Hombre en la luna    

8 de julio, 2021

hombre en la luna

Por Andrés Radonjic

En mayo de 1961, cuatro meses después de su asunción presidencial, John Fitzgerald Kennedy pronunció su célebre Man on the Moon Speech” frente a una sesión bicameral del Congreso estadounidense, al que le pidió que provea los fondos necesarios para que, antes de finalizada la década, Estados Unidos ponga a un hombre en la luna.  Al año próximo, en la Universidad Rice de Texas, el estado donde iba a ser asesinado dos años después, expresó en el mismo sentido un elocuente y memorable discurso ratificando su compromiso con el objetivo nacional de llegar a la luna.

A sabiendas de la erogación de dinero y el costo humano que dicha gesta podía implicar, el Presidente entendía que el apoyo popular era un condición sine qua non para un eventual alunizaje tripulado y trató de entusiasmar a la sociedad en las distintas oportunidades en las que abordó la cuestión espacial públicamente.

Unos años antes, el 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética lanzó al espacio el satélite Sputnik 1, el primer objeto creado por el hombre en orbitar la tierra.  El suceso fue considerado un logro espectacular y sorpresivo, imposible de replicar por país alguno en ese entonces.  Generó un impacto mundial pero en particular en  Estados Unidos, donde caló hondo en la sociedad y socavó la confianza y sensación de superioridad que el país tenía, desde décadas atrás, en materia de tecnología.  Este proceso fue denominado la “crisis del Sputnik”.

Meses más tarde, el 3 de noviembre, este malestar social fue acentuado por el Sputnik 2, la primera nave espacial en orbitar la tierra con un ser vivo dentro de ella: la perra Laika.  Esta última misión fue encomendada por Nikita Khrushchev, en ese entonces mandamás soviético, para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la revolución bolchevique.

En plena Guerra Fría, la carrera espacial entre ambas potencias había comenzado alimentando aún más la tensión geopolítica existente.  Estados Unidos, urgido por los logros soviéticos y el shock que estos generaron en Occidente, crea en julio de 1958 la NASA y recluta a siete pilotos militares (conocidos como los “Mercury Seven”) para el Proyecto Mercury, el primer programa espacial estadounidense que tenía como objetivo poner a un hombre en el espacio y retornarlo a tierra sano y salvo.

El Gobierno aspiraba a cumplir con este objetivo antes que los soviéticos, pero no fue posible: el 12 de abril de 1961, el célebre astronauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en viajar al espacio y orbitar la tierra.  La travesía duró 108 minutos y regresó convertido en un héroe nacional.  Fue el hito más grande de la carrera espacial hasta ese momento y ratificó la supremacía soviética en el escenario tecnológico-espacial.

Diez meses después del éxito de Gagarin, el estadounidense John Glenn, uno de los siete pilotos del Proyecto Mercury, emuló lo realizado por el soviético orbitando la tierra e incluso superándolo ampliamente en cantidad de tiempo permanecido en el espacio.  En los años posteriores, fueron numerosos los astronautas de ambos países enviados al espacio y sus misiones tenían como objetivo superar en duración, innovación y eficiencia a la última misión de la contraparte.  El progreso era notable y constante.  Los soviéticos estaban decididos a conservar su supremacía y los norteamericanos obstinado a ser, ulteriormente, los vencedores de la carrera espacial, destinando a tal fin un presupuesto monumental.

El próximo gran objetivo era poner un hombre en la luna.  Ya sin Kennedy, su  vicepresidente y sucesor Lyndon Johnson y la NASA continuaron con la agenda espacial esbozada años atrás.  Finalizado el Proyecto Mercury, comenzó el Gemini, que tenía como objetivo desarrollar y perfeccionar ciertas técnicas y maniobras orbitales, como la de “docking” y “rendezvous”, imprescindibles para un eventual intento de alunizaje.

Después llegó el mítico Programa Apollo.  Su principal objetivo era llevar a un hombre a la luna y traerlo devuelta a tierra, tal como propuso Kennedy al inicio de la década.  La primera misión tripulada, Apollo 1, fue trágica: un incendio en la cabina durante un simulacro de despegue acabó con la vida de los tres astronautas a bordo.  Pese a la desgracia, la NASA prosiguió con el programa y luego de tres misiones sin tripulantes en los meses posteriores, retomó los vuelos tripulados y concretó satisfactoriamente, entre octubre de 1968 y mayo de 1969, cuatro misiones: Apollo 7, 8, 9 y 10.  El éxito de las mismas demostró que llegar a la luna era posible.

Así fue que el 16 de julio de 1969 el cohete Saturno V, en el marco de la misión Apollo 11, despegó con Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins dentro de su módulo de mando y servicio.  102 horas después, el módulo lunar denominado “Eagle”, alunizó satisfactoriamente en el Mar de la Tranquilidad tras unos tensos minutos previos a raíz de algunos imprevistos que obligaron a Armstrong (cuyo ritmo cardíaco se aceleró rápidamente hasta alcanzar los 160 latidos por minuto) a maniobrar manualmente el vehículo espacial.

Luego de aguardar unas horas dentro del mismo, el comandante descendió la escalera e imprimió la primera huella humana en suelo lunar, deslizando la célebre frase “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.  Ocho años después del discurso de JFK, y antes que finalizara la década, Estados Unidos había puesto un hombre en la luna.