El embargo a la soja de 1973

8 de julio, 2021

el embargo a la soja de Richard Nixon

Por Pedro Rodríguez

A principios de 1973, el evento de El Niño en la costa de Perú redujo la captura de anchoas, una fuente clave de proteína para la alimentación animal. Esta situación, junto con reducción de cosechas de granos forrajeros, trigo y soja en otros países productores y exportadores contribuyó a un fuerte incremento de precios  del complejo de la soja y granos en general en  Estados Unidos justo en el momento en que la administración del presidente Richard Nixon estaba tratando de controlar la inflación, y al mismo tiempo libraba una batalla por las investigaciones en el Congreso.

Los precios internos de la soja en Estados Unidos alcanzaron niveles inesperados, casi triplicaron los de la campaña anterior y generaron complicaciones de abastecimiento a lo largo de toda la cadena de valor hasta la producción de carne de cerdo y pollo.

Nixon implementó un embargo a las exportaciones de poroto de soja en junio de 1973, junto con un congelamiento de precios de bienes de consumo durante sesenta días. “Debemos poner al consumidor americano primero”, declaró el Presidente, ante la suba de precios de productos alimenticios.

La prohibición de exportar fue de corta vida –hasta octubre de 1973-, cuando se confirmó que la nueva cosecha, producto de un crecimiento del área, la reincorporación de tierras a la producción y un clima normal, sería abundante, pero tuvo un impacto amplio y extendido en el tiempo.

En el momento del embargo, Estados Unidos producía aproximadamente el 70% de la oferta mundial de soja, y Japón era el importador más importante de productos agrícolas de Estados Unidos (97% de la soja importada).

El embargo puso en cuestión la condición de Estados Unidos como un proveedor confiable de materias primas. Japón respondió a esta sobre dependencia introduciendo el concepto de seguridad alimentaria e iniciando políticas para asegurarla. La más relevante de estas políticas fue la fundación de la Agencia de Cooperación Internacional  de Japón en 1974 para reforzar la cooperación internacional para el desarrollo agrícola y especialmente para promover el desarrollo y diversificación de las fuentes de importación.

En particular, el desarrollo a gran escala de la región del Cerrado en Brasil para la producción de soja. Ese empujón inicial convertiría a Brasil en unos años en un exportador líder en el mercado mundial de soja.

Además, la Unión Europea decidió la política de subsidios para incrementar la producción de oleaginosos en Europa. Esta expansión se dio fundamentalmente en semillas de mayor contenido de aceite, que generaron excesos de oferta pero también déficits de abastecimiento de harinas oleaginosas, que hicieron cada vez mayores las importaciones de harina, en particular de soja, en el Viejo Continente. La historia es una maestra difícil, pero las consecuencias y lecciones de este evento todavía están presentes, en particular en nuestro país.

Rápidamente, Argentina se subió a este tren, y la soja –introducida a principios de Siglo XX en forma experimental- pasó de ser un producto en estado de desarrollo a convertirse en un actor relevante en la producción agrícola. En pocos años el país se convirtió en uno de los principales participantes del complejo industrial de oleaginosos, especialmente de la soja. Esta oportunidad,  que nació en los años ’70, se aprovechó y hoy es nuestra principal fuente de exportaciones.