Teoría Monetaria Moderna: ¿se dispara la inflación en dólares o es algo transitorio?

14 de junio, 2021

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Por Gonzalo Martínez Mosquera

La inflación en Estados Unidos, medida por el índice de precios al consumidor, dio 5% en mayo con relación al mismo mes del año anterior. Es un número muy alto en relación al objetivo de la Fed, que es del 2%. En abril ya había sido de 4,2%.

Esa inflación compara con el mes de inflación más bajo del año pasado. En mayo de 2020 los precios habían subido solamente 0,1% debido a la caída en varios rubros como consecuencia de la pandemia. La baja en el ritmo inflacionario había empezado un mes antes, cuando el registro marcó una suba de sólo el 0,3%.

El valor de mayo estuvo algo arriba del consenso de economistas, que era de 4,7%. Las causas más mencionadas son el aumento del precio de los commodities, los cuellos de botella que aparecen en la cadena de suministros y la dificultad de las compañías para conseguir personal que podría estar repercutiendo en subas de salarios.

Cuando se habla de los riesgos inflacionarios en Estados Unidos, las voces más escuchadas son probablemente las del ganador del premio Nobel Paul Krugman y la del exsecretario de Estado, Larry Summers.

En general su visión respecto al impacto que podría tener el plan de estímulo de Joe Biden difieren. El primero es más proclive a “equivocarse por hacer de más” recordando la recuperación tibia y lenta que se vivió poscrisis de las subprime durante la presidencia de Barack Obama. El segundo levanta la alerta respecto a que se despierte la inflación y que ello genere una suba de las tasas que, además, provoque una recesión.

Recordemos que Janet Yellen advirtió que si la inflación subiera, la Fed podría tener que reaccionar subiendo las tasas de interés. La discusión del momento es si las subas de precios de abril y mayo son algo transitorio o si habrán llegado para quedarse.

¿Cuál es la visión de la MMT al respecto?

Los MMTers fueron probablemente quienes con mayor énfasis advirtieron que las compras de activos financieros en Japón, Europa y Estados Unidos, conocidos como “Quantitative Easing” no iban a funcionar para reactivar la inflación y llegar al target de sus respectivas autoridades monetarias.

También advirtieron desde el comienzo que el euro, como fue diseñado originalmente, no podía durar mucho tiempo. El pasar de los años les dio la razón y el Banco Central Europeo se vio obligado a rescatar las deudas de los países más débiles.

Pareciera, entonces, importante prestar atención a lo que están diciendo respecto al proceso inflacionario que parecería estar desarrollándose en los Estados Unidos y que podría impactar en los bolsillos de muchos argentinos que guardan sus ahorros es la moneda de ese país.

Demanda agregada

Una causa muy repetida para explicar la suba del nivel de precios son los famosos cheques que el Gobierno envió para paliar la crisis ocasionada por la pandemia. Algo parecido al IFE local. La emisión monetaria habría expandido la demanda agregada generando el aumento de precios observado.

Si esa explicación tuviera sustento deberíamos estar acercándonos a niveles de pleno empleo. Sin embargo, cuando se miran los números en detalle se puede observar que el desempleo es alto todavía, aunque la estadística de desempleo no lo refleje.

Previo a la pandemia, la desocupación venía registrando mínimos históricos cercanos al 3,5%. Cuando la pandemia golpeó ese número subió repentinamente al 14,8 % en abril del año pasado.

A partir de allí bajó considerablemente hasta ubicarse en el mes pasado en 5,8%. Si bien es un valor bajo en términos históricos, aún le queda camino por recorrer hasta los valores que supo tener previo a la pandemia.

Pero hay un factor importante que escapa a aquella referencia. Esta crisis es particular porque impactó muy fuertemente en la oferta de empleo disponible: la cantidad de gente que quiere trabajar. Recordemos que la tasa de desocupación mide la gente que busca trabajo y no lo encuentra y, por lo tanto, a misma cantidad de empleo total, el índice podría llegar a bajar por una menor cantidad de gente con voluntad de trabajar.

Este porcentaje sobre la población total, que se conoce como Población Económicamente Activa (PEA), era de aproximadamente 61% previo al Covid-19. En abril de 2020 cayó a 51,3%, y uno podría presumir que la gente no quería ofrecer sus servicios laborales por miedo a contagiarse.

Ese valor se encuentra hoy en 58% para un índice de desempleo del 5,8%. Pero si el PEA volviera al 61% prepandemia (lo cual sería esperable con la mejora de los índices sanitarios) eso implicaría que 10 millones de personas volverían al mercado de trabajo y la desocupación sería del 10% (suponiendo que ninguno consiguiera trabajo inmediatamente).

El argumento de que la inflación sea algo prolongado por un tema de demanda agregada exacerbada pierde fuerza con esos valores.

¿Qué chances hay de que esa gente vuelva a ofrecer sus servicios laborales?

Un gráfico que muestra Warren Mosler, padre del MMT, en su blog Mosler Economics puede darnos una idea. El porcentaje de beneficios por desempleo que vencen en julio es del 6%, en junio del 23% y en septiembre del 71%. Estos datos sumados al gran avance de las vacunas en Estados Unidos deberían reflejarse en una suba del PEA en el corto plazo.

Ese crecimiento de la oferta de empleo podría aliviar la presión sobre los precios del lado de los salarios (recordemos que en varios sectores las empresas se quejan de no conseguir empleados disponibles), lo cual implicaría una razón para reducir el número de inflación en los próximos meses.

Otros cuellos de botella

Pero no sólo el empleo es un cuello de botella que podría haber encontrado la economía del norte en su salida de esta crisis.

Como dice Juan Carlos De Pablo, en el promedio se ahogan los enanos y una visión en detalle de los aumentos de precios registrados en mayo por sector nos puede dar una idea de cuales son aquellos que presionan más.

Como muestra Mosler en el blog mencionado antes, los autos de alquiler subieron 12,1%, los autos usados y camiones 7,3% y las tarifas aéreas 7%. ¿La causa? Probablemente los americanos quieren recuperar el tiempo perdido y viajar lo que no pudieron hacerlo en el último año. Claramente es una suba que no debe alarmar y que debería aliviarse con el tiempo.

Otro cuello de botella que encontró la economía fue el de la madera. Si sumamos las tarifas para importar de Trump el resultado fue que entre noviembre del año pasado y mayo de este, el precio pasó de menos de US$ 600 la tabla de mil pies a más de US$ 1.600. Una suba del 166% en medio año. Y claro, salió en todos los noticieros.

Sin embargo, como señala Mosler, en general las subas fuertes son noticia pero no tanto las bajas. El mes pasado la madera cayó a US$ 1.059, 34% abajo del mes anterior sin la misma repercusión que había tenido el aumento previo.

Esa baja de aquella materia prima debería reflejarse en los precios al consumidor en el corto plazo y muestra cómo una suba por un tema de cuellos de botella, en general suele ser transitoria a la espera de que reaccione la oferta en respuesta a la señal de precio.

Parecieran, en principio, datos que explicarían por qué no hay que alarmarse ante las últimas noticias de precios en EE.UU.

¿Puede surgir una espiral inflacionaria?

No quiero meterme muy en detalle de lo que dice la TMM desde el punto teórico para no ponerme muy “wonkish”, como diría Paul Krugman (salvando las gigantescas diferencias), pero básicamente según esa teoría no existe tal cosa como un aumento continuo en el nivel de precios, que es una definición académica que se le da a la inflación.

A lo que llamamos inflación es en realidad una medida de variación de precios según una canasta seleccionada entre dos puntos en el tiempo y no debiera confundirse con una variación de precios relativos sino que la inflación intenta medir el aumento del nivel general de precios.

Este nivel, según la TMM, está definido por los precios del gobierno cuando gasta, y por lo tanto, aumentos puntuales de precios generados por cuellos de botella o suba en los commodities no debieran generar una suba permanente en el nivel general salvo que el gobierno convalidara subiendo los precios que paga, por ejemplo por salarios.

Por otro lado, es importante recordar el papel que juegan los “estabilizadores automáticos” de la política fiscal. La idea de estos es frenar un aumento en la inflación por la vía fiscal sin la intervención del gobierno, como su nombre lo indica.

Un caso clásico son los impuestos progresivos que aumentan la presión impositiva ante subas en el nivel de precios retirando dólares del mercado y generando una caída en la demanda que podría ayudar a enfriar la suba original.

Según Randall Wray, uno de los proponentes más importantes de la TMM, la estructura de estabilizadores en Estados Unidos está bien diseñada y suele ser la causa por la que el ciclo económico se suaviza ante subas y bajas en la actividad.

Esa función, el mainstream se la adjudica principalmente a la tasa de interés mientras que los MMTers suelen argumentar que la política monetaria es inefectiva para controlar los ciclos económicos. Mosler, por su parte, va más allá y sostiene que la política de tasa seguida por la Fed habitualmente es contraproducente y que, en vez de suavizar los ciclos, los acentúa.

Según él, subir la tasa es inflacionario por varias razones, principalmente por el enorme ingreso en concepto de intereses que recibe el sector privado, sobre todo en economías con mucha deuda remunerada emitida.

Conclusión

Según la TMM, los aumentos de precios de abril y mayo no deberían alarmar demasiado ya que deberían atenuarse con el correr de los meses.

Pero incluso si la suba de precios no se enfriara en los próximos meses y dado que la inflación es función de los precios que paga el gobierno, su “cura” sería reducir el plan de estímulo. Una vez que el Congreso así lo decidiera, la suba de precios debería detenerse.

Será crítico, sin embargo, que la Reserva Federal no reaccione subiendo las tasas porque ahí sí podríamos estar ante una “continua” suba de precios en la cual el mayor ingreso de intereses en el sector privado redujera el espacio fiscal obligando al gobierno a pagar mayores precios generando una inflación sostenida.

La Fed viene hace años intentando llegar a su target inflacionario del 2% con poco éxito. Tal vez eso genere una demora en “apretar el freno” subiendo la tasa, lo cual, si los MMTers tienen razón, nos ahorraría una suba sostenida de los precios en dólares tan temida, especialmente, por aquellos con ahorros en esa moneda.