Entrevista

Colombier: “Fortalecer el vínculo con la biotecnología vegetal es asegurarnos el futuro”

El técnico biotecnólogo habla sobre esas críticas a la tecnología, las consecuencias de las supuestas alternativas y destaca la importancia para Argentina de fomentar la biotecnología

Colombier: “Fortalecer el vínculo con la biotecnología vegetal es asegurarnos el futuro”
09-12-2021
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Agustín Colombier es técnico biotecnólogo y, desde su popular cuenta de Twitter (@BiotecnoBlog), se dedica, entre otras cosas, a contestar con datos  a quienes demonizan el vínculo entre la biotecnología y la agronomía. En diálogo con El Economista, habla sobre esas críticas, sobre las consecuencias productivas y ambientales de los escenarios que parecen sugerir esos sectores y destaca la importancia para Argentina, y el mundo, de fomentar la biotecnología.

Días atrás, se difundió una campaña demonizando “los agrotóxicos” y bregando por un modelo “agroecológico”. Si bien no es la primera vez que se escuchan mensajes de ese tipo, ¿es algo que le sorprende?

Para nada, desde siempre hubo sectores que estuvieron en contra de todo avance tecnológico que pueda mejorar la vida de las personas. Así como están en contra de que se apliquen productos químicos en el campo para producir más y mejor, también están en contra de los transgénicos y las vacunas.  En los '90, Greenpeace comenzó una campaña para no clorar el agua, campaña que fue discontinuada por motivos lógicos. A principios del Siglo XX, hubo movimientos antitendidos eléctricos y en el XIX los luditas destrozaban los telares porque consideraban que iban a quitarles el trabajo a los artesanos.

Hay algunos informes sobre diferencias de rendimientos entre agricultura orgánica y convencional. Usted citó uno de la Comisión Europea hace poco en su Twitter. También hubo un ensayo a gran escala en Sri Lanka. ¿Qué resultados encuentra?

Partamos de la base de que el término “orgánico” está mal usado. Un alimento orgánico, si nos guiamos por la química biológica, es todo aquel que tiene cadenas de carbono en su composición molecular. Es decir que absolutamente todos los alimentos, independientemente de donde vengan y de cómo fueron producidos son orgánicos.  Ahora bien, si nos guiamos por lo legal, la Ley 25.127 de producción orgánica (Argentina) establece que alimento orgánico es todo aquel que para producirse haga uso mínimo de insumos externos, sin uso de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, ni manipulación genética. Básicamente, agricultura y ganadería de subsistencia.  

Yendo a la pregunta, la razón por la que los alimentos orgánicos son mucho peores para el clima es que los rendimientos por hectárea son mucho más bajos, principalmente porque no se usan fertilizantes ni plaguicidas. Para producir la misma cantidad de alimentos orgánicos es necesaria un área de tierra mucho más grande. Este mayor uso de tierras supone mayores emisiones de dióxido de carbono y mayor deforestación, acarreando consigo pérdida de biodiversidad. Por ejemplo, según un estudio publicado en Nature del 2018, producir arvejas orgánicas, cultivadas en Suecia, tiene un impacto climático 50% mayor que las arvejas de cultivo convencional. 

Para algunos alimentos, hay una diferencia aún mayor, por ejemplo, con el trigo orgánico de invierno en Suecia, la diferencia es más cercana a 70%. En Sri Lanka su presidente quiso convertir forzosamente toda su producción convencional a orgánica. Les duró 6 meses. Perdieron cosechas, trabajos, millones de dólares en ventas y ya está comprometida la cosecha de la próxima temporada.  ¿El motivo? No consiguieron fertilizantes ni plaguicidas para mantener el rendimiento por hectárea de sus cultivos. Dejando de lado las desastrosas consecuencias ambientales, los alimentos orgánicos suelen ser también más caros, debido a la dificultad para producirlos, pero no por eso más saludables.  

Más allá de algunas resistencias urbanas, el maridaje entre la agricultura y la biotecnología parece estar cada vez más sólido. En algunas áreas, como la biotecnología vegetal, Argentina es líder mundial. ¿Por qué es necesario profundizar ese vínculo?

Argentina, debido a su gran amplitud geográfica y climática, siempre tuvo facilidad para la producción de alimentos, sobre todo carnes y granos. Y también tuvimos, y tenemos, grandes instituciones científicas y educativas que nos permitió estar a la vanguardia en diversas áreas científicas en Latinoamérica y el mundo. Fortalecer el vínculo con la biotecnología vegetal es asegurarnos el futuro. Es saber que vamos a seguir manteniendo ese liderazgo y ser el país de referencia en la región, el que marca el camino a seguir. La mayor parte de los dólares que ingresan al Estado, son gracias a las exportaciones agropecuarias. Abrazar los cultivos transgénicos implicaría beneficios para el consumidor, el ambiente, las empresas e incluso para el Estado.

Hay una tecnología llamada CRISPR, llamada a ser una tendencia disruptiva del Siglo XXI, ¿nos puede explicar brevemente de qué se trata?

CRISPR son las siglas de Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats. En español, Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Interespaciadas. Es una técnica de edición genética descubierta en 1987 en bacterias.  Básicamente estas secuencias son unas tijeras que funcionan como autovacunas. Contienen el material genético de los virus que han atacado a las bacterias en el pasado, por eso permiten reconocer si se repite la infección y defenderse ante ella cortando el ADN de los invasores. Podemos aplicar CRISPR en casi cualquier situación en que se desee modificar la secuencia de ADN. Siendo muy útil en investigación básica para generar modelos de enfermedades que antes apenas se podían estudiar, así como para estudiar fármacos y desarrollar nuevas plantas transgénicas. De momento no está permitido utilizarlo en humanos. Desde 2013 CRISPR se está usando activamente para la edición de genes, en 2015 fue considerado el mayor avance científico del año y en el 2020 se les otorgó el Premio Nobel de Química a dos bioquímicas que desarrollaron un método de edición génica con CRISPR.

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