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El creciente déficit fiscal

Y su impacto en la economía

24-05-2013
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(Columna de Isidro Guardarucci y José Anchorena, economista y director de Desarrollo Económico, respectivamente, de la Fundación Pensar)

La situación de las cuentas del Estado Nacional ya no es la que era. Lejos quedó el superávit fiscal que caracterizó a los primeros años de un “modelo” que en el último tiempo se acostumbró a gastar por encima de los recursos disponibles. Más aun, el otro “gemelo estrella”, el externo, sólo se sostiene en base a unos controles cada vez más estrictos (y peligrosos).

Sin posibilidad de colocar deuda y con una presión tributaria en el límite, todo déficit fiscal se traduce hoy en emisión monetaria. Existe consenso entre los economistas que alrededor del año 2010 se pasó de un régimen inflacionario cuya causa principal era el mantenimiento de un tipo de cambio nominal inflexible a la baja, a un régimen inflacionario motorizado por la monetización del déficit fiscal y las expectativas que ello conlleva.

Concomitantemente, la inflación así generada pasó de ser un aliciente del consumo, a ser una causa de desinversión y de estancamiento de la actividad. Ese estancamiento es lo que está provocando la caída del empleo privado y el retraso de los salarios reales. Así se llega a un presente en el cual en lugar de poder aumentar el empleo y el salario real simultáneamente, los gobernantes se ven obligados a defender sólo a uno de ellos: si devalúa mantiene el empleo, pero se resiente el poder adquisitivo de los trabajadores, pero en caso de no hacerlo sostendrá los ingresos pero el desempleo crecerá.

Ese es el dilema en el que se encuentra la conducción económica del país. En síntesis, el desmanejo fiscal y monetario provoca una situación negativa para los trabajadores. En efecto, todas las grandes y lamentables devaluaciones que sufrió nuestro país (en 1975, en los '80 y en el 2002), con sus consecuencias negativas sobre los ingresos, no fueron buscadas sino producto de políticas económicas imprudentes.

El kirchnerismo, lamentablemente, no escapa a esta lógica.

Recuperar espacios

Por todo lo dicho, es fundamental prestar especial atención a los datos fiscales. En 2012, el déficit fiscal alcanzó casi 2,6 puntos del producto, acelerando una tendencia iniciada en 2009 (sólo interrumpida tibiamente en 2010). Pero el detalle saliente fue el resultado primario: se registró el primer valor negativo desde 1996 (0,2 puntos del producto). Sí, incluso en la crisis terminal de la convertibilidad, los ingresos superaban los gastos primarios (los cuales excluyen el pago de intereses, para aislar del ejercicio presente las consecuencias del pasado).

¿Cómo fue posible esto? En aquel momento, el pago de interesesrepresentaba un componente altísimo de las erogaciones totales, algo que hoy no ocurre. No debe perderse de vista que a nivel provincial el rojo fiscal suma casi un punto adicional del producto. Es necesario destacar que las complicaciones para cerrar las cuentas públicas han sido acompañadas por un esquema fiscal cuya complejidad y presión han crecido año a año durante la década kirchnerista, llegando en la actualidad a valores muy altos en términos comparativos (alrededor del 40% del PIB si se considera el impuesto inflacionario).

Como si esto fuese poco, la utilización de recursos y fuentes de financiamiento poco convencionales, cuya sostenibilidad en el tiempo es dudosa, ha sido otra característica saliente de los últimos años: en este sentido sobresale la remisión de utilidades y asistencia financiera provista tanto por el Banco Central como por la Anses.

Hace unas semanas, la Oficina Nacional de Presupuesto publicó los datos de la ejecución presupuestaria del Sector Público Nacional No Financiero (SPNF) en base caja de febrero, cerrando así el primer bimestre de 2013. En los mismos se observa un déficit financiero que, si bien es algo menor que el observado a la misma fecha un año atrás, lejos está de avalar las proyecciones establecidas en la Ley de Presupuesto 2013, en la que se estimaba un resultado positivo de más de $ 59.000 millones. Sólo unos pagos de intereses particularmente bajos permitieron desacelerar el déficit financiero de los primeros sesenta días del año. En línea con esto, el resultado primario, aunque superavitario, arrojó un valor inferior al observado un año atrás (pasó de algo más de $1.300 millones a alrededor de $1.000 millones), acentuando la tendencia de deterioro constante. Unos gastos primarios que crecen a mayor tasa que los ingresos son la causa de tal situación, reflejando el empobrecimiento de la sostenibilidad fiscal del Sector Público Nacional (SPN).

Proyecciones

Cuando apenas se rindieron los dos primeros meses del 2013, no hay muchas dudas sobre el camino que siguen las finanzas públicas. En los últimos veinte años, sólo en 2003 (en un contexto muy distinto) se revirtió un déficit fiscal del primer bimestre. No obstante, el pobre desempeño de la economía argentina durante 2012 tiene un lado positivo: al menos hará posible un considerable ahorro de pago de intereses, correspondientes al cupón PIB. Esta situación permitirá suavizar la tasa de crecimiento del déficit financiero, aunque no hará lo propio con el resultado primario (dado que, por definición, excluye el pago de intereses).

En este contexto de persistente déficit fiscal es esperable que el Estado Nacional siga recurriendo al Banco Central como fuente de financiamiento. Tanto la remisión de utilidades, como los préstamos que realiza la institución financiera, tienen su correlato en la constante emisión monetaria que motoriza la inflación, uno de los principales problemas de la economía argentina desde hace años. La abundancia de pesos, acompañada del “cepo cambiario”, es la causa también del surgimiento del mercado paralelo para la moneda estadounidense que ha tenido un comportamiento explosivo en los últimos meses.

Naturalmente, la falta de disciplina fiscal es una garantía de que, salvo que aparezca una afluencia de dólares excepcional (cuya probabilidad de ocurrencia es, al menos, baja) o se convalide un tipo de cambio nominal más acorde a la situación actual, la normalización del mercado cambiario parece, cuando menos, lejana.

La llave del problema actual

Entender el alcance y relevancia de la situación fiscal es el primer paso para comenzar a solucionar gran parte de los desajustes que aquejan hoy en día a la economía argentina.

En tanto y en cuanto la velocidad a la que crece el gasto supere a la que lo hacen los ingresos, será difícil cambiar el camino emprendido hace años, y cuyas consecuencias en los últimos tiempos se han hecho cada vez más evidentes.

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