Argentina tardaría por lo menos 10 años en volver al PIB per cápita de 2011

El PIB per cápita se redujo 12% entre 2011 y 2019: y la caída llega hasta 16% si se suman los años 2020 y 2021 al análisis

15 de agosto, 2021

Argentina tardaría por lo menos 10 años en volver al PIB per cápita de 2011

Hace diez años que la economía argentina no crece sostenidamente. Por el contrario, el PIB per cápita se redujo 12% entre 2011 y 2019. Más aún, esta variable cayó 16% si se tiene en cuenta el impacto negativo que tuvo el Covid-19 para la actividad económica, durante 2020 y 2021.

Según el último reporte de la consultora Ecolatina, si Argentina creciera los próximos diez años a la tasa promedio a la que creció la región entre 2011 y 2019 (+2,5%), recién en 2032 recuperaría el PIB per cápita de 2011. “Más allá de esto, el punto es que, incluso en un futuro auspicioso, nos tomará al menos una década para volver a los máximos anteriores”, señalaron.

El estancamiento que mostró la economía argentina en los últimos años no fue la norma en la región, donde el PIB per cápita creció 3,6% entre 2011 y 2019. Como resultado, Argentina quedó en el puesto 175 sobre un total de 192 países en el ranking de crecimiento de la década en cuestión.

Argentina tardaría por lo menos 10 años en volver al PIB per cápita de 2011
El PIB per cápita de Argentina se redujo 12% entre 2011 y 2019. Así, el país quedó en el puesto 175° sobre un total de 192 países en el ranking de performance de la década en cuestión

La salida de la convertibilidad

El informe destacó que entre 2003 y 2011 el PIB promedio experimentó una suba anual del 7%. Así, alcanzó en 2005 los niveles previos a la crisis de la Convertibilidad y pudo expandirse genuinamente después.

Ecolatina consignó que un escenario de superávits fiscal y de cuenta corriente, en un contexto de pagos de deuda externa acotados, a excepción del FMI en 2005, impulsaron a la inversión, que crecía a una tasa interanual de dos dígitos y lideraba la recuperación de la demanda. Además, un mundo de buenos precios internacionales de commodities, en especial desde 2006, y un dólar competitivo fortalecieron la entrada de divisas y alejaron potenciales expectativas de devaluación.

“Sin embargo, esta época de bonanza no duraría para siempre. De hecho, en ella se generaron algunos problemas que complicaron luego la situación posterior”, comentó la consultora. En concreto: una inflación que se instaló en la zona del 20% desde 2007 y un resultado fiscal que se deterioró sistemáticamente “impidieron que pudiera perdurar un crecimiento sostenido”.

Por tanto, la mejora de la demanda interna y la recuperación del salario en dólares impulsaron a las importaciones, erosionando el superávit de cuenta corriente, que pasó a terreno negativo en 2010. “Los pilares del crecimiento de la década anterior, entonces, se habían esfumado”, agregó el reporte.

El comienzo del estancamiento

En este marco, entre 2011 y 2012 recrudecieron las tensiones en el mercado cambiario, que se “resolvieron” con el cepo, de manera transitoria y postergando una solución más duradera. “En lugar de promover correcciones de fondo, las restricciones del mercado cambiario se aprovecharon para abaratar al dólar oficial, impulsando así al poder adquisitivo y el consumo de las familias”, aseguró la consultora.

En el mediano plazo, el objetivo se logró. El consumo de las familias creció 4% entre 2012 y 2015, “ayudado también por el congelamiento tarifario, que elevó el gasto en subsidios, volviéndolo una porción tan relevante como difícil de sostener del déficit fiscal primario de 2015”. A la vez, el consumo público también trepó, motivando que el consumo total escalara 6% durante el segundo Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

“Sin embargo, más allá de este buen desempeño, y en parte producto de las causas que le dieron origen, el resto de los componentes de la demanda se deterioraron y el PIB de 2015 fue solo 1,5% mayor al de 2011”, resaltó el reporte. No obstante, considerando el crecimiento poblacional del período, el PIB per cápita marcó una caída de casi 5% en el período 2011-2015.

2016-2019

Ecolatina mencionó que en diciembre de 2015 la economía argentina tenía importantes pasivos por el lado fiscal y cambiario, además de distorsiones relevantes de precios relativos. No obstante, tenía un activo clave: el bajo nivel de deuda pública relevante, es decir, “con acreedores privados y organismos multilaterales de crédito”.

A partir de esa “virtud”, el Gobierno de Cambiemos intentó corregir los desequilibrios heredados y estimular el crecimiento al comienzo de su gestión. La consultora afirmó que en la primera mitad del mandato logró algo de esto, y el PIB avanzó casi 3% entre 2016 y 2017.

“Sin embargo, un acelerado incremento de la deuda en un país que no resolvía sus problemas de fondo frenó el influjo de capitales privados a comienzos de 2018, para luego provocar una salida constante de estas inversiones durante el año y medio siguiente”, objetaron.

Un déficit de cuenta corriente que había alcanzado los US$ 30.000 millones en 2017, equivalente a 5% del PBI, y una deuda en moneda extranjera que había crecido US$ 80.000 millones en dos años marcaban que la economía argentina necesitaba demasiadas divisas para funcionar; divisas que, al momento, empezaban a dejar de llegar. En ese marco, y para evitar una devaluación todavía mayor, o una vuelta del cepo, el Gobierno de entonces recurrió al FMI en mayo de 2018.

“El préstamo del organismo multilateral aceleró el proceso de ajuste fiscal, pero limitó severamente las intervenciones del Banco Central en el mercado de cambios, motivando sucesivos saltos del dólar en la segunda mitad de 2018”, recordó el trabajo. En respuesta, se aceleró la inflación, que superó la barrera del 50% anual, y los salarios perdieron casi un quinto de su poder de compra. El consumo, por su parte, se desplomó y el PIB cayó casi 5% durante la gestión Cambiemos y casi 8% a nivel per cápita.

Sobre llovido, la pandemia

Cómo era de esperar, la llegada de la pandemia agravó la situación anteriormente mencionada. Por un lado, las restricciones operativas en una economía con demanda deprimida y sin financiamiento provocaron una caída del 10% en el PBI durante el año pasado. A la vez, el trabajo consideró que el arribo del Coronavirus motivó ciertas distorsiones que, no por necesarias fueron menos problemáticas.

Si cuando Mauricio Macri dejó el poder el stock de deuda era un problema, pero el esquema de precios relativos parecía más estable y el resultado fiscal primario se había equilibrado, en 2020 se atrasaron las tarifas y se disparó el déficit fiscal primario. Aunque este último se está revirtiendo en 2021, su financiamiento generó un aumento de la deuda y la emisión monetaria a lo largo del año pasado. Por este motivo, se endurecieron sensiblemente las restricciones a la compra de divisas, que ya habían sido reimpuestas en 2019 y que, explicó Ecolatina, alejan a los inversores de Argentina.

Por otro lado, el stock de deuda del Estado sigue siendo un problema en la actualidad. “Los problemas de 2019 siguen vigentes en 2021, a la vez que algunos de los desafíos que se habían corregido entre 2016 y 2019 reaparecieron durante la pandemia. La década estancada, entonces, generó los cimientos para seguir estancados un tiempo más”, explicó Ecolatina.

El desafío de crecer

Para la consultora, si nuestro país creciera los próximos diez años a la tasa promedio a la que creció la región entre 2011 y 2019 (+2,5%), recién en 2032 se recuperaría el PIB per cápita de 2011. “Este escenario distaría de parecerse a la economía argentina de los últimos años, que nos tiene acostumbrados a una inestabilidad mayor. Sin embargo, esta tasa de crecimiento tampoco es exagerada si tenemos en cuenta los números observados a principios de siglo”, añadieron.

Un repaso rápido por la economía argentina de la última década muestra que las variables más relevantes de la economía se deterioraron. “Actividad, inflación, resultado fiscal y situación del mercado cambiario, entre otros, están hoy más complicados que hace diez años”, detalló el informe.

Además, como consecuencia de esta caída, los indicadores sociales (pobreza e indigencia, principalmente) también empeoraron. “La situación es difícil, pero los resultados no están puestos: nunca es tarde para volver a crecer y empezar a parecerse más a la norma global que ser la excepción. El futuro nunca está determinado ni condenado”, concluyó Ecolatina.