Máximo y Wado, con mensajes contradictorios hacia el empresariado

Si “Wadito”, como le dice el Presidente, quiere derribar los prejuicios que el empresariado vernáculo tiene con el oficialismo, Máximo, esta vez, no lo ayudó

22 de agosto, 2021

Máximo y Wado, con mensajes contradictorios hacia el empresariado

El diálogo es un arte. Saber dialogar y sostener el hábito no es fácil.

La semana pasada, el ministro de Interior, Eduardo Wado de Pedro, dialogó con cerca de un centenar de ejecutivos de empresas de Estados Unidos que operan en Argentina, nucleadas en AmCham.

“Queremos derribar los prejuicios de los empresarios con el Gobierno”, dijo, tras el encuentro virtual. “Vieron que tenemos una idea para el país y para el sistema productivo argentino. Que muchas cosas que se dicen de nosotros no son así. Quizás antes, cuando tuvimos la administración de poder, no nos acercamos lo suficiente y nos pusieron un etiquetado frontal que no es. Pero las etiquetas con el tiempo se terminan cayendo”, agregó, luego, ante La Nación.

Wado no está, como sus colegas Martín Guzmán o Matías Kulfas, detrás de la botonera macroeconómica del Gobierno o en la diaria de la gestión financiera. Para los empresarios, su valor no es ese sino el hecho de que es un cuadro político dentro del Gobierno y un referente del kirchnerismo, con proyección inercial a futuro.

No quieren saber qué pasará con el dólar poselectoral o la estrategia para renegociar con el FMI sino saber qué país tiene en la cabeza y, específicamente, qué lugar tienen las empresas en esa cosmovisión. Por eso lo convocaron en AmCham. En abril, lo habían convocado a Bariloche desde el Grupo Argentina Mejor (GAM) donde están nucleados los descendientes de los dueños de las principales empresas nacionales. En general, son diálogos cordiales con tono anti-grieta aunque, en los hechos, luego no redunden en mucho.

Las mesas y los interlocutores

En 2020, Wado participó en una recordada cena con Miguel Acevedo (por aquel entonces, presidente de la UIA), Marcelo Mindlin (Pampa Energía), Marcos Bulgheroni (Pan American Energy), Jorge Brito (h) y Hugo Dragonetti (Panedile).

Quien también estuvo en esa reunión fue Sergio Massa, con larguísimo recorrido en las tertulias con empresarios. El otro integrante oficial era Máximo Kirchner. El diputado no solo está más interiorizado en los asuntos económicos sino que su atractivo en la escala política está potenciado por todos lados: peso propio, apellido, iniciativa y proyección ejecutiva.

“Tanto a Máximo como a Wado los he conocido hace dos o tres años y tengo una buena relación con ellos, muy fluida y son personas que te permiten decir lo que pensás. Nos llevamos bien porque les gusta el debate ideológico. Por ahí pueden tener una visión distinta que uno en la forma de hacer las cosas, pero en el fondo quieren lo mismo: que a Argentina le vaya bien. Tal vez se creó un cuco muy importante, que claramente es un error de ellos no poder transmitir cuando no lo son. La política no sólo se trata de ser sino de poder transmitir esto. Para la política es importante que ellos, que hoy tienen un rol tan importante en este Gobierno, puedan hacerle entender a la gente que su forma puede ser distinta pero que creen verdaderamente en la inversión privada. Inclusive tienen relación con la oposición y la oposición tiene relación con ellos. Yo creo que ese es el camino a seguir”, dijo Brito, días atrás, en un reportaje a Cenital.

Las grandes fortunas

Por “visión distinta que uno en la forma de hacer las cosas” se puede entender, por ejemplo, el “aporte a las grandes fortunas”. En esa mesa, y varias otras que no trascendieron, los empresarios dejaron en claro que ese gravamen les parecía una mala iniciativa. Máximo dio sus motivos, explicó porque lo consideraron necesario en el Gobierno y dejó en claro, como a veces dice Guzmán, que los que gobiernan son ellos. Lo que pasó con ese aporte de única vez (en principio), es conocido.

¿Malos e “inflacionarios”?

Dado ese trasfondo de relacionamiento, tan normal como bienvenido en una Argentina que hilvana tres años de caída en su PIB, y las palabras de Wado de la semana pasada, resultan sorpresivas algunas consideraciones de Máximo el viernes pasado en Talleres Fumaca en Tres de Febrero en el marco de la campaña hacia las PASO.

En una breve alocución, ponderó al dueño de la empresa “que me dijo el nombre de la gente que trabaja con él, ‘este es Aldo’, ‘este es Germán’”. Tras la recorrida, agregó Kirchner, “también me contaba como muchas veces, aquellos que ni saben los nombres de sus trabajadores y sus trabajadoras, cuando pueden, digamos, ir en contra de su propio país que los volvió a empresarios, les suben todo el día el precio del aluminio, como hace Aluar, o como hace Ternium con la chapa de hierro”.

“¡No conocen el nombre de nadie, siempre se quejan de nuestro país y este país es el que los volvió empresarios eh!”, agregó, antes de sugerir que el líder de la empresa que da sustento directo a más de 3.500 familias en Puerto Madryn y exporta por US$ 800 millones en años normales o los que están al frente de la empresa que motoriza la economía de San Nicolás, y forma parte de un grupo que emplea a más de 20.000 personas en el país, no son buenos seres humanos.

Aluar, Tenaris y otras grandes empresas no son el problema de Argentina: muy por el contrario, la escasez de compañías de esa envergadura son uno de los tantos problemas económicos que la aquejan.

¿Empresarios “inflacionarios” y malos? El clásico pase de factura auto-exculpatorio del oficialismo por su hije bastardo y disruptivo (la inflación), en un contexto de crisis aguda en las cadenas globales de suministro, además combinado con consideraciones personales o morales sobre la bondad humana de los empresarios no configuran, ni por asomo, un método acertado para el necesario deshielo entre la política y el mundo de la producción. Si “Wadito”, como le dice el Presidente, quiere derribar prejuicios entre el empresariado vernáculo, Máximo, aquí, no lo ayudó.