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Desempleo y ortodoxia económica

Una disyuntiva falsa

22-03-2013
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(Columna de Silvana Melitsko, economista de la Fundación Pensar)

Según el discurso oficial, uno de los mayores logros en materia económica del ciclo iniciado en 2003 fue la creación y el mantenimiento del empleo. Entre el primer trimestre de 2003 y el cuarto de 2011 la tasa de desempleo pasó de 20,4% a 6,7%, al mismo tiempo que crecían (más fuertemente en los primeros años y más débilmente en los últimos) los salarios reales y disminuía la informalidad. Cualquier crítica, análisis y propuesta alternativa no puede soslayar ese reconocimiento. En contraste, la rígida política económica de los '90 tuvo un enorme costo social que se debió, en gran medida, a la imposibilidad de generar y mantener puestos de trabajo. Buena parte de la pobreza estructural que vemos actualmente se debe a fallas de la política instrumentada en aquella década.

Datos recientes

Hecho este comentario, es importante advertir que los datos recientes del mercado de trabajo no son muyalentadores. Según información publicada por el Indec, la tasa de desempleo subió de6,7% en el último trimestre de 2011 a 7,6% en el tercero de 2012. Hay que remarcar, además, que el cambio de tendencia en el ritmo de creación de empleo se remonta a fines de 2007, y esto hace que la tasa de desempleo de aquel momento(7,5%), no sea muy diferente a la observada en la actualidad. Los presuntos méritos del segundo Gobierno kirchnerista en materia de empleo estarían más vinculados a la ausencia de un impacto significativo de la crisis de 2008/2009 en el empleo local antes que a la consolidación de mejoras genuinas a lo largo del período 2007/2012.

No sólo el debilitamiento del mercado de trabajo se manifiesta en la menor creación de empleo sino también en el deterioro en la calidad del mismo. El incremento de la participación del empleo formal en el total parece haberse detenido y habría incluso indicios de que está aumentando la informalidad. El crecimiento del salario real se fue ralentizando, al tiempo que durante el último año registró una caída producto de la elevada inflación. Todo esto sería indicativo de que hace falta un giro de política si se desea preservar los logros alcanzados a lo largo de la última década.

El camino del Gobierno

Desafortunadamente, las medidas anunciadas por el oficialismo parecen ir en dirección contraria a las reformas necesarias. La dinamización del mercado de trabajo en una economía cercana al pleno empleo exige focalizarse en políticas de oferta, que alienten la inversión, la creación de empresas y la incorporación de tecnología. Existen ciertos lineamientos básicos para avanzar en este sentido en cuanto a metas de inflación, y previsibilidad y estímulos a la inversión que el Gobierno se resiste a incorporar. También habría que reflotar la discusión sobre políticas sectoriales, y pensarlas con una visión estratégica que tenga en cuenta no sólo el corto plazo sino también el mediano y largo.

Por el contrario, las medidas de desincentivo a sectores de importancia estratégica por su capacidad de generar divisas y proveer de insumos a la industria local, como es el caso del sector energético, generaron cuellos de botella cuyos efectos sobre el nivel de actividad se están sintiendo cada vez con mayor intensidad.

Falsas disyuntivas

Un obstáculo para la implementación de estas reformas es el reduccionismo sostenido por buena parte de los hacedores de política del actual Gobierno según el cual las reformas necesarias para estabilizar y dinamizar la economía implican una vuelta a las nefastas “políticas neoliberales de los '90 que destruyeron empleo y concentraron riqueza”.

Hoy en día el empleo privado crece a ritmo deficiente, el salario empieza a caer en términos reales por efecto de la inflación, y esto genera conflictos que afectan el normal desarrollo de la economía. Por otra parte, la tasa de desempleo argentina es superior al promedio de América Latina, y está desde hace años por encima de la de países como Uruguay, Brasil y Chile, que han adoptado muchas de las políticas económicas que el oficialismo se ha ocupado en defenestrar. Esto sugiere que, en principio, la disyuntiva entre empleo y estabilidad de precios o, más en general, entre empleo y políticas macroeconómicas “ortodoxas” no es tan tajante como se presenta. Y más aún, si lo que se desea es un país con oportunidades para todos, habría que reconsiderar estas políticas aprendiendo de las fallas tanto de este Gobierno como de los anteriores.

El falso reduccionismo según el cual no hay otra alternativa al “modelo” que la vuelta a los '90 es un obstáculo a superar para poder avanzar en la discusión.

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