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Ahora hay datos: uno de cada tres es pobre

29-09-2016
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por Federico González Rouco

Veintinueve meses después, el Indec volvió a publicar las tasas de pobreza e indigencia. Según lo publicado ayer, el 32,2% de la población es pobre y el 6,3% se encuentra bajo la línea de indigencia. Es decir, uno de cada tres es pobre y uno de cada dieciséis es indigente.

Una semana después de publicar las líneas de pobreza e indigencia ($12.500 y $5.175, respectivamente, para una familia tipo en el Gran Buenos Aires), se conocieron las tasas de incidencia de estas variables socioeconómicas. A su vez, se publicó una descripción por regiones de la realidad al segundo trimestre, aunque no se publicó una revisión de los datos de los últimos años (o construcción, ya que de los últimos tres no había).

¿Qué significa este dato? Significa que, en base a las líneas elaboradas por el Indec, el 33,2% de la población no alcanza el ingreso necesario para cubrir su canasta básica alimentaria. Esta línea, si bien tiene un trasfondo metodológico que el Indec se encargó de explicar en el anexo, sigue siendo una línea que no toma en cuenta que una familia con $12.600 sigue teniendo los mismos problemas que la de $12.400, aunque no es considerada pobre. Sin embargo, sí es útil tener una referencia para que, en el tiempo, se vaya viendo cómo evoluciona el nivel de vida de la sociedad, al menos desde los ingresos.

¿Qué se sabe, entonces? Lo que sabemos después de esta publicación no es nada nuevo, pero es siempre útil tenerlo confirmado. La pobreza se concentra en el norte (40,1% en el NEA y 35,8% en el NOA) y es menor en el sur (24,7% en la Patagonia). Con la indigencia pasa algo curioso: la región con mayor tasa es la pampeana, con un 7,7%. Esto es, a nivel nacional, cerca de 14,7 millones, sobre una base de 44 millones. Por otro lado, se conoció que la pobreza se distribuye casi equitativamente entre edades (salvo por los mayores de 65 años que solo representan el 3,1% de los pobres siendo el 12,5% de la población).

¿Cómo se llegó hasta acá? En primera instancia, entender que Argentina es un país mucho menos rico de lo que se suele creer. La pobreza es alta en el país desde hace décadas y cada crisis deja un piso mayor, es decir, es difícil mejorar en el tiempo. En segundo lugar, cinco años consecutivos de problemas de empleo, estancamiento económico e inflación alta dejaron un problema socioeconómico visible y otro latente. Por último, las medidas implementadas en la primer parte del año tuvieron un impacto en los ingresos de las familias muy fuerte, aunque se espera que en el largo plazo se revierta y se alcance un crecimiento sostenible (de mantenerse el rumbo).

En definitiva, el primer gran paso implicó hacer explícito el problema. Esto es crucial dado que ahora se conoce, sin dudas, que uno de cada tres argentinos es pobre. La devaluación, el aumento trunco de tarifas y el ajuste que llevó a cabo el sector privado se están notando en las variables socioeconómicas y esto hace imperioso que la “pobreza cero” pase a ser algo real. El segundo trimestre y lo que va del tercero sí tuvieron medidas apuntadas a mejorar esta situación (devolución del IVA, medidas enfocadas en las pymes y en el empleo en general y/o reducción de la inflación) pero el impacto tardará en verse. No sabemos si la pobreza bajó, o no, con respecto al último tiempo, pero de aquí en más ya lo podremos saber.

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