Powell, su futuro y el de la Reserva Federal

6 de septiembre, 2021

Jerome Powell

Por Héctor Rubini Economista de la USAL

Como se observó la semana pasada, el desempeño de los mercados ha más que confirmado la buena recepción del mensaje de Jerome Powell en Jackson Hole, aunque con el correr de los meses esa calma empiece a verse perturbada, y no solo por eventuales rebrotes del Covid-19.

Su actual mandato como titular de la Reserva Federal -iniciado en febrero de 2018-, concluye el próximo 5 de febrero. Y ante el claro apoyo de “los mercados” a su política (y eventualmente a su continuidad), han aparecido presiones sobre el presidente Joe Biden para que lo reemplace por un banquero central discrecional y políticamente “progresista”.

“Jay” Powell es además miembro permanente de la Junta Gobernadores de la Reserva Federal desde el 25 de mayo de 2012, fecha en que asumió en reemplazo de Frederic Mishkin quien renunció antes de finalizar su período. Junto a Jerome Stein había sido nominado en 2011 ante el Congreso por el presidente Barack Obama, siendo la primera vez desde 1988 que un presidente (demócrata en este caso) postule para la Fed a un candidato afiliado al partido opositor.

Luego de completar el mandato de Mishkin fue confirmado en enero de 2014 para otro período, pero en junio de ese año logró ser nombrado por otros 14 años en una aplastante votación a su favor en el Senado (67 a favor versus 24 en contra). Por consiguiente, si Powell deja de ser el titular de la Fed, seguirá en la junta de la autoridad monetaria hasta junio de 2028.

Su carácter conciliador, su experiencia previa en la banca de inversión y en la administración pública como subsecretario del Tesoro durante la presidencia de George W. Bush, le han permitido consolidar una sólida reputación como banquero central alejado de extremismos desestabilizantes o extravagancias sin fundamento. No es de extrañar, por caso, que las voces más extremistas del Partido Demócrata traten una vez más de convencer al presidente Biden para reemplazar a Powell por alguien que retorne a las políticas monetarias discrecionales de los años ’70, y el uso de “sorpresas” monetarias para tratar de estabilizar o “corregir” el ciclo económico.

Una práctica que llevó a Estados Unidos a una inflación de 13,3% en 1979, año en que asumió Paul Volcker y puso fin al uso de ese enfoque en la política monetaria estadounidense.

El sector de la “izquierda” de los demócratas aparentemente estaría a favor del reemplazo de Powell por otra miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed, Lael Brainard, también nombrada en junio de 2014 por 14 años. Desde octubre de 2018 Brainard ha votado varias veces contra varias decisiones de sus colegas de la Junta de Gobernadores y del propio Powell, en particular en materia de regulaciones del sistema financiero.

Algunos no descartan que ciertos legisladores demócratas insistan con algún candidato específico. En 2013, el senador Sherrod Brown de Ohio, junto a Elizabeth Warren de Massachusetts ejercieron un exitoso lobby a favor del nombramiento de Janet Yellen como titular de la Fed en 2014. Ahora Brown estaría a favor de impulsar a la economista Lisa Cook de la Michigan State University, pero no tendría consenso en su bloque. Warren, a su vez, sigue prefiriendo a Brainard, pero no ha formulado un apoyo explícito para postularla en lugar de Powell. Alexandria Ocasio-Cortez, y sus colegas Ayanna Pressley y Rashida Tlaib, siguen criticando al titular de la Fed, pero no tienen definido un candidato alternativo. Tampoco para las vicepresidencias de la Fed.

El lunes pasado unas veinte ONGs y sindicatos firmaron y remitieron al presidente Biden una carta elaborada por el grupo Revolving Door Project del think-tank de izquierda Center for Economic and Policy Research. En la misma le exigen a Biden que nombre a funcionarios que junto a las cuestiones propias de un banco central, prioricen al problema del cambio climático y el racismo.

La carta apunta no sólo a la nominación de un potencial reemplazante “progresista” para Powell, sino para las dos sillas de vicepresidente que quedarán vacantes en breve. Dentro de poco más de un mes (el 13 de octubre) termina el mandato de Randall Quarles, vicepresidente a cargo de la supervisión del sistema financiero (el “superintendente de entidades financieras”), y el próximo 31 de enero también llega a su fin el mandato del vicepresidente de la Fed, Richard H. Clarida, exdocente de la Universidad de Columbia entre 1988 y 2018, y director del Departamento de Economía de dicha universidad entre 1997 y 2001.

El lobby “progresista” lejos está de ser sólido y con amplio consenso. La carta de la semana pasada está en línea con habituales declaraciones de la legisladora neoyorquina Ocasio-Cortez o de Jeff Hauser, director del Revolving Door Project, en contra de la permanencia de Powell en la Fed, acusándolo de ignorar el cambio climático y de ser demasiado benévolo con las entidades bancarias. Pero el propio titular del Center for Economic and Policy Research, Dean Baker, publicó en mayo en la página web de su organización un artículo con una contundente defensa de Powell titulada: “El presidente Biden debería volver a nombrar a Powell titular de la Fed. Ahora”.

En principio parece ser extremadamente baja la probabilidad de que la Casa Blanca opte por funcionarios que pongan en riesgo el manejo de la coyuntura de la Fed, que ha consolidado la confianza en Powell de los mercados financieros, de los republicanos más aversos a la inflación, y de los demócratas que no quieren poner en riesgo la creación de nuevos empleos. Tampoco parecería ser una solución mantener a Powell y nombrar dos vicepresidentes con enfoques totalmente divergentes de los de su Presidente y de otros miembros de la Junta de Gobernadores.

Al menos para octubre nadie espera que Quarles sea sustituido por alguien con un enfoque radicalmente diferente. Tampoco sería de descartar su nombramiento por un nuevo período, al igual que Clarida en enero próximo. Sin embargo, y dados los interrogantes que ha generado el propio Biden luego del “episodio Afganistán”, queda cierto margen de duda. Habrá que esperar el transcurso de este mes para ver de qué manera la Casa Blanca despejará esta incertidumbre sobre el futuro de la conducción de la Reserva Federal y el de su política monetaria a partir del año próximo.