Ni las elecciones ni el FMI: las lluvias serán el driver

En medio de una sequía insólita del río Paraná, con amenaza de "Tres Niñas" seguidas, el pueblo argentino al cielo mira y al cielo teme por si la lluvia tarda

26 de julio, 2021

Ni las elecciones ni el FMI: las lluvias serán el driver

Por Luis Varela

El viernes estuvo muy cerca de ser furioso. El dólar blue arañó los $190, a las puertas del récord de $195 del 23 de octubre pasado, un valor de overshooting desde el que se acumula una inflación del 35%, que si se ajustara daría un “valor susto” de unos $263.

Pero así como maniataron las posibilidades libres de operar con el dólar MEP y el contado con liquidación, manos amigas participaron en las últimas tres horas de la rueda, y lo devolvieron a $185, con el dólar Senebi en $177,36, pero con muchos inversores sofisticados huyendo a través de criptomonedas o Cedears, cuyo volumen creció de $1.449 a $1.812 millones entre lunes y miércoles.

Un operador señalaba: “En este mismo momento, Argentina está acumulando en lo que va de este año una inflación del 29%, como dijo Guzmán que habría en todo el año. Y el mismo que adelantó ese número les acaba de decir a Alberto y Cristina ‘tranquilos, al dólar lo tenemos bajo control’ y lo dice cuando en las últimas quince semanas subió $46 de $139 a $185”.

Mientras tanto, con un tipo de cambio que se va atrasando (desde enero el dólar mayorista sube 14,6% y la inflación acumula 29%), la brecha cambiaria se acerca al 90%, complicando muchísimo al comercio exterior: es más caro exportar y más barato importar. En junio de 2020 hubo un superávit comercial de US$ 1.451 millones y en junio de 2021 se achicó a US$ 1.067 millones. En enero-junio de 2020, hubo US$ 8.097 millones de superávit y en el primer semestre de 2021: US$ 6.690 millones.

Mientras en lo bajo varias plantas de la industria automotriz empiezan a manifestar faltantes de piezas importadas, voces amigas se contactaron con varios de los denominados “creadores de mercado”, los mismos a los que se les pidió “aflojar” con el contado con liquidación, y se les mandó dos ideas fuerza a las que todos temen: “No tenemos ningún problema con la importación para la producción industrial” y “después de la elección no vamos a descarnar el CER”, quitándole alimentos que es lo que más tira de los aumentos.

Los argentinos saben eso, lo tienen metido en la memoria, les llevó todos los ahorros en diez minutos. Y algo parecido ocurrió con el “corralito” de 2001. Por eso los operadores están convencidos de que con la elección no cambiará nada. Además, solo por tomar uno de los sectores clave que se eligen, en Diputados en noviembre se renuevan 127 bancas: Juntos por el Cambio renueva 60 de las 115 bancas que tiene actualmente. Si en la elección saca el 40% de los votos, pierde 10 bancas, si saca 50% gana 3 bancas y si sacara 60% ganaría 16 bancas y recién ahí tendría mayoría propia.

El problema que tenemos es que las corporaciones, la mayoría estatales, van reclamando puntillosamente ajustes salariales por inflación, que deben ser pagados por un sector privado que no crece, no aporta lo suficiente, y se terminan votando más impuestos. Ya lo informó Santiago Cafiero en el Congreso: a números de marzo último, el sector público pagó un salario promedio de  $108.963, 26% más alto que los $85.979 que pagó el sector privado.

Por supuesto en el mercado se repitieron otra infinidad de temas. Hay una buena novedad con el Covid, que en los últimos días mostró menos contagios, menos muertes y menos ocupación de camas. Pero se viene la variante Delta, más rápida y agresiva, ya hay muchos casos en el país, y para enfrentarle se necesitan al menos dos dosis (hay países que ya están aplicando tres). Y en Argentina el 87% de la gente no tiene las dos dosis aplicadas.

Con ese contexto, mientras la Reserva Federal de Estados Unidos sostiene a Wall Street para que no se caiga, los titulos argentinos se arrastran. La Bolsa de Nueva York está en máximos históricos: en los últimos diecisiete meses, el índice Dow Jones de papeles industriales sube 59% en dólares, el S&P500 tuvo un aumento del 71% y el Nasdaq donde se aglutinan las tecnológicas acumulan un aumento del 92%.

En ese mismo lapso, los bonos y las acciones argentinas están por el suelo. Medida en dólares, la Bolsa de Buenos Aires vale 80% menos que el pico de enero de 2018. Y los bonos, después de la reestructuración, cotizan en valores que ni los otros países “standalone” muestran. Se acaba de pagar en tiempo y forma el primer cupón de los titulos surgidos del canje, y no hubo reinversión, los valores contado ni se movieron, las tasas a vencimiento siguen arriba del 20% anual y el riesgo país roza los 1.600 puntos, no nos tocan ni con un palo.

Eso sí: hay un dato muy alentador. Si alguien quiere comprar acciones del panel general (las que están fuera del panel líder) no encuentra vendedores. Los valores son tan bajos que los que se quedaron, tiraron los papeles en un cajón y esperarán que en algún momento resuciten.

¿Pasará? A dieciséis  semanas de las elecciones legislativas el siempre histriónico economista Carlos Melconián dijo “si la política no hace el ajuste, lo hará la realidad”. Además, los políticos, la gente, todos, en medio de una sequía insólita del río Paraná, con amenaza de “Tres Niñas” seguidas, el pueblo argentino al cielo mira y al cielo teme por si la lluvia tarda.

En el fondo muchos creen que la cosecha volverá a salvarnos: pronostican una siembra de casi 39 millones de hectáreas para la campaña agrícola 2021/22, unas 500.000 hectáreas más que en el ciclo pasado, por lo que la producción total podría llegar a 140 millones de toneladas. No son los 147 millones de toneladas que hubo con Mauricio Macri, pero en aquel momento la soja valía US$ 300 y hoy vale US$ 514 (lejos de los benditos US$ 610 de hace diez semanas).

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“Argentina se encamina a un récord de siembras en la 2021/22”, dice la BCR