Dólar, elecciones y más cepo

Las autoridades vienen sugiriendo informalmente a los operadores cambiarios que reduzcan la operatoria diaria con AL30, entre 5 y 7 veces superior a la observada en la primera semana de junio

12 de julio, 2021

nuevas trabas al dólar

Por Héctor Rubini (*)

La proximidad de las elecciones torna inevitable el recurso al aflojamiento fiscal y monetario para el oficialismo de turno. Impulsar la demanda para promover indirectamente la actividad y el empleo, junto al reparto de recursos y favores, no salen gratis. El impacto sobre la actividad puede ser limitado y la aceleración de la inflación asoman como los principales problemas para ese comportamiento oportunista. Idealmente se trata de postergar ese efecto inflacionario para después de las elecciones y recién entonces, sin riesgo a perder votos, corregirlos con ajustes fiscales y monetarios.

La literatura sobre expectativas racionales y su extensión al campo de la economía política permitieron explorar las limitaciones de un comportamiento supuestamente tan predecible. El mismo no parece ser la regla histórica en varios países.

En otros, donde el oportunismo pragmático pareciera prevalecer sobre el compromiso con plataformas electorales o ideales doctrinarios sí pareciera observarse en algunos ciclos electorales. Esos casos parecieran ser inevitables en países con gobiernos que apelan al expansionismo fiscal y al control estatista de los mercados para impulsar la actividad y supuestamente estabilizar de manera permanente precios e ingresos.

Su éxito depende del sendero previo y del grado de confianza que se va construyendo en la capacidad del oficialismo para incurrir en expansiones oportunistas del gasto público y de emisión monetaria sin provocar excesos de oferta de moneda local y de excesos de demanda de moneda extranjera.

Con controles de cambio prohibitivo es natural la tentación de incurrir en el facilismo oportunista (que presupone, entre otras cosas, que el sector privado “no se da cuenta”) antes de las elecciones, sobre todo cuando se aplican controles de cambio y de capitales. Si asoma el riesgo de que caiga la oferta de moneda extranjera y la demanda de divisas, la tentación por más controles, previo a más expansionismo, es irresistible. Sobre todo si algunos movimientos previos sugieren que algo de esa imprudencia privada lejos está de ser realidad.

La información diaria del BCRA las reservas internacionales, si se excluyen las variaciones por operaciones con organismos internacionales y con el sector público, desde mediados de junio se observan jornadas en las que las pérdidas por variaciones en efectivo mínimo y otras operaciones superan a las compras de divisas del BCRA (fundamentalmente provenientes de exportaciones).

Esto, en lo prolegómenos de meses de aumento preventivo de la demanda de dólares y caída del stock de divisas por exportaciones, comenzó a generar la inevitable expectativa de una presión alcista sobre el tipo de cambio. La pregunta en los mercados pasó a ser el cómo y el cuándo. ¿Una devaluación de 20% como habría sugerido un expresidente del BCRA? ¿Antes o después de las elecciones?

Frente a un escenario electoral en que no se espera mayor stock de reservas internacionales, ni moderación monetaria, nadie podía sorprenderse al ver un aumento de la operatoria con los bonos AL30 para el dólar CCL, y la intervención del BCRA en ese segmento para prevenir una suba del tipo de cambio y también de las brechas con el dólar oficial.

El dólar CCL con AL30 (que muchos han pasado a llamarlo “oficial”) pudo mantenerse en torno de $ 167, pero el dólar CCL con el bono GD30 se consolidó por encima de $170.

Desde principio de julio, las autoridades vienen sugiriendo informalmente a los operadores cambiarios que reduzcan la operatoria diaria con AL30, entre 5 y 7 veces superior a la observada en la primera semana de junio. Las advertencias de la semana pasada no dieron resultado y las autoridades emitieron nuevas restricciones para la operatoria con títulos para hacerse de dólares.

En el fin de semana se conoció la Resolución N° 895 de la CNV para reducir la obligación conocida como “parking”, de mantener títulos en cartera inmovilizados de 3 a 2 días para la compra de dólar CCL con bonos en pesos (como el AL30), y aplicar un “parking” de 2 días a partir de la compra de bonos en dólares (como el GD30). También se reduce de 1000.00 a 50.000 nominales el monto semanal para operar en dólar cable con deuda bajo legislación local y extranjera.

Y a minutos del inicio del partido Argentina vs. Brasil, el BCRA publicó la Com. “A” 7.327. La misma impide que una empresa haga operaciones en los segmentos CCL y Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) con CUIT propio y el de una firma controlante, lo cual restringiría la demanda de dólares a tipo de cambio oficial en el MULC. También bloquearía el calce de operaciones en el segmento CCL con títulos en bajo legislación local y extranjera, con ventas de títulos a cambio de dólares vía cable.

La regulación, focalizada en personas jurídicas, agrega una exigencia de una declaración jurada a ser requerida por bancos u otros intermediarios por las cuales los participantes deben informar que no concertaron en los 90 días previos a cada transacción, ni concertarán en los 90 días posteriores ninguna venta en el país de títulos con liquidación en moneda extranjera, canjes de títulos por otros activos externos o su transferencia a entidades del exterior.

El efecto inmediato es el de reducir la operatoria cambiaria del segmento mayorista vía CCL, pero puede conducir a un simple desvío de la demanda de dólares en ese segmento al dólar “blue”. Supuestamente no es factible operar simultáneamente en un segmento regulado y en otro informal. Pero a mayor complejidad regulatoria, mayores incentivos para eludir las normas.

Lo más probable es que luego de cierta calma se reavive la demanda de divisas en el segmento blue y que sus fluctuaciones vayan evolucionando según los indicadores económicos y los rumores políticos previos a las PASO de septiembre y la elección primaria de noviembre.

Pero si algo es claro es que poco y nada va a contribuir al ingreso o repatriación de capitales ni a la desdolarización de carteras ni de expectativas. En esta semana quedará en evidencia si esta nueva medida contribuirá, a su vez, a reducir la brecha entre el dólar implícito en el bono GD-30 y el AL30 en legislación nacional y la del dólar “blue” respecto del oficial. ¿Será el inicio de una dinámica de mayores minidevaluaciones diarias hasta fin de año? ¿O el mayor encorsetamiento de la economía con más regulaciones previo a una devaluación? Tal vez en unos pocos días lo tendremos más claro.

(*) Economista de la Universidad del Salvador (USAL)