Empleo y trabajo en Argentina

"Empleo y trabajo en Argentina": primera entrega del InfoHub realizado entre LLyC y El Economista

16 de agosto, 2021

Empleo y trabajo en Argentina

Empleo y trabajo en Argentina: primera entrega del InfoHub realizado entre LLyC y El Economista (ver PDF)

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El desafío de crecer, crear más y mejor empleo y mejorar el bienestar de la población

Por Luis Secco y Emilia Alías

La crisis de largo plazo que atraviesa la Argentina puede caracterizarse observando el estancamiento de la actividad económica; la alta y creciente inflación; la insuficiencia de inversiones; y las dinámicas que hacen a la oferta y demanda de trabajo, la desocupación, los ingresos y su distribución. Estas últimas dinámicas son de una altísima sensibilidad social, política y mediática, condicionan los ambientes laborales y las políticas de empleo y responsabilidad social de las empresas y son presentadas las más de las veces como el objetivo central de las políticas públicas. A manera de introducción abordamos esta problemática desde un punto de vista cuantitativo.

Oferta de trabajo y composición del empleo

De acuerdo con los resultados de la última EPH elaborados por el Indec, hay 13,3 millones de personas en edad de trabajar (entre la franja de 15 a 64 años), sobre un total de 28,8 millones de individuos relevados. De ese total, solo 41,6% está en un empleo registrado, es decir, tiene ingresos declarados, como asalariado (8,6 millones de personas) o independiente (3,4 millones); al interior de la población asalariada, el 32,4% no tiene descuento jubilatorio. Las otras personas están desempleadas (10,2%, equivalente a unos 1,3 millones de individuos) o son consideradas inactivas (unos 15,5 millones de personas no tienen empleo ni lo buscan).

Nótese que la tasa de participación (la oferta de trabajo) es de apenas 46,3%, un guarismo muy bajo si se compara con cualquier estándar internacional, pero que se ha mantenido sin demasiados cambios desde que se cuenta con información; salvo lo acontecido durante la pandemia, cuando se alcanzaron los niveles más bajos de la serie (43,2% en promedio en 2020). Este hecho, la falta de predisposición a ofrecer trabajo –buscar empleo– ya sea por las dificultades para conseguir uno o porque los planes y la ayuda estatal reducen el incentivo a buscarlo, permite lecturas más bajas de la tasa de desocupación.

Otra forma de ver este mismo fenómeno es cruzando esta información con los datos que releva el SIPA y publica el Ministerio de Trabajo; de ello resulta que sólo el 20% de la población forma parte del empleo asalariado privado formal –el de mayor calidad–. Este porcentaje viene reduciéndose desde hace una década: en 2012 el total de empleos privados formales era de 6.1 millones, mientras que en los últimos doce meses ese número bajó a 5,8 millones (una caída de más de 4 puntos porcentuales), mientras que la población económicamente activa no deja de incrementarse (630.000 personas más entre 2012 y el 1T-2021). En el mismo período, solo creció el empleo público (22,1%) y el independiente (14,7%).

Composición de la desocupación

Ahora, tomando otros datos del informe del Indec referidos a la composición de la desocupación, surge que el 31,8% de los desocupados han permanecido en dicha condición por más de un año, porcentaje que se eleva a 56,5% si también se considera a quienes han permanecido desocupados de 6 a 12 meses. Al mismo tiempo, 22% de los desocupados informa que nunca tuvo un empleo formal anterior.

Todas las cifras comentadas hasta ahora no hacen más que poner en evidencia una realidad que lamentablemente no es nueva: el mercado laboral se caracteriza de un tiempo a esta parte por la persistencia del desempleo, las dificultades para acceder a un primer trabajo y la baja calidad de la ocupación de la mayoría de los argentinos.

Otro dato interesante resulta de observar la desocupación según su nivel educativo. Si dividimos los desocupados en 3 grupos, los que no llegaron a completar su educación secundaria (incluyendo los que no terminaron la primaria), los que tienen el secundario completo y los que recibieron alguna educación superior o universitaria, se observa que en el pool de desocupados los 3 grupos participan prácticamente en proporciones similares (35,2%, 32,9% y 31,8%, respectivamente). Es probable que el último grupo se encuentre en mejores condiciones de conseguir empleo si se iniciara una dinámica favorable de aumento la de demanda de trabajo. Pero no hay que perder de vista el hecho que estamos hablando que ni el secundario completo ni la educación superior han servido para evitar el riesgo de quedar desempleado. Lo cual puede ayudar a comprender parte de la fatiga y frustración que hoy muestran las clases medias urbanas de Argentina.

Distribución del ingreso

Inexorablemente, los problemas del mercado laboral y las dificultades de la economía argentina para generar empleo de calidad se han traducido casi de manera irremediable en un deterioro de la distribución del ingreso y un menor bienestar para buena parte de la población.

Sólo en los últimos 5 años, es más que notoria la reducción de la participación en el ingreso de los estratos de más bajos ingresos (o visto de otro modo, la mayor participación de los estratos más altos): en el 1T-2021, apenas el 13,7% de los ingresos se concentraba en el estrato bajo (los primeros cuatro deciles) mientras el 48,4% estaba en mano del estrato de ingresos altos (formado por los últimos dos deciles de la escala). Estas participaciones eran 14,7% y 47,9% respectivamente en el 2T-2016

Pero el fenómeno de deterioro no es reciente e incluso data de más de 40 años atrás. Aun cuando hubo una mejora ostensible de la participación en el ingreso de los estratos bajos y medios –en detrimento del estrato más alto– entre 2004 y 2015 (desde 12,2% y 53,2% en el 1T-2004 a 15,7% y 44,4% en el 2T-2015), las participaciones están lejos de alcanzan las de mediados de los setenta (17,5% y 43,7% en octubre-74).

Empleo y trabajo en Argentina

La pérdida de poder adquisitivo de los ingresos

Ahora bien, cambios en la participación de cada decil o estrato pueden no reflejar cambios en los niveles de bienestar de la población. Puede darse el caso (como ha sucedido en varios episodios históricos de la Argentina) que un deterioro de la distribución del ingreso (pérdida de participación de los deciles más bajos) vaya acompañado de una mejora tal del nivel de ingreso que resulte en un mayor nivel de bienestar no solo general sino incluso de los deciles que vieron perder participación en el ingreso. Y, viceversa, puede darse el caso de períodos en los que la distribución del ingreso mejora (aumenta la participación de los deciles más bajos) pero sus ingresos reales y su nivel de bienestar se reducen.

Los últimos datos disponibles (los del 1T-2021) muestran que los ingresos en términos reales mejoraron respecto de los del 4T-2020 para todos los deciles, lo que podría interpretarse como un mejor nivel de bienestar para todos los individuos, independientemente de que la distribución del ingreso entre esos períodos haya experimentado un incremento en la participación del estrato de ingresos más altos (quinta línea de la tabla de comparaciones).

Si se comparan los ingresos del 1T-2021 con otros períodos precedentes, surge que el nivel de ingreso real hoy está apenas por encima del que había a la salida de la hiperinflación (1989/90), con una participación en la distribución de dichos ingresos que actualmente resulta más favorable para el estrato medio que en aquel entonces (cayó tanto la participación del estrato de ingresos más bajos como la del de ingresos más altos). Es decir, se modificó la distribución, pero no hubo mejoras significativas en el bienestar (primera línea de la tabla de comparaciones).

Por el contrario, la distribución empeoró durante los ’90 (mayor participación del estrato de ingresos altos), pero la estabilidad de la Convertibilidad permitió mejorar el bienestar de la población. En su mejor momento, los ingresos en términos reales fueron mayores a los de principios de dicha década y resultan ostensiblemente superiores a los actuales: la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos entre octubre-98 y el 1T-2021 llega a 28%. Una medida que muestra con elocuencia el empobrecimiento generalizado producto de la crisis de larga duración por la que atraviesa nuestro país.

Finalmente, prepandemia (1T-2020), la distribución del ingreso resultaba algo más progresiva que la de la Convertibilidad, pero con un nivel de ingresos reales menor (y, por lo tanto, menos bienestar), conclusiones que se extienden a los primeros tres meses de 2021 (a pesar de una recuperación en el margen de los ingresos reales durante ese trimestre).

Sin crecimiento, no habrá mejoras en el empleo ni en el bienestar

Una y otra vez, Argentina parece enfrentarse a las mismas problemáticas. Los avances en materia de empleo y distribución de los ingresos conseguidos con posterioridad a la crisis de 2002 prácticamente se han esfumado, y una vez más –cuándo no– el país se enfrenta al desafío de crear puestos laborales (mayor cantidad y mejor calidad) que ofrezcan una oportunidad especialmente para los sectores más vulnerables y para los que están en riesgo de quedar marginados.

En este sentido, resulta fundamental que las políticas públicas no estén únicamente orientadas a mejorar las participaciones de los distintos estratos de ingresos en la distribución de la riqueza económica, sino también a mejorar los ingresos reales (el poder adquisitivo) de la población, toda vez que resulta preferible un mayor bienestar para todos los individuos (sobre todo, el de los sectores más pobres) independientemente de su participación en la distribución de dicha riqueza.

Pero para ello se vuelve necesario que la economía pueda encausarse en un sendero de crecimiento sostenido. Porque difícilmente pueda pensarse en encontrar una solución para temas tan angustiantes como el desempleo y la pobreza cuando el país naufraga cada ocho años en una crisis y el PIB muestra una caída absoluta en uno de cada cuatro años.

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Entrevista a Jorge Colina (Idesa)

Colina: “Los tres principales problemas de la legislación laboral son los salarios de convenio, las cargas sociales y la indemnización por despido”

 

Según los datos del SIPA de abril de 2021, en Argentina hay 5,8 millones de asalariados registrados en el sector privado. No solo son pocos sino que son menos de los que había hace 10 años. ¿Por qué Argentina crea tan poco empleo privado “en blanco”?

 El problema viene por el lado de la demanda y de la oferta laboral. Por el lado de la demanda laboral, la inversión en Argentina siempre fue baja. Siempre se mantuvo por debajo del 20% del PIB, cuando para un país emergente se espera que se ubique por encima del 25% del PIB, si quiere tener un proceso sostenido de crecimiento económico y laboral. Entre 2004 y 2012 la baja inversión se suplantó por los altos precios internacionales y la gran demanda internacional por exportaciones argentinas. Pero pasado el boom, volvió a emerger las consecuencias de la baja inversión. Por el lado de la oferta laboral, en Argentina, de la gente en edad de trabajar sólo un tercio tiene condiciones educativas y de experiencia laboral para abordar un empleo asalariado registrado en una empresa moderna. El otro tercio sólo puede desempeñarse en la informalidad y el otro está en la inactividad laboral y el desempleo. Estos dos tercios que están en la inactividad, el desempleo y la informalidad no tienen condiciones de empleabilidad para una empresa formal.

Desde el sector privado, se suelen escuchar críticas hacia la legislación laboral, con foco en los costos extrasalariales o la rigidez normativa, que se ha agravado desde que llegó la pandemia con la prohibición de despidos o la doble indemnización. ¿Cuáles son las críticas más atendibles en ese frente?

Los tres principales problemas de la legislación laboral son los salarios de convenio, las cargas sociales y la indemnización por despido.  Los salarios de convenio son muy elevados para las pyme. Para tener una idea, mientras el Salario Mínimo, Vital y Móvil está en el orden de los $20.000, el salario de convenio del sector comercio se ubica en el orden de los $50.000. Este es un nivel muy elevado para la productividad prevaleciente entre las empresas más chicas y en el interior del país. Por eso, hay tanta informalidad en este segmento, y los que formalizan lo hacen en “gris” (parte en “blanco” y parte en “negro”). Esto también trae la rigidez salarial porque salarios tan altos no dejan lugar para premios por productividad. Las cargas sociales sumando las de seguridad social más las sindicales (que salen de los convenios colectivos) suman 50% del salario de bolsillo del trabajador. Esto es importante porque por cada $100 que se lleva el trabajador, el empleador debe pagar $150. Esta brecha es una invitación a la informalidad porque fácilmente se llega al arreglo por el cual, en “negro”, el trabajador se lleva más plata a la casa y el empleador baja el costo laboral. La indemnización por despido es desde el comienzo mismo muy onerosa (menos de 1 año de antigüedad implica más de 2 salarios) y luego va creciendo con los años de antigüedad. Cuando se llega a 10 años de antigüedad, la deuda contingente que tiene el empleador por cada trabajador es impagable. El empleador termina liquidando algún activo personal para sacarse el problema de la indemnización. La gran paradoja es que mientras una maquina se desvaloriza, un trabajador genera un pasivo impagable con el tiempo. Peor incentivo al empleo no puede haber.

Hacia adelante, ¿qué cambios propondría para aumentar la absorción de mano de obra?

Macroeconomía sana para que la inversión esté sostenidamente por encima del 25% del PIB.

En legislación laboral haría tres cosas.

-Mínimo no imponible a la masa salarial para el pago de las contribuciones patronales con destino a ANSES y PAMI, más la posibilidad de tomar parte de las contribuciones patronales como crédito de IVA.

-Hacer que los empleadores puedan tomarse como crédito sobre las contribuciones patronales al Fondo Nacional de Empleo parte de la indemnización por despido de trabajadores con más de 3 años de antigüedad.

-Con respecto a los convenios colectivos de trabajo sectoriales haría lo que hacen Alemania y España. Dar la opción a las pyme a salirse del convenio sectorial para firmar un convenio de firma, en la medida que la mayoría de los trabajadores estén de acuerdo. Si los trabajadores no estuvieran o dejarán de estar de acuerdo, recién se aplicaría el convenio sectorial.

Usted ha estudiado el problema del empleo joven. ¿Qué se puede hacer para acelerar y estimular su ingreso al mercado laboral?

Se podrían hacer dos cosas.

-Desburocratizar el actual contrato de pasantía: establecer que su registración no sea en formato papel sino digital, que sea lo más simple posible, eximir de la obligación de dar obra social (el joven necesita aprender a trabajar, no cobertura de salud que la tienen por los padres o en el hospital público) y establecer que si hay fallas del contrato se termina la pasantía (en lugar de pasar a contrato permanente como es en la actualidad).

-Establecer que los primeros 60 meses de aportes y contribuciones ANSES y PAMI sea con alícuota 0%. De esta manera, se facilita la entrada al empleo asalariado formal de las personas sin experiencia laboral.

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El trabajo humaniza el capitalismo

 El XXIV Encuentro Anual de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) volvió a ser noticia en 2021. El año pasado, durante su discurso de cierre, el presidente Alberto Fernández explicó que está de acuerdo con el capitalismo, pero no con el actual sino con el que soñaba Enrique Shaw.

El encuentro de este año contó con un mensaje grabado por el Papa Francisco para la apertura, en el que se manifestó feliz de haber firmado recientemente las virtudes heroicas -propias de un proceso de canonización- del referido fundador de ACDE y por compartir las premisas contenidas por el programa.

Una mirada cristiana de la economía debe estar centrada en una sociedad más justa, explicó, que debe transitar el camino de una economía social que se debe construir entre todos: trabajadores y empresarios, sindicalistas y dirigentes, según enumeró. “Tenemos que transitar el camino de la economía social”, recomendó.

“Hay que distinguir entre economía social y economía popular”, aportó el dirigente social Emilio Pérsico (Movimiento Evita). “La economía social -de cooperativas, asociaciones y mutuales- nace dentro de este capitalismo y la economía popular tiende a resolver un problema central de este nuevo capitalismo que es el problema del trabajo, es decir, pone la prioridad sobre la distribución del trabajo y no sobre la plusvalía”.

Cuando una personalidad tan destacada como el Papa se expresa sobre un tema importante es necesario medir tanto lo que dice como lo que soslaya, así como las inflexiones más destacadas.

Tanto el Papa como el magisterio de la Iglesia hacen hincapié en que la economía debe tener como centro al hombre, y la única manera de que adquiera protagonismo es mediante el trabajo, sea como operario, jerarquizado, gerente, inversor o lo que sea. Por eso es que el mensaje puso énfasis en “la economía de lo concreto” versus la financiarización, como llamó en Laudato Si a la transformación de la economía real en una economía mediática signada en los últimos tiempos por las burbujas financieras. “Como la cadena de San Antonio -ejemplificó en su mensaje a los empresarios-, creemos que hay mucho y, al final, no hay nada”. Por eso es que se refirió a eso de esconder la plata. Como en el campo cuando la vaca se seca y los paisanos se preguntan por qué esconde la leche. “Uno esconde cuando no tiene la conciencia limpia o cuando está rabioso”, explicó. En cambio, llamó a los empresarios a invertir, y a ser creativos y audaces.

Pero lo que quedó para la anécdota fue aquello de los paraísos fiscales. Ciertamente, Jorge Bergoglio sabe tirar títulos pero no pudo evitar que lo accidental se haya devorado lo sustancial de su mensaje.

“Los países exitosos se caracterizan por tener una profusa oferta de trabajo”, agregó el presidente del XXIV Encuentro, Ignacio Gorupicz, porque es una causa en la que se entremezclan la promoción del bien común y la generación de confianza social. “Empleo registrado, productivo y de calidad: la Organización Internacional del Trabajo lo describe con el adjetivo de ‘decente’”. Luego de lo cual enlistó las condiciones necesarias para la creación de trabajo: un contexto macroeconómico previsible, educación para la empleabilidad, igualdad de género, seguridad jurídica para invertir, cuidado del medio ambiente, una economía verde y circular, libertad de contratación, condiciones de trabajo saludables y seguras, adaptabilidad al cambio tecnológico, umbrales mínimos de ingreso por encima de la línea de la pobreza, menor presión impositiva en las escalas más bajas, y un marco legal justo.

“Desde antes de la pandemia el mercado del trabajo era puesto a prueba una vez más por los avances de la tecnología”, argumentó el presidente de ACDE, Gonzalo Tanoira, quien reconoció además que “las reglas del capitalismo estaban profundizando los niveles de desigualdad mundiales (…) el mundo hoy es un lugar mejor para que millones de personas puedan progresar y tener una vida digna. Pero, aun así, todavía falta mucho por hacer para lograr un capitalismo que contemple al ser humano en toda su dimensión”.

Tanoira también listó los ingredientes para lograr que eso suceda, entre los que destacó el papel de la libertad, en primer término; la democracia; el cuidado del medio ambiente; la defensa de la propiedad privada; el espíritu emprendedor; la apertura internacional; un sistema fiscal justo y equitativo; un Estado ágil y eficiente; la solidaridad social y, para concluir, agregó la presencia para aceptar los sacrificios que haya que asumir.

“Por último, pero quizás lo más importante de todo, lo que le da sentido a todo este diseño, y lo que nos da la fuerza para pensar en esta nueva sociedad del futuro, es la posibilidad de volver a Dios. Hemos visto cómo el individualismo tomaba mayor preponderancia bajo el lema del sálvese quien pueda. Un capitalismo más humano sin duda tiene que ver con volver a la esencia del mensaje de Jesús, que pone al amor a Dios y al prójimo por sobre todo lo demás. Hasta que no entendamos esto no podremos diseñar ese nuevo capitalismo que tanto necesitamos”, sentenció.

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La economía actual y algunos recursos útiles

 

-Para el resguardo de las inversiones

 La industria automotriz en la Argentina tuvo dos grandes aciertos que le permitieron su proyección en el tiempo: un acuerdo intrasectorial y una complementación regional.

Para lo primero, suele contar Julián Domínguez, hubo que sentar al sindicato, el empresariado y al Gobierno en una mesa para poder alinear los intereses de modo de establecer algunas pautas básicas de convivencia.

No hay crecimiento económico sin paz social ni previsibilidad regulatoria. Fue imprescindible confiar la mediación a un tercero indiscutible. Los mecánicos se volcaron por el IAE de la Universidad Austral para conquistar la confianza empresarial. La buena voluntad y la inteligencia hicieron el resto.

Al mismo tiempo el Gobierno advirtió que, de no definir una especialización nacional dentro del Mercosur, la escala brasileña se devoraría a la industria local. De allí que favoreció el diálogo con sus pares brasileños de modo de realizar una complementación de terminales y fábricas autopartistas a partir de una especialización: la Argentina se dedicaría a las camionetas y su vecino gigantesco, a los vehículos, naturalmente masivos.

 –Para el arraigo local

Desde mediados del Siglo XX en adelante, la oferta de trabajo se concentró en el sector industrial y en el conurbano de las grandes ciudades.

El Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) promueve una iniciativa que logró reunir al llamado “campo” en un formato de representación sectorial vertical y federal, que incluyó y amplificó la voz de la Mesa de Enlace.

El CAA reúne a unas 65 federaciones nacionales que representan a las cadenas económicas de las llamadas economías regionales, incluyendo a las de la pampa húmeda o la llamada zona núcleo. Se propone potenciar la capacidad exportadora de rubros tan disímiles como la pesca, el maíz, la caña de azúcar o la yerba mate.

El modelo agroindustrial se para enfrente de la llamada economía fósil y se proyecta hacia la bioeconomía, un modelo de desarrollo económico que considera que el flete de la masa orgánica es más caro y deja más huella de carbono que la producción que se realiza al pie del cultivo o en la proximidad de la hacienda. Por otra parte, considera que su energía es la solar y el proceso productivo se realiza dentro del ser vivo. Consecuentemente, su interfaz con la naturaleza es tan funcional que es lógico que la empleabilidad se produzca en un entorno campero, sea chacarero, ganadero, marítimo o fluvial. Los biocombustibles, biomateriales, biofármacos y otra serie de productos de la economía circular recién se insinúan pero no habrá manera de frenarlos en la medida en que se favorezca el proceso.

Pero el Gobierno de un porteño condicionado por los patagónicos no puede ver la economía que no sea fósil. De allí, el impulso a la ley que deberíamos llamar de “Menos Biocombustibles”, ya que disminuye su participación en las naftas, o su despreocupación por la concesión de la Hidrovía, que moviliza principalmente los productos de la pampa húmeda.

 –Para la empleabilidad

La Uocra, preocupada por la altísima rotación de sus trabajadores, ideó un sistema que les facilita a las constructoras la empleabilidad sin preocuparse por las características de un sector que vive por grandes proyectos que tiene una duración específica, pero que involucraron a miles y miles de personas.

El sindicato cobra una cápita por cada trabajador que le permite crear un seguro de desempleo. Cuando el obrero cesa, el sindicato le sigue pagando por un tiempo determinado.

La metodología es perfectible, pero la construcción no deja de gritar a los cuatro vientos las bondades de un esquema legal que parece escaparse de la modalidad vernácula.

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La economía popular

Los elementos de descarte de la economía tradicional dieron nacimiento a un segmento creativo e innovador. Los ahora denominados recicladores -antes conocidos como cirujas- pasaron a ser los cuentapropistas del Siglo XXI. Aquellos que Carlos Marx bautizó como el lumpen proletariat.

¿Qué son los usurpadores sino una versión mutante y marginal de los desarrolladores inmobiliarios?

El caso más resonante de centro comercial a cielo abierto no es el bucólico centro pueblerino de callecitas empedradas, marquesinas y veredas adornadas por cómodos bancos de plaza, sino la llamada Feria de la Salada. Sus administradores, puesteros, proveedores y fleteros son la versión empobrecida del fenómeno que vimos aparecer con furia en los ‘90 en torno de los shopping malls o como los queramos denominar.

La versión agropecuaria es clasificada como agricultura familiar. Sus cultores -no llegan a ser monotributistas- ataviados con bombachas, alpargatas y boina, evitan crecer más allá de la dimensión que les permite acceder a una serie de beneficios al que sólo pueden aplicar por su condición humilde. El resultado es previsible: les conviene mantener su situación y evitar crecer.

“La economía popular nace de la creatividad de los compañeros y de los poetas sociales que ante la falta de trabajo salen a inventarse la propia changa, sin otro capital que su propio trabajo”, define Emilio Pérsico. Según la EPH del Indec, la dimensión de este universo es de cuatro millones y medio de personas. No cualquier tipo de crecimiento económico está en condiciones de absorberlos, asegura, “y si no resolvemos este problema la Argentina se vuelve inestable. El subsidio no termina resolviendo el problema, porque es el trabajo lo que dignifica a la persona”.

“El mejor plan social es el trabajo”, explica habitualmente Francisco. “Este sistema ha destruido el tejido social”, insistió Pérsico. “Su prolongación en el tiempo produce enfermedades sociales”.

Es indiscutible que la economía popular es un antídoto para la exclusión social. “Sirve para la crisis -aclara el Sumo Pontífice- pero no es una solución de largo plazo”. Pero es evidente que es un elemento ordenador de segmentos que, por su condición marginal, están más que expuestos a las leyes del más fuerte y al capitalismo salvaje del sálvese quien pueda.

La economía popular pudo subsistir merced a las mieles de los planes sociales, pero no hubiese podido sobrevivir al dirigismo al que está sujeta la economía tradicional. El Siglo XXI debe inspirarse en parte en este modelo para poder diseñar el híbrido que el capitalismo necesita para renovarse y contener a la economía del Siglo XXI.

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Las nuevas tecnologías

En las últimas décadas, el proceso de sistematización y automatización ha alcanzado un nivel de desarrollo, a tal punto que prácticamente desplazó la presencia humana en la ejecución de las tareas más monótonas y pesadas. Ello, que en principio supone un progreso para la humanidad, produjo en consecuencia un desempleo gigantesco. La inversión en tecnología exige sumas que requieren de altas dosis de competitividad -que suele redundar en cierres de plantas y despidos- para poder alcanzar la enorme concentración económica y financiera que requiere.

Sin embargo, las nuevas tecnologías crean nuevas fuentes de trabajo y no todas requieren de alta capacitación, tales son los casos de las aplicaciones de envíos o la economía colaborativa. Pero todas ellas requieren de un marco regulatorio que favorezca la posibilidad de trabajar en forma digna.

Empleo y trabajo en Argentina

Son las plataformas digitales las que cuentan con capacidad de dar empleo en forma multitudinaria. Ver amenazas, cuando en rigor se trata de la generación de nuevas oportunidades, es síntoma de la miopía que no nos permite agrandar la torta.

Tal generación de oportunidades también involucra a cientos de miles de comercios (no sólo del segmento gastronómico, sino también de muchísimos otros rubros) que, especialmente a partir de la pandemia de Covid-19, les resultó posible afrontar el brutal cierre de puertas como producto del confinamiento y minimizar el impacto del consumo.

Las dificultades en el mercado laboral son el principal factor que explica las razones por las que este sector es capaz de absorber de manera flexible una enorme cantidad de mano de obra no calificada y generar oportunidades de ingresos por encima de otras actividades laborales. Las plataformas representan una de las mayores innovaciones en el mercado laboral porque amplían las fronteras tradicionales para la generación de ingresos. Representan también las primeras manifestaciones de una tendencia que seguirá creciendo y generando nuevas oportunidades.

En Argentina, son cerca de 30.000 los repartidores que tienen la oportunidad de generar ingresos gracias a estas aplicaciones. Se trata de jóvenes que buscan un trabajo de horario flexible para realizar mientras cursan sus estudios, personas que son sostén de familia y trabajadores que encuentran una opción mejor paga que en otros empleos disponibles. Para ello, deben estar inscriptos como monotributistas como condición excluyente y de esa forma se colabora con la regularización de un sector con alta tasa de informalidad.

Se trata de una disrupción que demanda nuevos marcos normativos para su funcionamiento. Es clave que éstos no frenen los procesos creativos y de generación de empleo y oportunidades. La economía de servicios será la gran generadora de trabajo en el futuro, pero con una dinámica diferente a la que contemplan las regulaciones actuales que van quedando desactualizadas en relación con el avance veloz de la tecnología.

Las empresas del rubro tecnológico muchas veces están por delante de la legislación, precisamente porque aún no se crearon las herramientas para regular lo nuevo.