estos productos ?por ejemplo de soja para la alimentación del ganado, por la suba del consumo de carne?, lo que mantuvo elevada sus cotizaciones. De cumplirse nuestras expectativas sobre la evolución futura de China, los precios de las materias primas deberían mantenerse elevados ?aunque quizás no alcanzan los niveles récords observados en 2008?.

Esto es particularmente importante para la Argentina, dado que la vinculación comercial de nuestro país con el gigante asiático ha crecido de manera notable en los últimos años. Por ejemplo, las exportaciones argentinas de poroto de soja hacia China crecieron entre 2000 y 2010 un 300% medidas en volúmenes y un 675% medidas en dólares corrientes, y el comercio con este país, que representaba en 2000 menos del 5% del comercio exterior total de la Argentina, actualmente ya representa más del 10%. En definitiva, nuestra economía se encuentra cada vez más ligada a la economía de China, por lo que la buena salud de la que estimamos que esta gozará durante los próximos años no es sólo algo positivo para ese país sino que es también una muy buena noticia para la Argentina.

(De la edición impresa)

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