La revolución francesa y la involución argentina

Con la misma Argentina partida de siempre, el sábado se cierran las listas para las PASO. Ahorristas e inversores están de salida. Dejan posiciones en pesos y ni tocan las acciones y los bonos. El Gobierno acentúa el cepo para que el dólar no se dispare, pero el blue volvió a trepar.

19 de julio, 2021

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Por Luis Varela

Pocos años después de terminar la devastadora guerra franco prusiana en 1871, que inauguró la denominada “belle epoque” porque la paz había llegado, pero con un desequilibrio de fondo que derivaría a la postre en la Primera Guerra mundial, el filósofo prusiano Friedrich Nietzsche escribió su obra clave, sobre un profeta llamado Zaratustra, un personaje inspirado en Zoroastro, un antiguo profeta persa del 1.500 años antes de Cristo, quien bajo de la montaña y dijo una serie de verdades que contribuyeron a apaciguar los problemas de su época.

El historiador económico Pablo Gerchunoff, quien junto al historiador Roy Hora acaban de publicar un libro titulado “La moneda en el aire”, en el que debaten acerca de los mejores momentos que tuvo Argentina en sus dos siglos de vida.

Encerrados en esa discusión, a pesar de la clarísima advertencia de Martín Fierro (que dictamina “si los hermanos pelean, los devoran los de afuera”), los diferentes modelos argentinos se la pasan tirando de la cuerda, gastando todas las fuerzas en esa pelea, mientras el mundo avanza explorando todo tipo de caminos.

Pero la involución argentina nos llevó a “cepo, desigualdad y grieta”. Ninguna de las dos partes parece advertir que separados no funciona: no basta con exportar granos, hay que vender alimentos procesados, industrializados, una posibilidad que sí nos daría ventaja comparativa.

Y no darse cuenta es sumergirse en un futuro muy comprometido. El desarrollo tecnológico llevará al mundo, irremediablemente, a autos sin petróleo y sin choferes, a tiendas automatizadas sin quien las atienda. Todo eso que parece lejano llegará, irremediablemente: hace dos décadas se decía “los japoneses se miran la mano en el subte”, “eso nunca va a pasar en Argentina”. Hoy los celulares están aquí, el futuro es imparable.

La necesidad de emitir

A partir de esta premisa, ahorristas e inversores del mundo están batallando contra dos frentes: fiscos que presionan cada vez más con más impuestos y rentas aseguradas cada vez más escasas y más riesgosas. Y todo eso se aceleró por el Covid, que multiplicó el avance del tiempo como una aplanadora, congelando economías y obligando a todos los gobiernos del mundo a emitir dinero sin fin para mantener los niveles de consumo de alguna manera.

Por supuesto, nada es gratis. La emisión de efectivo hasta el techo provocó la llegada de un pulso de inflación global. EE.UU. acaba de marcar en junio una inflación anual del 5,4% (era del 1,1% en enero) y eso mismo ocurre con diferentes intensidades en todas partes. En Argentina, de manera más explosiva: es del 50% anual, pero con un cúmulo de precios bloqueados, y con una deuda gigantesca en pesos, que por ahora se mantiene bajo la alfombra.

El titular de la Reserva Federal Jerome Powell venía diciendo hasta mayo que el pulso de la inflación era temporal, que surgía por restricciones de oferta, debido a la producción trabada por el Covid, y que eso se superaría pronto. Pero en lo que va de julio la soja sube 8% en Chicago y los metales suben 2%, avisando que cuando los norteamericanos midan la inflación de julio el número puede ser incluso mayor.

Hasta ahora la Fed mantuvo las cosas con más de lo mismo, con palabras y sin hechos. Compra todos los meses bonos del Tesoro de EE.UU. por US$ 80.000 millones y títulos respaldados por hipotecas por US$ 40.000. Y para que la súper emisión de dólares no destruya esa moneda (con pérdida de valor por inflación) hasta ahora sólo puso una fecha, 27 de julio, para iniciar la discusión del recorte de compra de papeles hipotecarios. Por ahora no se dice nada sobre la compra de bonos.

Con solo avisar eso, logró que el dólar no perdiera valor la semana pasada: subió 1,1% en Chile, 1% contra la libra, 0,6% contra el euro, 0,5% contra el franco suizo y se mantuvo sin cambios contra el yen y el yuan.

El dólar en Argentina

En Argentina, un país con una economía completamente debilitada, la súper emisión de pesos, y los inminentes vencimientos de bonos en pesos emitidos durante el gobierno de Alberto Fernández, ya no soporta tanta emisión: por prontuario, el peso argentino no es tan confiable como el dólar. Así, mientras la Selección estaba por ganar la Copa América el BCRA y la CNV acentuaron el cepo cambiario, algo que sirvió la semana pasada para mantener dormidos al dólar mep y al contado con liquidación, pero el dólar blue pegó un salto del 2,9% hasta $179, el valor más alto no solo de este año sino desde el 27 de octubre pasado, cuatro días después del overshooting que lo hizo tocar el récord de $195.

Con esta promesa de Powell de estudiar el freno a la compra de papeles hipotecarios, la Bolsa de Nueva York bajó del cielo. Desde récords históricos, la semana pasada el índice Dow Jones cedió 0,5% y el Nasdaq achicó 1,9%. El anuncio de la Fed de reducir el chorro de dólares distanció aún más a los dos tipos de inversores: los conservadores y los arriesgados.

Los conservadores ven venir una caída en el precio de las acciones. Algunos se quedan en cash y otros compran bonos del Tesoro, de ahí que mejoraron los precios contado de esos papeles y sus respectivas tasas a vencimiento cayeron: el bono a 10 años pagaba 1,75% anual y ahora paga 1,3% y el bono a 30 años pagaba 2,5% y ahora paga 1,9%.

Y los arriesgados siguen rotando, vendiendo lo que subió mucho y comprando lo que quedó atrás y puede seguir generando ganancia. Y los todavía más osados hacen en el medio una jugada para equilibristas: realizan una especulación financiera peligrosísima denominada “put a la baja”, que es una opción de venta en la que el tenedor de ese “put” se beneficia de la opción si el activo subyacente baja.

En realidad todos creen que la Fed no puede dejar al mercado sin dólares, ya que si Wall Street se derrumba, sin que la cepa Delta sea del todo erradicada, el mundo entero entraría en una depresión con derivaciones completamente impredecibles. Mientras, las vacunas avanzan y la credibilidad del dólar durará lo que marque la inflación y su relación con otras monedas.

En Argentina el movimiento fue diferente. Con el súper cepo impuesto hace una semana, los bonos subieron en pesos, pero medidos en dólares siguen estacionados y el riesgo país sigue en las nubes, en 1.587 puntos. Y la Bolsa de Buenos Aires está muerta: el viernes operó menos dinero que un supermercado y los ADR argentinos bajaron en Nueva York el doble que Wall Street. Estamos aislados, “standalone”: no nos tocan ni con diez dosis aplicadas.

Además de la fecha del 27 de julio, donde la Fed definirá el tapering hipotecario, Argentina tiene otras fechas clave por venir. El próximo sábado vence el cierre de listas. La oposición se rompe los cuernos para ver cómo se presentan en las PASO. En el oficialismo la lapicera la tiene Cristina, que ya eligió a Alberto y a los “funcionarios que no funcionan”, por lo que la ebullición es importante.

Entre el próximo domingo y las ocho semanas que quedan hasta las PASO los candidatos deberán ofrecerle a la sociedad soluciones para salir de este atolladero. Estarán los que hablen de volver al granero del mundo, los que prometan más justicia social. Quizás ninguno hable de industrializar y exportar alimentos. Así, los inversores seguirán ausentes, sin crear empleo. Y los que dependen del Estados continuarán atados, sin otra salida, pero quizás comprendiendo que el remolino no tendrá freno.

Otra licitación

Y para quien dude, mañana martes tendremos otro acto de lo que vivimos, no con Alberto, ya con Macri, por eso la gente que lo votó lo abandonó a fines de 2017: Martín Guzmán intentará tomar más deuda. Pateando todo para adelante, sin realizar casi ningún pago la Argentina de Alberto acaba de llegar a la de deuda pública más alta de la historia argentina: US$ 343.500 millones. Y ahora esto tiene un agravante explosivo: se toma deuda en pesos, atada a la inflación, con el tipo de cambio anclado, lo cual convertirá a la deuda en dólares el un glotón que terminará desbordado.

Mañana Guzmán ofrecerá siete letras del Tesoro algunas pagando tasa de interés según lo que se ofrezca (con vencimiento antes o después de la elección legislativa de noviembre) y otras ajustables por inflación (todas con vencimiento después de la elección, con rumores en el mercado de que sea cual fuere el resultado del comicio se vendrá una descarnización del CER).

Y, por si fuera poco, Alberto hereda a Alberto. En dos semanas, el 5 de agosto, vence el bono TX21, un papel que Guzmán emitió en febrero de 2020, antes del virus: es por un total de origen por $161.500 millones, ajustables por inflación más un premio del 1%. Y como no hay fondos para pagarlo, se ofrecerá canjearlo por tres letras también ajustables por inflación con tasa adicional de hasta 1,45% con vencimiento a junio 22, marzo 23 y agosto 23.

Nadie sabe qué pasará con la cepa Delta del Covid. Tampoco se sabe si Powell logrará mantener a Wall Street en un colchón, hasta que el empleo norteamericano finalmente se consolide; probablemente hará que todos los valores financieros se licúen con la inflación, por lo que las salidas de los inversores deberán ser otras.

En Argentina los operadores creen que el Gobierno hará lo que sea para que el dólar no se dispare, ya que con muchas muertes por Covid y con el blue en 200 pesos, las urnas pueden entregar una respuesta lapidaria. Por lo que con cepo, desigualdad y grieta, los analistas creen que la huida del peso seguirá, no por los vigilados, sino por los 14 tipos de cambio alternativos. Sin dudas, vienen cuatro meses de tipo de cambio en tensión y alta hipoteca para combatirlo.