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¿Década ganada?

Sombras del balance social

13-11-2013
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(Columna del economista Federico Muñoz, titular de Federico Muñoz & Asociados)

Vista en perspectiva, la década kirchnerista ha sido escenario de progresos innegables en los indicadores sociales. En efecto, la actual coyuntura es incomparable al infierno social que había dejado la caótica salida de la convertibilidad. El principal factor explicativo de esos avances ha sido la notable pujanza del mercado laboral en los primeros años del ciclo, que nos permitió pasar de una situación de híperdesempleo en 2002 a un virtual pleno empleo que aún perdura. Hay que reconocer, además, el impacto netamente positivo de la instauración de la AUH y de la masificación de las prestaciones jubilatorias, dos iniciativas ponderables de los Kirchner.

Sin embargo, una evaluación integral del cambio en las condiciones de vida bajo las gestiones kirchneristas debe incorporar varias otras dimensiones. Así, al internarnos en un análisis más minucioso del tema, aparecen unos cuantos puntos oscuros que deslucen el balance social de los últimos años.

Un primer gran pasivo que lega el kirchnerismo en este frente es la indisciplina macro. El reclamo en pos de una macro ordenada suele desestimarse como una tara conservadora o neoliberal pero es, sin dudas, un requisito indispensable para la mejora sostenida y sostenible de los indicadores sociales. Por un lado, porque, como lo demuestra la actual coyuntura, la inflación es un obstáculo crítico en la lucha contra la pobreza. Además, porque cuando las distorsiones que provoca la inflación se tornan intolerables, o peor aún, cuando las inconsistencias macro se acentúan hasta el punto de terminar cuajando en forma de crisis, el sector social más vulnerable frente al ajuste es ?indefectiblemente? el de menores recursos.

Un segundo gran déficit de la era Kirchner en este frente es que, pese a la fuerte expansión económica en buena parte del período, han sido muy escasos los progresos logrados en la calidad de ciertos bienes y servicios públicos como educación, salud, seguridad y transporte. Un trabajador humilde del conurbano que se atiende en un hospital público de Merlo, envía sus hijos a la escuela pública, es protegido por la Policía Bonaerense y viaja en el Sarmiento, ¿afirmaría a este respecto que la última ha sido una “década ganada”?

Hay un tercer vicio, quizás más sutil, que oscurece el balance social de la era kirchnerista. En general, los sectores menos pudientes lograron mejoras de ingresos significativas en el período. Sin embargo, han tenido problemas para capitalizar ese mayor poder adquisitivo dada la ausencia de herramientas para proteger los ahorros contra la acción erosiva de la inflación. La clase baja fue empujada entonces a un frenesí consumista en bienes de rápida obsolescencia. Cuando llegue el ocaso de la bonanza, muchos hogares humildes se percatarán que la fase de auge les dejó un smartphone, una moto y ?con suerte? un auto, pero poco y nada que les asegure un mejor pasar futuro.

Balance con sombras

En definitiva, es innegable que el grueso de los hogares argentinos cuenta hoy con ingresos reales bastante más altos que hace una década. Sin embargo, también es evidente que el fracaso del Estado en su misión de proveer un contexto macro sólido y sostenible, bienes y servicios públicos de calidad y una moneda que opere como reserva de valor convierte en frágiles y meramente temporarios a buena parte de los progresos sociales logrados en la “década ganada”.

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