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El choque de modelos

El debate no fue en 2017 sino que será en 2019

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Por Alejandro Radonjic

El primer tramo de la política económica comenzó, lógicamente, el 10 de diciembre de 2015 y tuvo dos objetivos medulares: estabilizar “la macro” sin crisis ni costos políticos o electorales. Y se logró, más allá del golpazo que se pegó el PIB en el primer semestre de 2016 y el ajustón sobre los ingresos disponibles de los hogares. No hubo crisis y Cambiemos ganó, cómodo, las elecciones del pasado 22 de octubre.

Hubo cambios, modificaciones y demás en el medio, pero la dupla de objetivos se mantuvo firme.  El lema fue hacer lo mínimo e indispensable para evitar una crisis y, como se dice en política, no hacer olas. A lo sumo, mandar señales. No era el mejor de los mundos ni el diseño de política económica preferido: era el posible dentro del contexto que imponían esos objetivos.

Esa etapa quedó atrás y se inició, rápido, una nueva. Pocas dudas caben. El activismo de la política económica está en su clímax por estos días, y seguirá así por varios meses más. Cambiemos avanza, ahora sí y sobre un suelo más firme, hacia un diseño económico más cerca del que siempre pensó que era necesario para Argentina en el desafiante y competitivo Siglo XXI. Los vestigios del modelo anterior van quedando cada vez más atrás y surge el modelo M, que recién saldrá a la cancha en varios meses más cuando junten los votos necesarios en el Congreso.

Allí se verá cómo sigue la recuperación en ciernes y qué efectos tiene el nuevo set de reglas de juego sobre el desempeño de las distintas variables. El verdadero “choque de modelos” no fue el de 2017 (ni el de Pampita y Nicole) sino que será el de 2019. Los que se apresuren con sus análisis pueden quedar, una vez más, de lado de los perdedores.

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