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Economía española

Entre el ajuste y la recesión.

17 abril de 2012

(Columna del economista Iván Baumann Fonay)

Reestructurada la deuda griega, el foco de atención de la crisis europea se ha ubicado últimamente en otro punto del Mediterráneo: España. Esta semana, su gobierno anunció sorpresivamente que recortaría 10.000 millones de euros principalmente en los sectores de salud y educación. La declaración vino tan sólo diez días después de que se aprobara un Presupuesto en el que se reducían otros 27.000 millones en gastos.

Madrid ya había intentado ampliar unilateralmente la meta de déficit para este año, dado que el rojo fiscal alcanzado en 2011 había superado ampliamente las expectativas. Tras una negociación con Europa, el número fue revisado al 5,3% del producto (manteniendo, no obstante, la meta original para 2013 en un 3%). Como se parte de un déficit del 8,5%, la intención en los ajustes es reducir el gasto de manera de cumplir con ese compromiso.

El primer problema con estos ajustes se encuentra en la capacidad del gobierno de aplicarlos, puesto que no es el Estado central el que debe rebajar los gastos, sino principalmente son las comunidades autónomas quienes deberán hacerlo. El segundo, dado que España mantiene al euro como moneda, estos recortes, en la medida en que se destinen meramente a eliminar partidas y no a volver al gasto más eficiente, quitarán puntos de crecimiento a la recuperación. Como buena parte de los ingresos fiscales dependen de la actividad económica, el país continuará así en la espiral en el que se encuentra: ajuste y recesión.

Tras conocerse los recortes, los rendimientos de los bonos españoles (y en menor medida los de los italianos) aumentaron considerablemente. El miércoles pasado la deuda a diez años de España pagaba más del 6% anual por primera vez desde noviembre. Queda la duda, sin embargo, si este salto se dio a pesar de los anuncios o debido a ellos.

El fantasma del rescate vuelve así a estar presente. Esta semana autoridades tanto españolas como de otros países han buscado dejar en claro que España no necesita de un paquete de ayuda para refinanciar su deuda. Esto de por sí sería muy complicado, ya que el Fondo de Rescate Europeo no cuenta con los recursos necesarios para salvar a España, menos aún si Italia cae arrastrada junto a ella.

Ante la escalada de tasas, el Banco Central Europeo (BCE) anunció que estaría listo para comprar bonos españoles en el mercado secundario, si es que los rendimientos aumentaran aún más. Ya lo había hecho el año pasado, con un éxito razonable en lograr reducir las tasas que pagaban las deudas española e italiana. En las últimas semanas, sin embargo, el programa de compra de bonos (SMP) había permanecido inactivo, ya que no fue necesario usarlo entonces. Las dos rondas de préstamos de largo plazo (LTRO) por un total de un billón de euros no sólo habían inundado de liquidez los bancos europeos, sino que también habían sido usados para comprar deuda de estos países.

Unas semanas más tarde, el optimismo parece haberse esfumado. Hace tan sólo un mes, España era un país que, al igual que Italia, no era insolvente sino que sufría de falta de liquidez, problema del cual se ocuparon las dos rondas de préstamos del BCE. ¿Qué cambió desde entonces? El plan de ajuste. No se está poniendo en duda que España deba reducir su déficit fiscal. Lo que no resulta sensato es el modo en que se le pide lograrlo.

Pasado y futuro

España había conseguido mantener un superávit fiscal durante los años previos a la crisis, aún luego del pago de intereses. El país tiene, todavía, un nivel de endeudamiento relativamente bajo respecto al resto de la eurozona, si bien actualmente se encuentra en ascenso. Por otro lado, España había experimentado un boom inmobiliario bastante importante hasta que estalló la crisis. La construcción, además, fue financiada en buena parte con deuda. Finalizada la bonanza, ahora el sector privado debe desendeudarse, para lo cual necesita ahorrar. Pero ahorrar implica consumir menos, lo cual a su vez alimenta la desaceleración económica.

Como el sector público también se encuentra ajustándose, si esta caída en la demanda interna no es acompañada por un aumento en la externa (esto es, un crecimiento en las exportaciones), la contracción en el producto es inevitable. Entonces, dado que la crisis española no estuvo originada en el sector fiscal sino, muy por el contrario, en el endeudamiento privado, el camino del ajuste sólo prolongará la recesión. En estos momentos, es imprescindible que el sector público sostenga la actividad mientras el privado termina de desendeudarse. España ha entrado en su segunda recesión en menos de tres años, y se espera que durante este año la actividad económica se contraiga 1,7%.

El desempleo se ha triplicado desde 2007 y ha alcanzado al 23,6% de la población económicamente activa. El desempleo entre jóvenes, además, supera el 50%. El miércoles pasado, el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, sostuvo que “España no va a ser rescatada, no es posible rescatar a España”. Es innegable que déficit como los que ha mostrado el país en los últimos tres años son insostenibles, pero si realmente se quiere reducirlos, la energía debe estar centrada en aumentar el empleo. De lo contrario, no podrá cortarse el círculo vicioso de recesión y ajuste.

(De la edición impresa)

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