Hubo “veranito” fiscal en el primer semestre por retraso de gasto e ingresos extraordinarios

El sector público nacional experimentó una fuerte disminución del déficit primario, principalmente por que el Gobierno recurrió a recursos extraordinarios y y redujó los gastos Covid.

21 de julio, 2021

Hubo “veranito” fiscal en el primer semestre por retraso de gasto e ingresos extraordinarios

Por Jorge Colina (*)

Salieron los números de las cuentas públicas nacionales para el primer semestre de 2021. Lo primero que se destaca es la fuerte disminución del déficit primario. En la primera mitad del año pasado, ese déficit fue de $900.000 millones mientras que este año disminuyó a $200.000 millones. O sea, el déficit primario se redujo en $700.000 millones en la primera mitad del 2021. 

Lo primero que se piensa es que esta disminución es natural porque el gasto por Covid del año pasado fue bastante más alto que el actual. Sin embargo, cuando se mira en cuánto disminuyó el gasto nominal ligado al Covid, aparece una disminución de unos $150.000 millones. No mucho al lado de los $700.000 millones de reducción del déficit.

La mayor parte de la reducción del déficit primario viene por el lado de una mayor recaudación de derechos de exportación, que aumentaron en $300.000 millones, y el Aporte Solidario (impuesto a la riqueza), que aumentó los recursos no tributarios en $200.000 millones. Aquí está entonces la parte más grande de la reducción del déficit.

Recursos extraordinarios y menos gastos Covid explican el 95% de la reducción del déficit primario. Esto significa que el déficit “núcleo” (el que no tiene en cuenta los ítems extraordinarios) se mantuvo en términos nominales en el orden de los $800.000 millones.

Que se haya mantenido constante no es poco. En términos del PIB, significa que el año pasado $800.000 millones eran 3% del PIB y ahora son 2% del PBI. En términos reales, dado que la inflación promedio semestral 2021 fue de 45%, los $800.000 millones del año pasado equivalen hoy a $550.000 millones. 

El punto es que no hay mucho espacio para tener un déficit “núcleo” alto (aun cuando sea menor que el del año pasado). Porque hay mucha emisión monetaria del año pasado dando vuelta en el mercado que no fue licuada por la inflación (se estima que todavía hay 1,2 billones de exceso de emisión), la capacidad de absorber emisión monetaria por parte del Banco Central está menguada (los intereses de la Leliq y pases ya son de $100.000 millones mensuales) y los vencimientos de deuda que el Tesoro tiene que renovar en la segunda mitad del 2021 son abultados (se estima en unos $1,5 billones).

De todas formas, por ahora el financiamiento del déficit primario está asentado sobre los ingresos extraordinarios. En la segunda mitad, no se espera que crezcan mucho más, pero se pueden mantener altos.

Las dudas vienen por el lado del gasto

El principal gasto del Estado Nacional, que son las jubilaciones, creció apenas 32% en la primera mitad. Por debajo de la inflación que en el período fue del 45%. En la segunda mitad tendrán que ajustarse por evolución de los salarios (que ya vienen creciendo al 40%) y por recursos tributarios de la Anses donde dos importantes son impuesto al cheque que viene creciendo al 60% e IVA al 70%. O sea que en la segunda mitad del año el gasto en jubilaciones va a crecer sensiblemente.

Los otros dos gastos importantes son los salarios públicos (con paritarias que se están revisando) y los subsidios económicos (energía y transporte) que vienen creciendo al 70% y que el Gobierno ya avisó que no se tocan, o sea que esto va a seguir creciendo al ritmo acelerado que lo viene haciendo.

Si a esto se suma la filosofía de que en año electoral hay que soltar el gasto público para colocar dinero en el bolsillo de la gente, el panorama para el gasto público es que va a crecer seguro y bastante.

En suma, el “veranito” fiscal de la primera mitad del 2021 se debió a los ingresos extraordinarios y al retraso del gasto público. Para la segunda mitad, los ingresos extraordinarios se van a mantener, pero el gasto va a crecer. Aquí están los “nubarrones” que amenaza el buen clima fiscal de la primera mitad del año. 

De esto también depende el dólar paralelo en la segunda mitad del año. 

(*) Idesa