Del “paciente cero” hasta la caída del gigante que marcó a Wall Street

8 de julio, 2021

Bear Sterns

Por Leandro Gabin

Considerada la mayor crisis financiera desde 1930, claramente el descalabro de las hipotecas subprime fue uno de los hitos que hasta hoy sigue marcando el negocio financiero en Wall Street. Si bien muchos colocan a la quiebra de Lehman Brothers como el inicio de la crisis, en realidad,  había comenzado antes. Más precisamente, seis meses antes de ese “fatídico” 15 de septiembre del 2008: Bear Stearns fue la primera víctima de las hipotecas “basura” que se securitizaban en el mercado y que tenían a las grandes firmas de Wall Street totalmente apalancadas y a tiro de un nocaut. Se podría decir que fue el “paciente cero” en esa tragedia financiera.

La historia de la crisis subprime no estaría bien escrita sin antes detenerse en el caso de Bear. Era un banco de inversión muy importante en Estados Unidos que venía (como gran parte del mercado) ganando fortunas con los instrumentos atados a las hipotecas. Como la gran mayoría, cotizaba en el mercado y antes de la crisis había llegado a un récord de 133 dólares por acción.

El ambiente en la compañía era triunfalista pero ya hacía tiempo se respiraba cierta intranquilidad por dos hedge funds del banco que empezaban a tener dificultades. “Se pensaba que se podía solucionar. Pero el tema empezó a sentirse que estaba fuera de control en febrero o marzo del 2008”, recuerda Javier Timerman, quien fuera director ejecutivo senior de Bear Stearns y miembro del Comité de Asesoramiento del presidente en esa época.

Si bien no participaba del negocio de las subprime (tenía a cargo un equipo que operaba monedas en el mercado contado y futuros, además renta fija latinoamericana), Timerman cuenta que algo se insinuaba.

“Cuando entré a Bear en el ’93 el departamento de mortgages (hipotecas) ganaba US$ 500.000 por semana y antes de la crisis alrededor de US$ 100 millones”, contextualizó.

Los rumores del mercado, indicando que Bear no podía renovar sus préstamos de corto plazo porque sus activos (o sea las hipotecas que había vendido) valían mucho menos, empezaron a poner en jaque a la compañía. Con problemas de liquidez, los bancos de inversión no podían recurrir a la ventanilla de la Reserva Federal para pedir un rescate (como sí lo hacían los bancos comerciales).

“En realidad yo tenía un viaje a  India con mi familia para esa semana del 12 de marzo, pero unos días antes ya se escuchaba que había un problema grave porque no se podrían renovar los commercial papers. Había pánico en la firma”, cuenta el actual director de AdCap Securities.

Lo que siguió fue en caída libre. “Vino un capo de la firma diciendo que iba a ver un anuncio por el cual había un acuerdo con el JP Morgan para conseguirnos U$S 1.000 millones de dólares. Actuarían como intermediarios. Y pensábamos que con eso calmábamos al mercado”, recuerda el hermano del excanciller argentino durante la presidencia de Cristina.

Pero no sucedió precisamente eso. Se anunció el acuerdo al mercado y la acción de Bear, que había cerrado más arriba, vuelve a tropezar mientras que los clientes seguían sacando la plata de la compañía. “Ya nadie quería operar con nosotros”, explica Timerman.

La velocidad de los acontecimientos fue demasiado para todos. La cúpula de Bear (en la que estaba Timerman) es citada un sábado a la mañana para empezar a reunirse con potenciales compradores de la firma. “Me fui llorando a mi casa, tenía un montón de acciones de la firma que estaban por el piso y un tercio de mi sueldo era en acciones”, comenta mientras recuerda lo que les dijo el presidente de Bear: “Las empresas financieras no vuelven del Chapter 11: hay que vender”. La frase fue para desactivar cierta resistencia que había entre algunos directivos quienes pedían “resistir” la venta. Todo fue en vano: desembarcaba JP Morgan y ofrecía pagar tan sólo US$ 2 por acción a los empleados cuando el precio de mercado estaba en torno a US$ 40.

La oferta finalmente se mejoró, ya que el Morgan ofreció pagar 10 dólares por acción más reconocer cierto porcentaje de los “bonus” anuales, quizás debido a que luego de haberse firmado el deal, la Reserva Federal sacó una normativa donde permitía a los bancos de inversión pedir asistencia del regulador. ¿Por qué no lo hizo antes para salvar a Bear?

Timerman continuó en JP Morgan hasta que decidió armar su propia firma e independizarse.

Lo que siguió después para Wall Street fue una algarabía momentánea: los mercados subieron apostando a que el caso Bear era “aislado” desde marzo a julio del 2008. Pero rápidamente se dieron cuenta de que estaban todos demasiados expuestos y aparecieron nuevos casos.

El de Lehman fue crucial: después de negociar con algunos bancos como Barclays, la Reserva Federal le soltó la mano el 15 de septiembre y se declaró en bancarrota. Tenía US$ 639.000 millones en activos y US$ 613.000 millones en deudas. Los coletazos alcanzaron a otros bancos de inversión como Merrill Lynch (que fue comprado por Bank of America) mientras que Goldman Sachs y Morgan Stanley pasaron a ser bancos comerciales para poder ser rescatados por la Fed.

Lehman fue, en realidad, el último gigante en caer. Pero antes de él hubo otros que indicaron lo que se venía, a pesar de que los reguladores no lo vieran.