Rotación y selectividad: el que se queda quieto pierde

Guzmán deberá colocar más deuda para afrontar nuevos vencimientos. Con las últimas medidas, el BCRA dejó de perder reservas pero rompió el mercado. Los bonos se arrastran con un riesgo en las nubes. Y la bolsa local baja más con negocios mínimos.

23 de agosto, 2021

Rotación y selectividad: el que se queda quieto pierde

Por Luis Varela

Tic tac, el minutero corre. Con las PASO  a tres semanas, menos de 500 horas, cambia, todo cambia. El mundo está presentando otra realidad y la foto local se está recrudeciendo. El exterior está marcado por el aumento de muertes ante la cepa Delta y por el inicio del fin del dinero gratis. Y a nivel interno una masa de gente desesperada se moviliza, miles de personas pasan a la pobreza diariamente con precios que suben sin parar.

Los dos lotos internacionales que se ganó Argentina inesperadamente este año ya se gastaron y ya no existen. Las cotizaciones espectaculares que tuvieron las commodities hace dos meses se desinflaron. Y la Reserva Federal de EE.UU. ya confirmó que antes de fin de año deja de tirar dólares desde helicópteros, por lo que en la última semana el dólar subió en el mundo contra todas las monedas. La soja ya no es lo que era y el dólar ahora no se deshilacha.

Esta nueva condición cambió por completo las cuentas externas, el BCRA fue el primero en advertirlo, y así como se hizo con la nueva ley de alquileres (que rompió el mercado), Miguel Angel Pesce aplicó un súpercepo cambiario ultra recargado, con lo que acaba de dejar sin nafta al mercado de capitales, una provisión de pesos que el ministro de Economía, Martín Guzmán, necesita con desesperación, y que ya no tiene.

Los pasos del BCRA

¿Por qué tomó esa decisión el BCRA? Simple, hizo las cuentas: faltan 12 semanas para las elecciones legislativas el 14 de noviembre, y con un fuerte drenaje de dólares no llegaba a las urnas, se quedaba sin reservas, y con eso el precio del dólar se eyectaría justo unos pocos días antes de que la población tuviera que votar, lo cual sería un desastre para las pretensiones del Gobierno.

El titular de Reconquista 266 fue el primero en darse cuenta de la realidad. En julio (cuando se cobró la soja de US$ 610 y el maíz de US$ 304), Argentina logró la mayor exportación mensual desde 2013, nada menos que  US$ 7.252 millones, lo que generó en ese mes un sorpresivo superávit comercial de US$ 1.537 millones. Pero entre importaciones, gastos y dinero tirado para frenar al dólar las reservas de julio crecieron en apenas US$ 144 millones. O sea, 91 de cada 100 dólares ingresados se esfumaron, se evaporaron por completo.

Y ahora, en agosto, la realidad es otra. Con una ley laboral ultraflexible, Estados Unidos está creando empleo (no tan rápido como se esperaba, pero de modo mucho más consistente que en Europa y China). Por el Covid, la producción va más lenta que el dinero repartido por Joe Biden, y la inflación enciende las luces. Y las minutas de la Reserva Federal ya pusieron la nueva agenda: en noviembre, o a lo sumo en diciembre, empieza reducir la compra de bonos en Wall Street.

Con menos dólares arrojados desde helicópteros, el billete verde volvió a ser mirado por los inversores mundiales y subió contra todas las monedas. La semana pasada en el exterior el dólar subió entre 0,2 y 2,5% contra el real, la libra, el chileno, el euro, el yuan, el franco suizo y el yen. Y ahora que tiene presión alcista en el mundo, cambia la condición de los precios de las materias primas.

Las commodities

En tres semanas de agosto, ahora que el dólar está más firme, los metales básicos bajan entre 2 y 7% en el mundo, la soja acaba de caer 8,6% en Chicago, los metales preciosos (que no pagan renta) acusan caídas del 2 al 9% y lo único que sigue volando son las criptomonedas, con el Bitcoin acumulando una recuperación del 22% en el mes, a pesar del montón de regulaciones que le está poniendo China y de los bloqueos que están armando los bancos de Occidente para que los inversores no se escapen de las monedas y de los fiscos.

Además, la “por ahora” promesa de iniciar el tapering en noviembre le dio una estocada a las Bolsas. La Fed viene comprando bonos en Wall Street de a US$ 120.000 millones por mes (40.000 en titulos respaldados por hipotecas y 80.000 en papeles de la propia Fed). Y el tapering marca que en noviembre la compra de papeles hipotecarios bajaría a US$ 30.000 millones en un achique gradual, mensual, con un joystick que se irá moviendo de acuerdo a la respuesta del mercado. Pero por ahora, el mapa dibujado en el agua por Jerome Powell es ese.

Frente a esa guía, ese plan, algo que Argentina se niega a entregar desde hace más de veinte meses, las bolsas mundiales perdieron espuma la semana pasada. No fue gran cosa, porque navegan en máximos históricos, pero hubo bajas: hubo un achique del 0,7 a 3,4%, con Tokio y San Pablo como los recintos más afectados, y con Frankfurt, el Nasdaq d NY y la Bolsa de México como los menos tocados.

“Esta baja tiene adentro cambios gigantescos -describió un experimentado operador de Wall Street- Hay papeles que están cayendo más del 50% y otros que suben 10%. Se trata de una gran rotación y selectividad, con los inversores más duchos vendiendo a dos manos lo que más subió y comprando lo que quedó atrasado. El que se queda quieto pierde. Y por delante vemos un tobogán que en los índices se mostrará como una baja quizás suave. Veremos qué sucede cuando suban las tasas cortas, si lo hacen, y hasta qué nivel”.

“Por ahora los inversores globales no compran bonos. Ese tipo de títulos de empresas confiables, que pagarán el dinero comprometido, ofrecen tasas a vencimiento inferiores a la inflación, y eso no seduce a la gente, por eso prefiere seguir comprando acciones, aún a riesgo de que Wall Street se sumerja en una toma de ganancias, que algunos expertos advierten que puede llegar a superar una caída del 20%”, siguió el razonamiento especulativo.

Argentina diferente

Y en Argentina, por supuesto, siempre pasan cosas diferentes. El Banco Central le bajó la barrera al mercado cambiario, atándole las manos a las ex casas de Bolsa, hoy denominadas ALYC (Agentes de Liquidación y Compensación), e insólitamente la Comisión Nacional de Valores, que es la que regula a esas entidades, se mantiene muda, sin definir las reglas, lo cual generó un gran desconcierto, que está provocando un peligroso principio de salida del dinero del sistema.

El Banco Central hizo lo que hizo porque de lo contrario se quedaba sin reservas, y ciertamente logró su cometido. Entre el 26 de julio y el 13 de agosto el BCRA perdió reservas por US$ 75 millones por día y la semana pasada pudo sumar US$ 12 millones diarios. Dio vuelta la ecuación. Rompió el mercado, generó una gran desconfianza, pero el drenaje de reservas fue contenido.

¿Qué impacto tuvo esto en el mercado cambiario? La semana pasada el contado con liquidación rebotó 2,4%, con el dólar blue y el MEP planchados sin cambios. El blue está en la cumbre del mercado con un valor de $182 mientras que el MEP y el CCL arañan los $170. Pero ahora, gracias al súper cepo del BCRA, con volúmenes más acotados, ya que los inversores buscan otros caminos para dolarizarse, como la compra de Cedears, criptomonedas o lo que sea.

Y lo que viene no es sencillo. Este miércoles se celebra la reunión de Jackson Hole, donde se reúnen los principales jefes de bancos centrales del mundo para definir la política monetaria global. Y el viernes Guzmán realizará otro intento para conseguir pesos del mercado, para no tener que pedirle tanta emisión al Banco Central, porque el mercado no soporta más. Lo que se emite tiene que ser absorbido por el BCRA a través de Leliqs, y esa masa de títulos es tan grande que sólo en intereses ya lleva pagados este año un monto equivalente a un mes de recaudación impositiva total, un absurdo sin ninguna cabeza.

En la licitación de la semana pasada, Guzmán logró conseguir pesos, pero por primera vez desde que está en Economía tuvo que aceptar dos cosas que hasta ahora jamás había hecho: pagar tasas de interés positivas (superiores a la inflación) y en plazos más cortos (la mitad del dinero que tomó vencerá 15 días antes de la elección de noviembre). Los inversores le dieron pesos, convencidos que quemará todas las naves del mundo para no devaluar antes de la elección, pero piensan bajarse antes de las urnas porque piensan que después la suba del tipo de cambio es inevitable.

¿Cómo reaccionaron los títulos frente a semejante coyuntura? A los bonos argentinos no les fue tan mal, tuvieron una suba semanal del 0,5%, el riesgo país sigue en las nubes, a 1.599 puntos, con las cotizaciones contado arrastrándose, a pesar de prometer tasas a vencimiento de más del 20% anual. Y la Bolsa argentina estuvo entre las peores, tuvo una caída semanal del 2,5%. Entraron los balances trimestrales con cierre a junio, el 26% de los estados contables llegó con aumentos de ganancias superiores a la inflación y el 74% de las compañías se ahogó. El volumen en acciones locales sigue siendo insignificante: no hay compradores ni para empresas que muestran buenos balances y que tienen cotizaciones 80% más bajas que hace tres años.