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Apuntes sobre crecimiento económico y bienestar

21-06-2019
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Por Pablo Mira  Docente e investigador de la UBA

El capitalismo ha traído consigo una explosión de crecimiento económico. El caso más resonante es el de Europa Occidental, donde el PIB es hoy aproximadamente 20 veces superior al de 1700. Pero el resto del mundo no se ha quedado atrás: su ingreso actual es alrededor de 11 veces mayor al de hace 300 años. Estos números son relevantes porque antes de 1700 el crecimiento económico había sido prácticamente nulo durante centurias. Gracias al avance económico, la ciencia pudo ser financiada, y entre 1800 y 2000 la esperanza de vida al nacer en el mundo pasó de 30 a 67 años. En países desarrollados (donde el capitalismo empezó antes), casi se llega a los 80 años.

Esta comparación es relativamente sencilla porque el contraste entre el desarrollo económico previo y posterior a 1700 es muy marcado. Pero en la actualidad nos hemos “acostumbrado” a la expansión permanente, y nos interesa medir más específicamente si ese crecimiento implica o no un mayor bienestar de la población. La medición del PIB aproxima bastante bien la satisfacción humana, pero muchos autores han puntualizado recientemente que muchos países han crecido pero que los beneficios “no se sienten”, o bien “no son sostenibles”.

Es evidente que el bienestar es un fenómeno multidimensional que afecta no solo a los bienes materiales, sino también a la salud, la educación, la libertad, el medio ambiente y la seguridad. Y por eso muchos organismos internacionales han tratado de calcular mediante enfoques multidimensionales el desarrollo humano en un sentido amplio. En un artículo reciente, el profesor de historia económica de la Universidad Carlos III de Madrid, Leandro de la Escosura, estudia la evolución del bienestar de largo plazo mediante un índice de desarrollo humano histórico aumentado que combina nuevas mediciones de logros en salud, educación, economía y libertad política.

Este índice muestra que el desarrollo humano mundial ha mejorado constantemente con el tiempo, aunque sus logros no son tan dramáticos como los del PIB per cápita. El índice refleja una suba de 5,3 veces desde 1870. Excluyendo la dimensión de ingresos, el desarrollo humano exhibe un crecimiento a largo plazo ligeramente más lento que el PIB por persona, 1,4% y 1,6% respectivamente. Sin embargo, una mirada más cercana revela que en algunos subperíodos el ritmo al que avanzó el desarrollo humano no coincidió con el PIB real per cápita. La mayor diferencia a favor del PIB per cápita sucede entre 1950 y 1970, cuando el capitalismo mostró su máximo esplendor pero que no se reflejó en mejoras importantes en términos de salud, porque la expectativa de vida ya había aumentado durante el período anterior (1914-1950).

En cuanto a la evolución de las libertades políticas, el período 1950-1970 tampoco muestra un desempeño especialmente positivo, a diferencia de lo que ocurrió en 1970-1990, cuando las ganancias en términos de democracia terminaron siendo más importantes que el crecimiento económico. Y lo más sorprendente: desde 1990 hasta 2015 ni la libertad política ni la expansión del PIB exhibieron una trayectoria destacada. Se podría decir que la razón es que “hemos alcanzado un máximo”. Sin embargo, De la Escosura estimó que de una referencia máxima potencial para su índice equivalente a 1, en 2015 el nivel promedio mundial se mantiene aún por debajo de 0,5, lo que significa que todavía hay mucho por mejorar.

Finalmente, el autor estima las diferentes trayectorias distinguiendo lo ocurrido en países desarrollados y no desarrollados, tratando de identificar en qué períodos y en qué dimensiones hubo o no “catch up”. El período 1870-1913 mostró una ampliación de la brecha entre ricos y no ricos en todas las áreas consideradas, pero a partir de allí comenzó cierta reducción de esta ventaja. Los factores que contribuyeron a esta menor diferencia se centraron en la suba de la expectativa de vida (1913 a 1970), y a partir de 1970 en mayores libertades políticas. Desde este año en términos de crecimiento la brecha empieza a ceder parcialmente, y se acelera desde 1990. La razón no son las economías de ingreso medio tradicionales sino la economía China, la gran excepción en términos de desarrollo en relación a los países avanzados de los últimos 30 años.

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