Castillo ya es presidente de Perú: giro a la izquierda en la grieta andina

Quedará por ver si Castillo podrá disputar y cambiar el modelo económico. Para llevar adelante una agenda pujante de expansión en el rol del Estado es necesario un equipo coordinado y conocedor tanto de los problemas públicos como de los instrumentos de gestión.

29 de julio, 2021

Castillo ya es presidente de Perú: giro a la izquierda en la grieta andina

Por Claudio Robelo Guzmán (*)

LIMA.- El 28 de julio marcó el traspaso de poder que inicia el mandato de Pedro Castillo en Perú, ante atentas miradas de líderes e inversores internacionales expectantes de un giro a la izquierda en la región. Desde el inicio del proceso electoral la moneda peruana se deprecio 8 % frente al dólar, mientras los ciudadanos peruanos abren cuentas en el extranjero, temerosos de una nueva Venezuela bajo un Gobierno de corte chavista.

Asimismo, el evento coincidió con la celebración del bicentenario de la independencia del país, y le dio a la jornada remembranzas del autonomismo latinoamericano. La jornada vale para ignorar brevemente las penas de la pandemia, luego de superar los 200.000 muertos. Perú ocupa uno de los primeros puestos en cantidad de fallecidos por millón de habitantes en el mundo.

Desde lo político, la ceremonia parece ser un momento culmine de la inestabilidad reciente en el país, con un trasfondo de continuas crisis políticas que dejaron a todos los expresidentes de la nación condenados, investigados o prófugos de la Justicia.

La crisis política es tal que los sucesivos escándalos de corrupción, juicios políticos y cierres al Congreso dejaron a la clase política vacía de liderazgos, un sistema de partidos caótico y una ciudadanía insegura respecto a quienes son sus representantes.

Por el contrario, en el plano económico, lo llamativo de Perú ha sido su estabilidad, con un crecimiento estable 3% del PIB anual en promedio. Para ello se valió del privilegiado acceso al Pacífico, riquezas minerales, combustibles fósiles e industria extractivista, junto liberalismo desde los años 90. Aun así, el crecimiento macroeconómico difícilmente hizo mella sobre la pobreza estructural en el país que ocupa el puesto 78 en el Indice de Desarrollo Humano a pesar de haber expandido la capacidad de consumo y desarrollado un boom en obras públicas. Es así como la riqueza del país convive con cifras de 30% de pobres en 2020, luego de un incremento de 9% durante la pandemia. Estos valores se exacerban al ver que cerca del 70% de los trabajadores se encuentra en la informalidad económica.

Esta disparidad entre crecimiento y el reflejo en el bienestar social se expresó geográficamente cuando los comicios revelaron una grieta territorial entre sectores urbanos, principalmente limeños, contra el interior del país cuya posición social y acceso a servicios públicos no ha mejorado al ritmo del crecimiento nacional.

Las bases políticas de Castillo apelaron al votante postergado, cuyos problemas no hicieron eco en los pasillos de los ministerios nacionales, y hoy se encuentran presentes en la capital en distintos acampes en plazas céntricas, signando la grieta que representa el maestro rural.

Contrario al sólido mensaje de campaña disruptiva (“no más pobres en un país tan rico”), la organización partidaria de Castillo aun es endeble. Los medios y la opinión pública se encuentran atentos a las líneas de quiebre dentro de Perú Libre, señalando disensos y descoordinaciones entre Castillo y Vladimir Cerrón, el líder del partido político e impulsor de Castillo como dirigente. Ello aumenta la tensión y la incertidumbre dado que Castillo, maestro rural cuyos orígenes políticos provienen del sindicalismo, posee pocos cuadros de gestión propios.

Todo esto redunda en incógnitas respecto a las personalidades que ocuparán los cargos clave de gestión y como sus trayectorias contribuirán a dar cauce a las promesas de campaña. Al momento de la redacción de esta nota y con el mandatario ya en el cargo, aún no hubo anuncios o confirmaciones de los nombres que compondrán su Gabinete. Mientras tanto la diversidad de representantes con variado vínculo con la nueva cúpula ya está trayendo complicaciones en el desarrollo de las comisiones de transferencia de gestión.

Por otra parte, el Congreso se ha solventado como la oposición institucional y su nueva presidenta María del Carmen Alva llamo a “terminar el conflicto entre poderes”. Esta es una valiosa señal publica que busca el dialogo para frenar la dinámica de conflicto entre el Congreso y Presidencia que ha redundado en juicios políticos, cierres del Congreso y crisis políticas generalizadas.

El primer discurso nacional del presidente Castillo dio la oportunidad al maestro rural de esclarecer el tono de su Gobierno. Ya alejado de los imperativos de la campaña, sus palabras de inicio del mandato expresan su agenda transformacional para Perú y el grado de fuerza con que buscará imponerla en un panorama político plagado de desafíos e insatisfacciones. En ese sentido, Castillo se mostró con un tono carismático más no combativo, apelando a sus raíces culturales y territoriales mientras sostiene la necesidad de un Estado presente que brindará bienestar social a todos sus habitantes con ejes claros para su gobierno.

Una expresa ratificación destacó dentro de su discurso: la intención de impulsar una reforma constitucional que reemplace a la constitución fujimorista de 1993. No obstante, prometió que la propuesta se realizará por los canales institucionales apropiados, velando por el republicanismo y la ratificación popular en el país. Junto con las palabras de la presidenta del Congreso, dan un tibio reaseguro a la estabilidad del régimen democrático republicano.

Entre los ejes de Gobierno destacaron la expansión del rol del Estado con énfasis en el interior del país y la obra pública; una agenda de programas sociales de salud, educación, producción agrícola y desarrollo productivo y la renegociación y diálogo con actores económicos, principalmente en la minería y los tratados de libre comercio. Aspectos ausentes de las declaraciones fueron la inmigración regional que supera al millón de personas, o el narcotráfico en un país donde el fácil cultivo de coca hace florecer a la narcocriminalidad compleja que se imbrica con resabios de grupos terroristas en el norte del país.

La panorámica de los últimos 30 años arroja luz sobre lo acontecido. Esta no es la primera vez que un líder con discurso de izquierda llega al poder, ya sea el caso del segundo mandato de Alan García más moderado que en los ‘80 o el pragmático Ollanta Humala, las bases del crecimiento económico peruano en la industria extractivista no fueron puestos en duda.

El discurso de Castillo dista mucho del tono de campaña, buscando el tenue equilibrio de conciliación, reordenando las condiciones de la estabilidad económica y buscando la político-social sin sacrificar aquella.

Quedará por ver si efectivamente Castillo podrá disputar y cambiar efectivamente el modelo económico, escuchando el malestar de las mayorías como señaló en su discurso. Por lo pronto, mostró el tono institucional y centrado en objetivos asequibles, pero para llevar adelante una agenda pujante de expansión en el rol del Estado es necesario un equipo coordinado y conocedor tanto de los problemas públicos como de los instrumentos de gestión.

En caso de que estos cuadros técnicos provengan de las filas que históricamente han hecho carrera dentro de la administración pública, probablemente la inercia mantendrá los pilares del modelo preexistente. Por el contrario, si se nutren los cargos de nuevos nombres, pesará la inexperiencia en el manejo de un país de difícil gestión para un Estado pequeño en un territorio de difícil acceso. De una u otra forma, la probable mezcla entre nombres nuevos y conocidos, hará que el juego de las fuerzas políticas traiga una performance muy dispar al Gobierno entrante mientras define su propio rumbo a medida que define su identidad.

(*) Profesor de Política Internacional Contemporánea e Investigador del Centro de Estudios Internacionales (UCA)