Apareció una idea lógica: ¿huir, mantener o comprar?

Desde que no se arregló con el FMI y tras el aplazo del MSCI, la presión cambiaria volvió y los titulos argentinos se cayeron. Pero en el cierre de la semana pasada la soja repuntó, la medición de inflación dio mejor y Alberto decidió abrirle la puerta a las vacunas de EE.UU.

5 de julio, 2021

Dólar blue hoy: a cuánto cotiza este viernes 2 de julio

Por Luis Varela

Mientras con presión cambiaria y títulos en baja en Argentina el Gobierno sigue culpando a la pandemia y a Macri como los responsables de todos los males, el mundo está despegando con un “bull market”, con recuperación de empleo y con un coronavirus que empieza a dar muestras de quedar atrás.  

En abril, con un panorama global muy incierto, en el mundo el Covid19 se llevaba 110.000 muertes por semana, pero en el arranque de junio ese aumento bajó a 75.000 fallecimientos y en las últimas tres semanas se achicó a 65.000, 60.000 y 55.000 decesos, por lo que -a pesar de las nuevas cepas- es evidente que la vacunación va logrando su cometido.

En situación peor que Argentina está Perú, varios países de Europa del Este y Brasil, que tiene 0,25% de fallecidos, porque Bolsonaro jamás le dio ninguna importancia al virus. Pero países linderos, vecinos inmediatos como Chile y Uruguay, con uso de todo tipo de vacunas, tienen índices de 0,16% y 0,15% de muertes. Si Argentina tuviera esa proporción habría tenido a esta altura entre 18.000 y 22.000 muertos menos.

Y una economía con una ley laboral ultraflexible, como la de Estados Unidos, acaba de recuperar en junio la enormidad de 850.000 puestos de trabajo en blanco, mientras que su tasa de desempleo está en el 5,9%. Semejante repunte económico hará que los norteamericanos recuperen pronto todo lo perdido el año pasado, mientras que, según la OCDE, Argentina volverá al nivel prepandemia recién en 2026.

Si el empleo en Estados Unidos sigue creciendo a esa velocidad y si la inflación sigue mordiendo (el mes pasado tuvo un IPC del 5% anual, el más alto en muchos años), la Reserva Federal se verá obligada a recoger el carretel del estímulo, por lo que estaría cerca el tapering (compra de bonos del Tesoro y de papeles respaldados por hipotecas por US$ 120.000 millones por mes) y podría también anticiparse la suba de tasas de interés.

En la reunión del mes pasado, los 18 miembros de la Fed votaron y por 11 a 7 decidieron empezar a achicar el tapering y subir la tasa al 0,6% anual en 2022, un año antes de lo que se venía diciendo. Y ese menor reparto de dólares desde helicópteros hizo que, a contramano de todo lo anticipado por los expertos, el dólar subiera contra todas las monedas del mundo, con una suba semanal de entre 0,2 y 2,5% contra el real, el euro, el franco suizo, la libra, el yuan, el yen y el peso chileno.

Subas en Wall Street

Es tan potente el resurgir económico norteamericano que la Bolsa de Nueva York sigue de máximos en máximos: la semana pasada el tecnológico Nasdaq ganó 1,9% y el industrial Dow Jones mejoró 1%, muy por encima del 0,3% de suba que tuvieron Frankfurt o San Pablo, y a años luz de las bajas del 0,5 al 2% que tuvieron las Bolsas de México, Santiago de Chile y Tokio.

Aquí, en Argentina, la situación financiera es exactamente al revés de lo que pasa en el mundo. A nivel local estamos sumergidos en una alta presión cambiaria y en un nuevo retroceso en el valor de las acciones y los bonos, con el riesgo país nuevamente colocado cerca de los 1.600 puntos, con una tasa a vencimiento en los titulos del canje del 22% anual, triplicando lo que prometen los países desclasados de la categoría “stand alone”, donde nos colocaron.

Desde que no se llegó a un acuerdo con el FMI y desde que el MSCI nos dio dos aplazos seguidos, los inversores del mercado local giraron sobre sus talones y están nuevamente sumergidos en una generalizada huida de capitales, con un derrumbe del 9% en el precio de las acciones y una caída del 6% en el precio de los bonos.

La salida de capitales es encabezada por empresas extranjeras, de ahí que se triplicó el volumen diario operado con el denominado contado con liquidación, y la movida fue tan grande que la Comisión Nacional de Valores citó a las casas de Bolsa con gran preocupación, sugiriendo que si eso seguía podría volver el parking (la demora en volver a operar los titulos negociados) o incluso acentuar los controles y las inspecciones.

Así, en medio de otra presión cambiaria, el Gobierno volvió a hacer uso de reservas o de bonos para parar otra fuerte suba del dólar, en algo que le fue más difícil en mercados más grandes como el MEP o el CCL, y más sencillo en el blue. Con eso, la semana pasada el dólar MEP (que lleva dólares a cajas de seguridad o al colchón) trepó 1,7% hasta un récord de $166,35, con el CCL avanzando 0,9%. Sólo pudieron planchar al blue, que achicó 2,3%, de $174 a $170, luego de haber pegado un salto desde $139 en apenas doce semanas.

Y las cotizaciones de cierre fueron casi un relato. Ya que el Banco Central deja que en las primeras horas se den los mayores volúmenes, con las empresas operando a sus anchas, y en la hora final entran los cañones oficiales, para que los ahorristas menos informados sientan que el Gobierno sigue dominando, controlando, domando al mercado, con oficialistas arengando a Guzmán “Dome maestro, dome”.

Pero el tema no es solo cambiario: mientras el mercado externo es bull (toro), que cornea hacia arriba (con el mejor primer semestre en 23 años, desde 1998), el mercado local es bear (oso), que abraza hacia abajo. Hay papeles que en las últimas ruedas bajaron más del 20% y los bonos están muy débiles, a pesar de que supuestamente el viernes próximo, 9 de julio, se pagará el primer cupón de los titulos nuevos del canje, moneditas, apenas 0,13% anual.

El temor es grande. El vigor de recuperación del mundo hace que sigan subiendo los granos, el petróleo y los metales, lo cual anticipa que el dato de inflación de EE.UU. dará otra vez alto, y que la recogida mundial de dólares estará más cerca, complicando nuevamente a los países endeudados.

Y Argentina tiene grandes desafíos por delante. Mañana martes Guzmán deberá afrontar una colocación de deuda bien compleja. Tiene vencimientos por $800.000 millones en las próximas ocho semanas. En la licitación de la semana pasada salió a buscar $240.000 millones y le prestaron $173.855 millones, el 72% de lo que necesitaba.

Esta vez ofrecerá cinco Letes, todas en pesos: una a descuento con vencimiento 29 de octubre de 2021 (s29o1 – reapertura), otra a tasa variable más 2,75% con vencimiento 29 de octubre de 2021 (so291 – reapertura), otra a descuento con vencimiento 31 de diciembre de 2021 (s31d1 – reapertura), otra ajustada por CER a descuento con vencimiento 31 de diciembre de 2021 (x31d1 – reapertura) y una última también ajustadas por CER a descuento con vencimiento 30 de junio de 2022 (x30j2 – reapertura).

Los capitales se van, dejan el peso, por varios factores. Primero, un Gobierno indeciso, que no apoya la inversión ni el empleo. Segundo, la soja ya está 100 dólares abajo del récord y la tendencia es bajista. Tercero, el BCRA tendrá ahora un segundo semestre con menos acumulación de reservas. Cuarto, se ve claramente que siguen buscando cajas, suben peajes, la hidrovía, los trenes de carga…

Encima, como si eso fuera poco, todo está enfocado en la elección. Hay que hacer dos pagos grandes al FMI antes de fin de año por US$ 4.800 millones, y el Fondo ya anticipó que no aceptará pagos parciales, espera que se haga con los DEG que se repartirán, y el oficialismo quiere usarlos para incentivar el consumo y ganar votos.

El mercado institucional local, que está encerrado en pesos, coloca la mayor parte de lo que compra en bonos CER, pero en el mercado se teme que el índice CER se cambiado, que se quiten alimentos, que son los que más suben. De ahí que es vox populi entre los operadores que las probabilidades de default o reestructuración son del 90%.

Y los conflictos siguen. Ahora Renault planteó que no puede tomar operarios porque no cuenta con las piezas necesarias como para que su planta de Córdoba siga activa. Y se impidió la siembra de salmones en el sur, cortando otra fuente de provisión genuina de dólares por exportaciones.

Como datos positivos, en el cierre de la semana aparecieron tres elementos que atenuaron un poco la caída. Por un lado, Orlando Ferreres dijo que la inflación de junio fue del 3% mensual, lo cual de confirmarse sería la más baja desde septiembre del año pasado. También hubo una recuperación de la soja en Chicago, que regresó de 486 a 533 dólares. Y el mejor de todos fue una idea cuerda: Alberto lanzó un DNU para comprar finalmente las vacunas norteamericanas, por lo que eso podrá ser un atenuante ante la tercera ola.

¿Alcanzará para frenar otra crisis? El Gobierno volcará todo el dinero que pueda a la calle para reactivar antes de las urnas. Con ese objetivo sólo electoral, el ex ministro Cavallo anticipa que antes de la elección de noviembre habrá una posible “explosión devaluatoria”. Y el ex titular del BCRA de Cristina Juan Carlos Fábrega plantea que después de las urnas pasará lo mismo que sucedió con él, cuando después de una elección el dólar saltó 23%, de $6 a $8,50.

¿Qué ocurrirá? Los operadores locales recomiendan CER, pero el CER no da ganancia, mantiene poder de compra, dejando el capital en el banco, a merced de lo que decida el Gobierno. Frente a eso los expertos recomiendan: si el oficialismo se radicaliza después de la elección, hay que huir, y si cambian se puede mantener. Pero ninguna nombra la palabra mágica: comprar.