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Balance de la economía K

El empleo, el mayor logro.

09-11-2011
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(Artículo del economista Daniel Glatstein)

El reciente acto eleccionario que finalizó con un contundente triunfo oficialista invita a realizar un análisis retrospectivo de los resultados más destacados en materia económica de la gestión K y sus desafíos futuros. En mayo del año 2003 el principal problema que aquejaba a la economía era sin ninguna duda el desempleo. La desocupación superó el límite psicológico de un dígito en mayo de 1994, y de ahí en adelante fue convirtiéndose, por su magnitud y constancia, en una carga terrible que parecía imposible aligerar. Cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner, el empleo era un tema no resuelto (desocupación + subocupación) para casi el 35% de la población

económicamente activa. Ahora, llegando al final del primer mandato de Cristina Fernández, la desocupación afecta al 7,3% y la subocupación a menos del 6%. Este es el mayor éxito de la gestión K.

Más allá de que cada uno puede plantear su explicación al respecto, haya sido por el “viento de

cola” o gracias a las ingeniosas políticas implementadas por el modelo Nac&Pop, lo cierto es que

el problema ha sido resuelto. Y por la complejidad del mismo y los efectos sociales devastadores

que tiene el desempleo, es un gran logro de esta gestión. Otro éxito de la administración K, impensado en mayo del 2003, es el de la deuda externa. La Argentina tuvo a “la deuda” al tope

de la agenda económica por más de veinticinco años. Los compromisos asumidos por el Estado asomaban como una montaña enorme que la Nación debería cargar sobre sus espaldas, más allá de sus fuerzas, de generación en generación. No obstante, pasamos de tener una relación Deuda/PIB de más del 100% a una de menos del 50%. Más aún, si descontamos la parte de la deuda que está en manos del Estado a través de organismos públicos, el ratio Deuda(Neta)/PIB es menor al 25%. Otro logro, sin duda destacable.

Existen varios aspectos de la economía en los que los resultados no han sido tan alentadores.

Podríamos hacer mención a la discutible política energética, con subsidios a los deciles más altos

de la población. O referirnos a la controversia en torno a las medidas en materia previsional, con estatización de las AFJP, veto al 82% móvil y moratorias indiscriminadas para jubilar a gente

que nunca aportó. Pero seguramente la inflación ha sido el principal déficit de esta administración.

La inflación se convirtió en el principal problema a resolver. La muy rebelde no hace caso al INDEC ni a los controles de precios. Nadie logra domarla. Para peor, el Gobierno la convirtió en un tema tabú. En consecuencia, no hay ni puede haber una estrategia oficial para combatirla. La estrategia, en todo caso, parecería ser ningunearle espacio. Pero a la muy atrevida se le vienen cayendo un par de sotas por año y se termina haciendo espacio igual, irremediablemente. Si pretendemos alcanzar el ideal de desarrollo económico, necesitamos de una moneda sólida que sea reserva de valor, para que la población ahorre en moneda local y este ahorro se canalice en inversiones que generen un círculo virtuoso de crecimiento, empleo y desarrollo. Para lograr esto último lo más acertado, a mi entender, es darle razones fundadas a los argentinos para que confíen en su moneda. Viene a colación entonces la definición que hace el Banco Central de Canadá de la estabilidad de precios: “La estabilidad de precios es una situación en la cual la inflación es lo suficientemente baja como para no tener un efecto sensible en las decisiones económicas de las personas”.

(De la edición impresa)

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