¿Cuánto creció la economía?

Ni tasas chinas ni sudamericanas

20-09-2013
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(Columna de José Anchorena, director de Desarrollo Económico de la Fundación Pensar)

Luego de un 2012 de crecimiento prácticamente nulo, el 2013 presenta un leve repunte de la economía. Las políticas de expansión del gasto y/o baja de tributos (por ejemplo, la elevación del Mínimo No Imponible) impulsarán algo la actividad en el tercer trimestre. El cuarto trimestre, en cambio, se prevé turbulento pues si se realizan cambios poselectorales en la política macroeconómica los agentes se sentarán hasta que aclare, y, si no se realizan cambios, no habrá motivos para volver a invertir y a aumentar la producción y el empleo en la Argentina. Esta coyuntura indica que se ha terminado un ciclo económico.

El Indec, claro, no lo reconoce pues no ha presentado tasas de crecimiento negativas desde el 2002, en tanto existe bastante evidencia de que 2009 fue un año de caída importante de la producción (cercana a 3%) y el 2012 uno de estancamiento. Así, medido de pico a pico (1998 a 2012), el Indec indica un crecimiento de la producción de casi 63%, en tanto que las mediciones privadas muestran un número más cercano al 40%. Esto implica un crecimiento promedio en 14 años (un período suficientemente largo para hablar de crecimiento) de 3,5% anual para el Indec y uno de 2,4% anual según los privados. La diferencia es importante: en el primer caso se estaría haciendo un catch-up con los países desarrollados (si bien lento) y, en el segundo caso, el país continúa rezagándose.

Si se toma el crecimiento en el segundo período del ciclo (entre el 2006 y el 2012) las discrepancias son más notorias: de 6% de crecimiento anual para el Indec y de sólo 3,3% anual para los privados. En ese mismo período, Perú creció al 6,9%, Uruguay al 5,9%, Bolivia al 4,8%, Colombia al 4,4%, Chile al 4,1%, Paraguay al 3,9% y Brasil al 3,7%. Si los datos de los privados están en lo cierto (y parece razonable así creerlo dado que las metodologías suelen diferir pero los resultados coincidir), es claro que la Argentina creció menos que todos esos países y no aprovechó adecuadamente el boom que benefició al subcontinente.

Ahora, la mejor manera de comparar crecimiento entre países (especialmente para períodos largos) no es considerando el PIB a precios constantes de cada país sino medirlo en una misma moneda utilizando la metodología de “Purchasing Power Parity”. Cuando así lo hacemos la performance de Argentina es aún peor. La Total Economy Database (TED), asociada a la Universidad de Groningen en los Países Bajos y al pionero trabajo de Angus Maddison, compila estadísticas de más de 127 países y resulta la mejor fuente de comparación de cuentas nacionales. Allí vemos, otra vez, que la Argentina presentó la peor performance económica entre 2006 y 2012 de los países de Sudamérica.

Pero aquí debe mencionarse que, en el caso argentino, la estadística tiene una falla. La metodología de “paridad de poder adquisitivo” intenta comparar el valor del ingreso (o producción) de los distintos países de acuerdo a la cantidad de bienes y servicios que es posible adquirir con ese ingreso. De allí que el PIB de países relativamente pobres, como China, que presentan precios (medidos en dólares) muy bajos para una mayoría de bienes (en comparación, por ejemplo, con países desarrollados) se ajuste hacia arriba cuando se usa esta metodología: un determinado ingreso (medido en dólares) puede comprar bastante más allí que en Estados Unidos, digamos. Así, la India es la tercera economía del mundo cuando se usa esta metodología pero sólo la décima cuando se utiliza simplemente el tipo de cambio nominal para transformar el valor de la economía a una moneda común.

Como en esta metodología es importante para conocer cuánto cuestan los bienes y servicios en cada país, si uno falsea la estadística de precios, la comparación en una misma moneda de acuerdo a la paridad adquisitiva también se falseará. Lamentablemente ni la TED ni la similar Penn World Tables realizan un ajuste a los datos argentinos por el falseamiento de precios del Indec. Esto lleva a que la sobreestimación del crecimiento argentino sea todavía mayor cuando se lo compara a precios internacionales (en PPP).

En efecto, si uno corrige utilizando estimaciones privadas de niveles de precios, entre 1998 y 2012 el crecimiento fue de sólo 1,5% anual, en tanto que entre 2006 y 2012 fue de apenas 0,2%.

Crecimiento esquivo

De estos datos empieza a surgir un cuadro, ya no de retraso, sino de fracaso de crecimiento, más en línea con el período 1970-1990. En efecto, teniendo en cuenta estos ajustes, hoy tenemos una economía de tamaño similar a la del 2006, como se observa en el gráfico.

Como suele suceder en economías inflacionarias, creíamos que estábamos avanzando rápidamente (inclusive hay quienes hablaban de tasas chinas) cuando en realidad corríamos sobre una cinta. En forma similar a lo sucedido en los '90, cuando todavía en 1998 se hablaba del “milagro argentino”, los historiadores económicos revisarán los éxitos de esta última década hacia abajo. La distancia entre esa realidad y las declaraciones contemporáneas de la dirigencia argentina de todos los niveles deberán ser caso de estudio, en cambio, de psicólogos y psiquiatras.

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