Lina Khan, la super chica que promete terminar con el monopolio BigTech

23 de junio, 2021

Lina Kahn, la super chica que promete terminar con el monopolio BigTech

Por Pablo Maas 

Malas noticias para las megaempresas de tecnología que dominan el capitalismo de plataformas y avanzan sobre industrias y sectores económicos en todo el mundo a la velocidad de los Pac-Man. 

La semana pasada, el Senado de Estados Unidos aprobó por clara mayoría el nombramiento de Lina Khan, una brillante abogada de 32 años, para presidir la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés), el organismo de defensa de la competencia de la primera potencia económica global. Ahora Khan será la persona más joven en presidir jamás esta institución con más de un siglo de historia.

La confirmación de que Khan, profesora de derecho de la Universidad de Columbia y una dura crítica de las BigTech, será la nueva responsable de la lucha antimonopólica en la que está embarcada el Congreso de EE.UU., causó ondas expansivas que llegaron a Europa, que también está apuntando contra el creciente poder de firmas como Amazon, Google, Apple y Facebook. 

Khan, nacida en Londres y que se mudó a los 11 años a Estados Unidos junto a sus padres pakistaníes, saltó a la fama tras publicar, en 2017, un ensayo de 100 páginas en la prestigiosa revista de derecho de la Universidad de Yale (Yale Law Journal). El artículo, “Amazon’s antitrust paradox”, se volvió viral y transformó a Khan en una referente de primer orden en cuestiones de legislación antimonopólica, un área en la que los abogados suelen superar a los economistas. 

El título del artículo de Khan es un juego de palabras con el libro “The antitrust paradox” de Robert Bork, otro abogado, exjuez y procurador general de EE.UU., que se publicó en 1978 y que desde entonces y en los últimos 40 años se transformó en los hechos en la doctrina aceptada  en los tribunales que dirimen cuestiones de competencia. Profesor de la Universidad de Yale, el libro de Bork se escribió bajo la influencia de las ideas de economistas de la Universidad de Chicago, principalmente Aaron Director, cuñado de Milton Friedman.  

En su libro, Bork criticó las interpretaciones demasiado rígidas que hacían los tribunales de las leyes antimonopólicas a mediados del Siglo XX, impidiendo la concentración vertical de empresas o prohibiendo prácticas como la discriminación de precios. La “paradoja” de la aplicación de las leyes antitrust era que la intervención legal sobre los mercados terminaba aumentando artificialmente los precios para proteger de la competencia a empresas que en realidad eran ineficientes. 

Para Bork, lo único que tenía que tener en mente el juez para decidir en casos de defensa de la competencia era el “bienestar del consumidor”. Solo había que intervenir si una empresa podía subir sus precios sin competencia y por lo tanto perjudicar al consumidor. Una idea sencilla pero poderosa.

Hasta que llegó el ensayo de Khan. En el caso de Amazon, los precios son más bajos que los de la competencia. Y en cuanto a los servicios de Google y Facebook, directamente son gratis. Según la doctrina tradicional, no puede haber monopolio allí. Pero hay un detalle: esa regla es válida para la economía tradicional de cemento y ladrillos. Pero en la economía digital, el ganador se lleva todo (o casi) y dominan los efectos de red que provocan irremediablemente una mayor concentración económica. 

Khan saca del centro de la escena competitiva al consumidor e incorpora a otros sectores, como los trabajadores y las empresas. Si un anunciante está descontento con los precios de la publicidad de Facebook o Google, le será difícil encontrar un competidor que le preste un servicio comparable. Según Khan, la doctrina actual subestima el riesgo de los precios predatorios que suelen practicar los gigantes de Internet. 

Cita el caso de Quidsi, una firma de comercio electrónico que vendía productos para bebés en el sitio diapers.com, que en 2008 recibió, pero rechazó, una oferta de compra por parte de Amazon. En los dos años siguientes, Amazon compitió ofreciendo precios 30% menores que diapers.com y terminó eliminando a su competencia.

En el mundo analógico, los precios predatorios son una conducta irracional porque las pérdidas no se pueden recuperar, diría la teoría tradicional. Pero la economía de las plataformas, observa Khan, crea incentivos para que una empresa busque crecer en participación de mercado en lugar de ganar dinero, una estrategia que además es recompensada por los inversores y los capitalistas de riesgo (“si estás ganando dinero es porque estás haciendo las cosas mal”, se decía). 

En estas condiciones, las políticas de precios predatorios se vuelven altamente racionales. 

Pero, además, las plataformas de Internet sirven como intermediarios críticos que controlan la infraestructura de la que dependen sus rivales. Ese rol dual, dice Khan en su artículo, “le permite a una plataforma explotar información recogida sobre otras empresas y utilizar sus servicios para socavarlas como competidoras”. 

La solución para estas estructuras de mercado tan poco competitivas como la de Amazon, dice Khan, puede tomar dos formas. Una consiste en restaurar los principios originarios de la legislación antimonopólica y prohibir la integración vertical y los precios predatorios. La otra, en aceptar que las plataformas online dominantes constituyen monopolios u oligopolios naturales y por lo tanto someterlos a un régimen de servicio público, lo que permite mantener los beneficios de la escala al tiempo que limita la capacidad de las plataformas de abusar del poder que otorga. 

En cualquier caso, la guerra contra los gigantes de Internet está lanzada. Y ahora tiene a una nueva impulsora al frente de la agencia regulatoria. Según William Kovacic, un expresidente de la FTC, el nombramiento de Khan hará que el organismo acelere fuertemente su marcha. “Quiere subirse a un auto que ella piensa que estaba andando a 10 km por hora y llevarlo a 250 km”, le confió al Washington Post, un diario que es propiedad personal de Jeff Bezos, el dueño de Amazon.