La estrategia de ser incontenible

Los argentinos/as nos vamos cansando de las grietas y las grietas de las grietas. Sepamos distinguir qué dirigentes trabajan para la unidad en la diversidad y quiénes trabajan para ellos mismos.

4 de agosto, 2021

Juntos por el Cambio

Por Federico Recagno (*)

Así como la literatura nos ha hecho ver que las fieras huelen la sangre que pierden sus presas, el mundo de la política, los políticos, perciben la notoria debilidad del Presidente que lo coloca en un mandato sin probable reelección.

Tal vez por eso las PASO que vienen poseen una dinámica que no han tenido en otros momentos. Por el lado del oficialismo, en el kirchnerismo y Frente Renovador, se trata de poner candidatos (no figuras) que fortalezcan, sobre todo, las cámaras nacionales y la legislatura de la provincia de Buenos Aires.

Por el lado de la principal fuerza opositora se dirimen los espacios que tendrán cada uno de los partidos que la conforman, pero también qué posibilidades presidenciales tendrán algunos de sus candidatos.

De esto último derivó el apuro de trocar postulantes del Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma, lo que, en un efecto dominó, estimuló nuevos alineamientos y pretensiones.

El temor de muchos votantes de Juntos por el Cambio (JxC), que se expresa en las conversaciones y en las redes, es que las disputas puedan brindarle aire a un oficialismo asfixiado en sus contradicciones.

Por su cuenta, además de un Gobierno que no arranca, ni parece hacerlo, la desconfianza de los adherentes del oficialismo, es que algunos de sus integrantes se tienten, en el corto plazo, a hacer “rancho aparte”, poniendo en peligro futuras decisiones y/o elecciones.

Más allá de las dudas enunciadas, no debería asustarnos votar, en primarias, espacios, ideas y personas que a la corta confluirán en una misma boleta. Si Diego Santilli no ganara, no va a alejarse el PRO de JxC, como no lo hará el radicalismo si Facundo Manes resultara segundo.

El electorado, superadas las PASO, se enfilará detrás de los candidatos que queden, por eso es útil una primaria, para elegir con mayor libertad a aquellos que mejor puedan representar sus ganas, necesidades y valores. Lo mejor para cada espacio político es que pueda figurar, en sus listas, la mayor variedad de pensamiento.

Esta posibilidad no debe alentar las pequeñas o grandes mezquindades que tengan las respectivas figuras partidarias. Un fuerte párrafo merece Elisa Carrió. Su estilo ha hecho que su partido tenga una única voz, la de ella y que no aparezca una figura para sucederla en el corto plazo a pesar de sus buenos dirigentes.

Su anunciada jubilación y el ocaso que va llegando, la conducen, una vez más, a los excesos verbales, a las denuncias y amenazas, y al juego que va del apocalipsis (fin del mundo) a la tierra prometida (paraíso). Ambos caminos la tienen, alternativamente, a ella como guía.

Pretendió autoproclamarse la garantía de la unidad sin eco. Se quejó, para inmediatamente virar, del ninguneo que sufrió su coalición por parte del PRO. Incluso tuvo, por exceso de protagonismo, temerarias declaraciones en contra de las vacunas, dándole pie al Gobierno. Acusa, desde su personalidad autorreferencial, de mitómanos a los demás.

A los dirigentes sindicales se les critica, las más de las veces con razón,  que, tras largos años de mandato cuiden más sus sillas que a sus trabajadores. Algo similar puede ocurrir con las y los dirigentes partidarios, a los que el temor de que el paso del tiempo los convierta en panelistas televisivos en programas donde nadie se escucha, termine poniendo en peligro las construcciones de tanto ciudadano que, con buena voluntad, se suma a la generación de nuevas ideas.

Los argentinos/as, en buena cantidad, nos vamos cansando de las grietas y de las grietas de las grietas. Sepamos distinguir, oficialistas y opositores, qué dirigentes trabajan para la unidad en la diversidad y quiénes trabajan para ellos mismos.

(*) Secretario General Organización de Trabajadores Radicales (OTR CABA)