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El cambio de ciclo

La única ancla de la economía

30-11-2014
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(Columna de Juan Pablo Ronderos, economista y gerente de desarrollo de negocios de abeceb)

El 2014 está pasando a toda velocidad. Todas las semanas la economía nos ha dado un sinfín de noticias de impacto, generando una sensación de vértigo permanente. Y que de hecho se ha acelerado en este último semestre, desde el salto al centro de la escena del tema holdouts.

La economía que se espera para comienzos de 2015 será peor incluso a la de comienzos de 2014, lo que no es poco decir. Recesión generalizada, mayor desempleo, inflación en un escalón ascendente, crecientes controles cambiarios y una brecha que sólo se ha reducido de la mano de la represión son algunas características a las que nos hemos acostumbrado durante estos meses.

Sin embargo, a pesar de que los problemas se profundizan de la mano de un deterioro constante de los desequilibrios macro (que afectan a todos los sectores productivos) las expectativas no se desmoronan al ritmo de la economía. Al menos no como ha sucedido en otros episodios similares de la Historia Argentina. Evidentemente no es un fenómeno producto de la política económica, que es el principal factor del deterioro. Ni tampoco debido a la esperanza de un contexto externo que nos rescate, una vez más, como final del cuento.

Entonces, ¿qué es lo que mantiene a la economía controlada, en particular a los mercados financieros, en este escenario dominado por la sensación de descontrol? El dólar ha sido el instrumento de corto plazo utilizado para darle un anclaje nominal a la economía. Pero claramente no sólo no es suficiente para reducir la inflación, sino que está lejos de ser lo que mantiene el escenario bajo control. También podríamos mencionar una política monetaria contractiva, con impacto en la actividad, pero existen dudas respecto de la capacidad del BCRA de mantener este sesgo debido a la caducidad de la estrategia del financiamiento vía emisión de un déficit creciente. Por otro lado, los fundamentals de Argentina no lucen tan mal como en el pasado. Y eso es uno de los factores que sostienen esta tensa calma. Sin embargo, el deterioro también va impactando a estas variables que un tiempo atrás despertaban muchas menos dudas.

En realidad, lo que realmente actúa hoy como ancla de la economía argentina es la esperanza de cambio de ciclo. Y por eso a medida que nos acercamos a ese momento las expectativas no se deterioran como lo indicaría el pasado. Lo cual no excluye la posibilidad de turbulencias importantes, con conflictos sociales incluidos ante un clima tenso en los sindicatos y los movimientos sociales.

Esta esperanza de cambio de ciclo de la mano de una nueva administración tiene fuertes fundamentos. Muchas de las oportunidades que Argentina ha dejado pasar estos años y que han aprovechado prácticamente todos nuestros vecinos, aún están al alcance de la mano. El agro, la agroindustria o la minería son casos evidentes. También lo es el sector energético, con Vaca Muerta a la cabeza, pero además en el campo convencional. O la infraestructura en general (vial, portuaria, ferroviaria, etcétera), luego de una década donde hemos devorado el capital sin reposición o expansión alguna. Existen oportunidades importantes en múltiples sectores, quizás no tan claros como los anteriores, donde está todo por hacerse con proyectos altamente rentables que lo único que necesitan es acceder a financiamiento en cantidades y a costos lógicos, y un clima de negocios al menos razonable. Biotecnología, industria farmacéutica, software, siderurgia, petroquímica, energías renovables, y muchos de sus sectores conexos, son algunos de los que cuentan con notables condiciones para dar el salto.

Pero, aún con fundamentos, esta esperanza que actúa hoy como ancla de una economía a punto del descontrol pero que no se desborda está sobre dimensionada. No tanto porque las oportunidades enumeradas no sean tales, sino porque muchos parecen subestimar los desafíos que enfrentará la próxima administración para poder hacerlas realidad. Para esta tarea no alcanzará solamente con torcer las expectativas nacionales y externas, quebrando la falta de credibilidad con la que cuenta el actual Gobierno. Esa es sólo una de las condiciones necesarias, pero lejos de ser la única y mucho menos suficiente. Los desequilibrios macroeconómicos no serán de sencilla resolución, sino que requerirán de un plan integral bien diseñado. Y mejor implementado y comunicado. En el fondo de la cuestión está pendiente un ajuste fiscal importante, que se posterga mes a mes con un déficit que crece sin pausa, y una corrección de precios relativos de la economía a esta altura muy grande, en particular del tipo de cambio y de las tarifas de servicios públicos. Algo que necesariamente generará costos, que podrán minimizarse si estas condiciones (diseño, implementación y comunicación) se cumplen, pero que a esta altura de las circunstancias no serán menores. Con el agravante de que hoy cualquier medida macro tiene impactos a nivel sectorial y micro, por lo que la integralidad de la que hablamos es mucho mayor a la mera mirada macro.

Toda esta tarea (credibilidad, plan integral macro y sectorial, regulaciones micro) requerirá de amplias capacidades técnicas para entender cabalmente los problemas y los desafíos, de gestión para poner en práctica las soluciones, y políticas para generar los consensos necesarios con un gobierno entrante que no va a tener mayorías en las cámaras legislativas (acuerdos que tendrán que estar enfocados en el desafío básico de la creación de empleo, asignatura pendiente en las últimas décadas). Una situación inusual para Argentina. En un mundo en el que los cambios son cada vez más acelerados, y donde es cada vez más fuerte la competencia por obtener la atención de inversores externos o de las propias empresas instaladas en nuestro país.

De todos modos, el cambio de ciclo sigue siendo un ancla, al menos hasta el momento, para mantener el control. Pero tanto en los próximos meses como luego del 10 de diciembre de 2015 no será suficiente para dar solución a los problemas. El año próximo será complicado, con una economía muy similar a la de estos últimos meses de 2014, incluso si se lograra avanzar con el tema holdouts en el primer trimestre (nuestro escenario base). Y mucho más turbulento si ni siquiera se cumpliera con este requisito. Y para el nuevo gobierno será muy importante liderar los desafíos incluso desde la transición. Hay tiempo, pero los próximos meses prometen ser tan frenéticos como este 2014, y quizás cuando nos acordemos estemos otra vez sobre fin de año.

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