De Deng Xiaoping a Xi Jinping: ideas similares en épocas diferentes

8 de julio, 2021

deng xi jpining

Por Luis Domenianni

Al cumplirse cien años de la fundación del Partido Comunista Chino (PCCh), la figura del extinto líder Deng Xiaoping adquiere una relevancia mayor tras la profundización de los cambios que en su momento propuso y que rigen actualmente al Estado del país más poblado del planeta.

¿Pero fue un cambio tan radical como fue catalogado en su momento en Occidente? ¿Fue un avance en todos los campos, además del económico? ¿Fue un avance hacia la paz universal?

Las palmas del centenario del PCCh se las lleva el legendario y dictatorial Mao Tse-tung, el triunfador de la guerra civil que instauró el régimen comunista, el todopoderoso dirigente sin límites de ningún tipo, el delirante inspirador de iniciativas a cuyo costo debió hacer frente el conjunto del país.

Desde la caza generalizada para la extinción de los gorriones a fin de impedir su alimentación con semillas sembradas cuyo resultado fue la proliferación de insectos de todo tipo hasta la creación de altos hornos para fabricar acero de pésima calidad en todas las comunas rurales, los delirios del máximo dirigente no encontraron límites de ningún tipo.

Seguramente, dos de las acciones de aquel período tiránico comenzado en 1949 que más recordará la historia, serán la Guerra de Corea y la denominada Revolución Cultural.

Percibida, esta última, como una revolución dentro de la revolución sirvió al presidente Mao para deshacerse de sus enemigos y adversarios dentro del Estado chino, mediante la movilización de jóvenes a quienes se les cedió poder de hasta vida o muerte frente a los “contra revolucionarios” marcados por el dedo del dictador.

Una de las víctimas de aquellos sucesos fue, precisamente, Deng Xiaoping, quién debió permanecer en silencio y alejado de toda responsabilidad hasta la muerte de Mao y su reivindicación como dirigente máximo del país aunque, formalmente, solo ocupó la presidencia del Comité Militar.

“Enriquecerse es glorioso”, fue la proclama lanzada por Deng que sirvió de punto de partida para la puesta en marcha de esta China más o menos capitalista, que adhiere –en parte- a las reglas del mercado.

La explicación del cambio frente a la tenencia por parte del Estado de la propiedad de los medios de producción, propia de la ortodoxia comunista bajo el Gobierno de Mao, fue otra de las frases célebres del propio Deng: “No importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.

La capacidad de cazar ratones simboliza la posibilidad de China de convertirse en un país fuerte en materia económica y militar. Aquella capacidad se sintetizó en marzo de 1979 en las “Cuatro Modernizaciones” que Deng lanzó como objetivo: la modernización de la economía, la de la agricultura, la de ciencia y tecnología, y la de la defensa.

Para Deng, la democracia, entendida como principio del Estado de Derecho nunca fue una prioridad. Más vale lo contrario. Otra de sus famosas frases describe su pensamiento al respecto: “Sin un ambiente estable no se puede lograr nada y lo que se ha logrado será perdido (…) La democracia es nuestra meta pero el país debe mantenerse estable”.

En ese pensamiento queda inscripta la represión brutal de las manifestaciones, mayoritariamente juveniles, que reclamaban la democratización del país, tras los años de dictadura sangrienta de Mao.

A Deng no le tembló el pulso para ordenar liquidar por todos los medios la insurrección de 1989, cuando el comunismo se derrumbaba en todo el mundo. Fue la masacre de la Plaza Tiananmen, en Pekín.

Las ideas rectoras de la China de hoy en poco se diferencian de las que rigieron en épocas del liderazgo de Deng. En todo caso, claro, aparecen adecuadas a las circunstancias.

Ahora, como entonces, no es tolerado el menor atisbo disidente. Ayer fue Tiananmen, hoy es Hong Kong y la represión de los uigures en el Turquestán chino, conocido oficialmente como Sinkiang.

La tibia incursión en las reglas del mercado de entonces amparada en otra de las sentencias de Deng -“la planificación y las fuerzas de mercado no constituyen una diferencia esencial entre el socialismo y el capitalismo”- es hoy un pilar del régimen del PCCh.

Y la modernización militar propuesta, ahora es una política agresiva en el Mar de la China Meridional con un poderío nuclear nada desdeñable y una actualización del sistema defensivo-ofensivo digno de una política imperial.

Quizás aquí radique la principal diferencia entre el ahora y el entonces. En esa vocación imperial, absolutamente imposible de vislumbrar en la época de Deng y puesta en ejecución –iniciativa de la Ruta de la Seda y desarrollo tecnológico, mediante- a partir del presidente Xi.

En todo caso, la esencia es la misma. Un autoritarismo intolerante que, ahora, lucha por la supremacía mundial.