Cayó Kabul y arranca una nueva crisis en Oriente Medio

Ayer los talibanes tomaron la capital de Afganistán: nueva crisis migratoria en puerta y amenaza terrorista latente.

16 de agosto, 2021

Cayó Kabul y arranca una nueva crisis en Oriente Medio

Con una velocidad pocas veces antes vista, ayer los talibanes tomaron la capital de Afganistán, Kabul, y empezaron el proceso para tener el control total del país.

Tras la huida del presidente Ashraf Ghani, los talibanes ingresaron al palacio presidencial y anunciaron que se creará un Consejo de Coordinación entre los líderes del país para gestionar la transferencia del poder.

El organismo estará dirigido por el expresidente afgano Hamid Karzai; el jefe negociador con los talibanes, Abdullah Abdullah y el caudillo Gulbuddin Hekmatyar, uno de los líderes más conocidos de la resistencia a la ocupación soviética del país, en la década de 1980.

Tras el anuncio, miles de civiles corrieron hacia los bancos para retirar sus ahorros, mientras que muchos intentaban escapar en auto, generando caos en las calles de Kabul. Mientras tanto, EE.UU., Alemania, Canadá, entre otros países occidentales, iniciaron la repatriación de su personal diplomático.

Para muchos especialistas, esto era algo que se veía venir. Sin embargo, más de uno está sorprendido por la poca resistencia del Ejército afgano y por la velocidad con la que los talibanes recuperaron el control de Afganistán.

Aunque la avanzada insurgente comenzó hace varios meses, la misma se incrementó significativamente desde que el presidente Joe Biden inició el retiro de sus tropas. Así, pese a los años destinados a la causa y el desorden generado, el líder demócrata no dará marcha atrás y mantendrá el 31 de agosto como la fecha definitiva de retirada. El clamor para traer a las tropas de vuelta también es muy fuerte.

¿Quiénes son los talibanes?

El grupo armado de los talibanes (los “estudiantes” en idioma pastún) se formó en la década de los ‘90, tras el retiro de las tropas de la URSS. Muchos habían sido entrenados por EE.UU. para enfrentar a los soviéticos y en 1996 ya habían derrotado al Gobierno del líder muyahidín Burhanuddin Rabbani y tomado Kabul. Tras aplicar un régimen radical islámico, solo tres países los reconocieron: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Pakistán.

Sin embargo, en 2001, después del atentado a las Torres Gemelas, EE.UU. acusó a Al Qaeda del ataque e invadió Afganistán (Operación Libertad Duradera), expulsándolos a otras zonas del país. Así, se iniciaba para Washington la guerra más costosa de su historia, aunque nunca logró hacer desaparecer a los talibanes.

Estos se refugiaron cerca de las zonas montañosas y de la frontera paquistaní, implementando una táctica de guerrillas para avanzar en el territorio. Actualmente poseen entre 58.000 y 100.000 combatientes y se financian a través del comercio del opio.

Mientras tanto, las tropas norteamericanas permanecieron en Afganistán, buscando asegurar una transición democrática e intentando entrenar a las fuerzas afganas para que pudieran defenderse solas. Se estima que Washington invirtió US$ 83.000 millones en armas y equipos.

El problema es que Afganistán ha sido conocido como un “cementerio de imperios”, ya que siempre ha derrotado a las grandes potencias “invasoras”. Tanto George W. Bush como Barack Obama eran conscientes de ello, y por eso tenían como objetivo retirarse de allí. Triunfar era casi imposible.

Sin embargo, fue Donald Trump quien sentó las bases para que esto finalmente se concretara. En febrero de 2020, en el marco de conversaciones de paz en Doha (Qatar), el líder republicano acordó con los talibanes que los soldados estadounidenses se retirarían en 14 meses.

En ese momento, se pactó que el Gobierno afgano negociaría con los talibanes para evitar un nuevo conflicto bélico. Sin embargo, eso nunca ocurrió y Biden decidió continuar con el plan de su antecesor.

Justamente Trump se mostró muy crítico por cómo el líder demócrata implementó su plan: “Si yo fuera ahora presidente, el mundo vería que nuestra retirada de Afganistán sería una retirada basada en condiciones (…) personalmente, he mantenido conversaciones con altos dirigentes talibán en las que han comprendido que lo que están haciendo ahora no habría sido aceptable”.

“Habría sido una retirada muy diferente y mucho más exitosa, y los talibanes lo entendieron mejor que nadie”, agregó.

Una nueva derrota

Tras permanecer más de 20 años en el país asiático y destinar miles de millones de dólares a la causa, sin dudas esto representa una humillante derrota para EE.UU. Pese a que el secretario de Estado Antony Blinken rechazó la comparación, las imágenes de helicópteros norteamericanos evacuando a sus diplomáticos recordaron la caótica huida de Vietnam en 1975.

Ayer, el legislador republicano Michael McCaul dijo que “esto va a ser una mancha para este presidente y creo que va a tener las manos manchadas de sangre por lo que han hecho”. Además, vaticinó que Afganistán volverá “a un estado anterior al 11 de septiembre, un caldo de cultivo para el terrorismo”.

Es posible que Washington no reconozca a los talibanes como gobierno. Sin embargo, esto no evitará enormes problemas para Occidente. Con más de 400.000 personas desplazadas, una nueva crisis migratoria comenzará en Europa, como sucedió con la crisis de Siria, afectando principalmente a Grecia e Italia. Por otra parte, se espera que el nuevo régimen proteja a diversos grupos terroristas, entre ellos Isis, mientras implementa duras reglas contra las libertades individuales, sometiendo de lleno a las mujeres.