CFK se acerca a los mercados, ¿qué hacemos?

27-11-2018
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Por Diego Falcone Head Portfolio Manager de Cohen

En la última elección a Presidente (2015), teníamos en carrera tres candidatos: Daniel Scioli, liderando la intención de voto, seguido por Mauricio Macri y bastante más atrás Sergio Massa.

Cada candidato, a entender de los mercados, representaba una alternativa distinta para resolver la herencia K: Macri con Cambiemos significaba ir por el shock, es decir, por la ruptura total con el pasado mientras que Scioli, dentro del FpV, se presentaba con la idea de ser la continuidad (de lo bueno) pero con cambios (de lo malo) y, en la “ancha avenida del medio”, estaba Sergio Massa con su propuesta de un cambio gradual (o gradualismo).

Con la salida del cepo en diciembre de 2015, la expectativa de shock alcanzó su clímax. Sin embargo, a mediados de 2016, tras la exitosa resolución de los holdouts, la idea de más shock (básicamente, un fuerte ajuste fiscal) perdió momentum y, de la mano de Alfonso Prat-Gay, ganó el gradualismo. ¿Quién lo hubiera dicho?

¿Qué enseñanzas nos dejan las últimas elecciones presidenciales? Lo que hoy nos parece algo lógico y obvio que haya pasado, en su momento no estaba en el radar de nadie como fue el paso del plan tipo shock al gradualismo ejecutado por Cambiemos.

¿Qué fenómeno nos podríamos estar pasando por alto a fines de este 2018? La posibilidad de ver una Cristina Fernández “herbívora”, es decir, menos belicosa, más cerca del centro y de banqueros y empresarios, es decir, del mercado.

¿Por qué empezamos a pensar en la posibilidad de ver un kirchnerismo racional? Por las declaraciones (y repercusiones) de la entrevista a Axel Kicillof en la revista Forbes. Luego de declarar que “no vamos a volver a nada de 2015” y que es “imposible romper relaciones con el FMI”, siguieron otras entrevistas donde se conocieron más cambios en el discurso K (no los pase por alto porque no tienen desperdicio).

No se va romper con el FMI, aunque tal vez haya espacio para renegociar el acuerdo.

No tienen previsto expropiar bancos porque si no hicieron antes, porque habrían de hacerlo ahora.

Se pagará la deuda pero con un plan que favorezca el crecimiento y no el ajuste.

Que el FMI se desentendía del actual plan económico porque su autoría era responsabilidad de Nicolás Dujovne y que habría espacio para negociar uno que apunte a crecer en vez de ajustar (por ahí suponemos pasará su diferenciación con Cambiemos) pero que siempre con la intención de pagar (al FMI y a los acreedores privados).

Es importante cuidar la rentabilidad de las empresas y el acceso al financiamiento internacional.

Que se intentó primero acordar con los holdouts (como si se hizo con el CIADI y el Club de París), pero no se pudo como tampoco se logró adecuar las tarifas por la fuerte presión mediática.

Aunque a usted le parezcan increíbles estas declaraciones repetidas en varios medios (y en distintas entrevistas), les recuerdo que Cambiemos, a tres años de haber ganado las elecciones, no redujo la cantidad de empleados públicos de manera significativa, mantuvo y amplió la AUH y no eliminó los planes sociales.

¿Por qué el kirchnerismo tendría, entonces, interés en adoptar un discurso cercano al mercado? Primero, porque el objetivo de Cristina Fernández es ganar las elecciones; segundo, porque como hábil política sabe cómo enamorar a su electorado (recordemos sus versiones edulcoradas en las campañas de 2011 y 2017) y entiende que con posiciones extremas difícilmente supere el techo del 30/35% y, tercero, y no por eso menos importante, porque las elecciones se ganan con plata. Como esta campaña, al igual que la de 2017, se haces sin la caja del Estado, ganarse el favor de los empresarios, en un año muy duro como 2018, es fundamental para pagar toda la maquinaria electoral que requiere una elección nacional.

¿Qué pensarán los mercados de este giro en el discurso? A priori, uno debería pensar que el peor Macri es preferible a la mejor Cristina. Sin embargo, en los últimos días, empresarios hablaron de que un regreso de CFK no preocupa pero que se espera que lo haga con un mejor entorno (no se preocupe, yo también me pierdo un poco en esta parte).

Una pista de cómo podrían reaccionar los mercados ante este cambio discursivo la podemos advertir en las recientes elecciones presidenciales en Brasil. Al principio, el mercado tenía un favorito: Geraldo Alckmin y dos cucos (el primero, Jair Bolsonaro, por sus posiciones extremistas y, el segundo, Fernando Haddad, por representar al PT de Lula y Dilma). Sin embargo, el mercado, al ver que su candidato preferido no despegaba en las encuestas, terminó favoreciendo al menor de los dos males y eligió a Bolsonaro. A partir de ese día, el Bovespa, en vez de caer cuando Bolsonaro crecía en las encuestas, subía y con más fuerza a medida que se acercaba la segunda vuelta donde tendría que dirimir la elección con Haddad, el muleto de Lula.

Volviendo a Argentina, debemos recordar que tenemos un mercado comprado, es decir, todos estamos con nuestras carteras llenas de bonos y acciones argentinas (cuando digo todos, me refiero a inversores locales, fondos de inversión emergentes o dedicados y algunos hedge funds: olvídese de los grandes fondos de pensión americanos porque ellos ni tocan un riesgo como el nuestro). Entonces, al no haber nuevos compradores, no me sorprendería que empezáramos a ver con buenos ojos a Cristina si modera su discurso, promete pagar la deuda y cumplir con el ajuste que le pide el FMI.

Si este escenario, es decir, el de una Cristina herbívora tomará fuerza en 2019, tal vez tenga la oportunidad de vender a mejores precios sus bonos y acciones de los que se consiguen en pantalla en plena crisis y, finalmente, luego de mucho tiempo, pueda descansar una noche sin mirar donde está el riesgo país. Señores, ¡this is Argentina!

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