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Economía global

Estamos mal, pero vamos...¿bien?

12-10-2012
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En abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo las proyecciones de crecimiento global. En julio, lo volvió a hacer. Y, esta semana, al presentar el “Panorama Económico Global” (WEO, por sus siglas en inglés), lo volvió a hacer. Evidentemente, la tendencia no es positiva. ¿Se acerca una nueva crisis global? Por ahora no, dice el FMI. El escenario base es el de un crecimiento global escaso: 3,3% en 2012 y 3,6% en 2013. Es que ese escenario incluye que EE.UU. podrá sortear su “precipicio fiscal” y la crisis de la eurozona no se espiralice. Hay casi 20% de probabilidades de que ese escenario no se cumpla y el crecimiento global caiga por debajo del 2%. Si a ambos lados del Atlántico la situación no empeora, el crecimiento global, que fue anémico en el primer semestre, irá levantando algo de ritmo en los próximos trimestres.

¿Por qué volvió a reducir sus expectativas de crecimiento, entonces? Porque los países centrales aún no han encontrado una solución a su crisis, en el peor de los casos o, en el mejor, se expanden a tasas módicas. Y los emergentes lo están sufriendo aunque, aclara el FMI, seguirán creciendo. En gran medida, el futuro de la economía global se juega en las economías centrales.

El escenario, sin embargo, es complejo porque la política económica sufre lo que los economistas llaman “la inconsistencia temporal”. Las medidas para atacar los desequilibrios de mediano y largo plazos afectan el escenario de corto plazo. “En la mayoría de los países, la consolidación fiscal avanza conforme a lo planificado. Si bien esta consolidación es necesaria, es indudable que representa un lastre para la demanda y, cada vez más, las evidencias llevan a pensar que en el contexto actual los multiplicadores fiscales son grandes”, dice el FMI.

Hay que pasar del diagnóstico a la acción, dice Olivier Blanchard, economista jefe del organismo: “La nueva arquitectura de la eurozona debe orientarse a reducir en primer lugar la amplitud de los shocks, estableciendo un sistema de transferencias que modere los efectos de los shocks. Esa arquitectura debe orientarse a trasladar la supervisión, la resolución y los procesos de recapitalización de los bancos a la órbita de la zona del euro. Debe reducir la probabilidad de que las entidades soberanas incumplan sus pagos y, en los casos en que aun así se produzca una suspensión de pagos, debe reducir sus efectos en los acreedores y en el sistema financiero. Es alentador ver que estas cuestiones se están analizando con seriedad y que, lentamente, se están estableciendo algunos de estos mecanismos”. En el corto plazo, añade, España e Italia deberán hacer los 'deberes': restablecer su competitividad, sanear sus finanzas públicas, estimular el crecimiento, recapitalizar sus bancos sin incrementar su deuda soberana y estar en condiciones de tomar préstamos a tasas razonables.

Incertidumbre

“Necesitamos acción para levantar el velo de la incertidumbre”, dijo Christine Lagarde, directora gerenta del FMI. El problema, dice el WEO, es que no se conocen las fuentes de la incertidumbre. “Los índices explícitos de incertidumbre, como el índice VIX en Estados Unidos o el índice VStoxx en Europa, se mantienen en niveles relativamente bajos. La incertidumbre parece ser más difusa, de naturaleza más 'knightiana'”, dice el WEO, en referencia a la incertidumbre descripta por el economista Frank Knight, como aquella que es difícil de calcular y explicar.

Emergentes: ¿todavía cantamos?

El capítulo cuarto del WEO va al grano, y se titula: “La resiliencia de los mercados emergentes y las economías en vías de desarrollo: ¿cuánto durará?”. El pasado reciente es claro: estos países soportaron, en mayor o menor medida, relativamente bien la crisis 2008-2009 y, en la primera década del Siglo XXI, “por primera vez, pasaron más tiempo en expansión y tuvieron caídas más suaves que los países centrales”. La Europa emergente fue la excepción. El futuro, sin embargo, es más complejo. En esa ecuación influyen tanto el contexto global como las políticas internas.

Si el contexto global empeorara, “en ese caso es probable que las economías de mercados emergentes y en desarrollo terminen 'reacoplándose' a las avanzadas, tal como sucedió durante la crisis financiera internacional”. Según el organismo, las vías de contagio externa son un menor flujo de capitales, un repunte de la incertidumbre global, un deterioro de los términos del intercambio, subas repentinas en las tasas de interés (especialmente las de EE.UU.) o una caída del comercio mundial. El FMI recomienda la apertura comercial, pero advierte que esto puede ampliar los shocks externos, para lo cual sugiere diversificar los destinos de exportación. También sugiere aumentar la apertura financiera (y hace la misma advertencia), y recomienda que los flujos se compongan de inversión y no de capitales especulativos.

En lo referido a las políticas internas, la clave consistirá en controlar las variaciones del ciclo económico. Pese a la estabilidad de la primera década del Siglo XXI, estas economías siempre fueron volátiles. Evitar los booms de crédito (lo que genera booms insustentables de consumo e inversión) o las crisis bancarias y/o financieras (que tienen impactos macroeconómicos nocivos) será un desafío clave. Sin embargo, según el organismo, el desafío mayor es mantener altos grados de libertad para hacer política económica, es decir, tener capacidad fiscal contracíclica, baja inflación y flexibilidad cambiaria. E

n este sentido, “hay razones para ser optimista; entre ellas, la aplicación de mejores políticas y la mayor libertad de acción de la política económica, es decir un margen de maniobra para responder a los shocks que no ponga en peligro la sostenibilidad”.

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