El "estilo Greenspan"

¿Qué estilo debe tener el sucesor de Bernanke?

06-09-2013
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(Columna de Simon Johnson, ex economista jefe del FMI, profesor de la Escuela Sloan del MIT e investigador superior en el Instituto Peterson de Economía Internacional. Project Syndicate, 2013)

Los redactores de la Constitución de Estados Unidos tuvieron que tomar una decisión fundamental. ¿Debían concentrar el poder en las manos de una persona o diseñar un sistema político en el cual la influencia sobre la toma de decisiones fuese más difusa? Una decisión similar enfrenta ahora el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para seleccionar al sucesor de Ben Bernanke como presidente de la Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal (Fed).

El legado de Bernanke es decididamente dispar, pero su característica más atractiva es la ética de cooperación y responsabilidad compartida que fomentó en la Fed. De hecho, una meta clave para su sucesor será consolidar ese enfoque como una nueva tradición institucional. Sin embargo, una fuerte inclinación hacia un presidente todopoderoso de la Fed es aparente, tanto desde una lectura de la historia como de los globos de ensayo que la administración de Obama puso recientemente a flotar.

La Junta de la Reserva Federal está compuesta por siete gobernadores pero, durante la mayor parte de su historia, ha operado a la sombra de sus presidentes, tres de los cuales (Marriner Eccles, William McChesney Martin, y, más recientemente, Alan Greenspan) ocuparon el cargo durante casi veinte años. La política monetaria es, en principio, decidida por el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, en inglés), que incluye a 12 miembros con voto: los siete gobernadores de la Fed, el presidente de la Fed de Nueva York y cuatro presidentes de los otros once bancos regionales de la Reserva Federal (quienes asumen el cargo en forma rotativa por un año). En la práctica, sin embargo, Greenspan y muchos de sus predecesores llegaron a dominar el FOMC.

Los problemas

¿Cuál es el problema con un presidente omnipotente para la Fed? Comencemos por considerar el duradero impacto de Greenspan, quien creía profundamente que la desregulación financiera contribuiría a un crecimiento económico más estable. Como afirmó en 1997, “a medida que ingresamos al nuevo siglo, las fuerzas regulatorias privadas estabilizadoras del mercado deberían desplazar gradualmente a muchas estructuras gubernamentales engorrosas y cada vez más ineficaces”. Greenspan dejó su cargo en 2006, pero la crisis que pronto se instaló puede atribuirse en gran medida al tipo de innovación financiera que fomentó. Para 2008, en testimonio ante el Congreso, Greenspan estuvo dispuesto a aceptar un error fatal en su pensamiento: los mercados financieros desregulados pueden, de hecho, fallar terriblemente.

En una situación que exige tomar decisiones rápida y audazmente, alguien debe estar a cargo. El Congreso Continental hizo lo correcto cuando, en 1775, pidió a George Washington que liderase las fuerzas que entonces se sublevaban contra los ingleses. Pero Washington, a su vez, fue sabio al declinar los poderes autoritarios después de la independencia ?y, nuevamente, cuando renunció después de ocho años en calidad de primer presidente del nuevo país?.

¿Qué estilo se necesita?

El mundo financiero moderno es veloz y complejo. El siguiente presidente tendrá que actuar con decisión para persuadir a sus colegas cuando sea necesario pero, en primer lugar y lo que es más importante, necesitará una fuerte dosis de humildad y respeto por las percepciones e ideas de sus pares. La política monetaria implica un significativo grado de arte, además de cierta ciencia. Y nuestra comprensión de la “regulación macroprudencial” y cómo afecta a la estabilidad financiera aún está en una etapa muy temprana. Las consecuencias de no entender bien las interconexiones entre países han cegado a los bancos centrales más importantes del mundo ?consideren la crisis del euro o la fuerte dependencia de los bancos europeos del financiamiento de los fondos de inversión en mercados de dinero estadounidenses?.

El próximo presidente de la Fed deberá ser alguien de mente abierta, dispuesto a involucrar al personal y deseoso de cultivar la pericia en todo el Sistema de la Reserva Federal. La peor elección posible sería elegir a alguien que comparta las inclinaciones de Greenspan: restringir los datos, monopolizar la toma de decisiones e intentar intimidar a sus colegas. Un mandato de veinte años para tal persona sería una receta para el desastre económico, que comenzaría, sin duda, con algún tipo de crisis financiera.

Pero ése no sería el mayor de los peligros. Habría también insistentes pedidos para restringir los poderes de la Reserva Federal o limitar su independencia del Congreso. Los países han experimentado permitir a los políticos el control de la política monetaria en el día a día. Nunca termina bien: a los políticos siempre les resulta demasiado tentador estimular la economía en el camino a una elección o en otros momentos políticamente importantes.

En vez de jugar con fuego y proponer un presidente de la Fed que aspiraría a convertirse en una figura dominante, tal vez la administración de Obama debería considerar un límite de tiempo para ese cargo (digamos, ocho años). Los límites a los períodos mejoran la gobernanza en algunas otras agencias oficiales estadounidenses y en otras partes. El problema es que una vez que la reforma de la Fed se ponga sobre la mesa, surgirán todo tipo de ideas. La aleatoriedad del proceso político fácilmente podría generar resultados que reduzcan su independencia.

Por esto es tan importante el estilo de liderazgo del presidente de la Fed. Bernanke cometió errores como, por ejemplo, su forma de pensar excesivamente similar a la de Greenspan rumbo a la catástrofe de 2008. Pero también estableció los rudimentos de un proceso para la toma de decisiones con más cooperación profesional y equilibrio en la Fed. Su sucesor debiera ser elegido para seguir construyendo sobre ese logro.

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