La inflación de alimentos de Argentina es 11 veces superior a la de los países de la región

11 de junio, 2021

La inflación de alimentos de Argentina es 11 veces superior a la los países de la región

Los precios de los alimentos, según el índice de la FAO, están en niveles altos. El índice líder se ubica en 127,1 puntos, solo 7,6% debajo del pico registrado en febrero de 2011. La suba de la soja a la zona de US$ 600 es parte de ese proceso, y probablemente el dato más seguido en Argentina. Pero está subiendo todo y muy rápido.

El valor internacional de una canasta de alimentos que contiene un mix de carnes, lácteos, aceites, granos y azúcar se viene incrementando al 3,2% mensual en los cinco primeros meses del 2021, “mostrando una aceleración importante respecto del ritmo que tuviera en el 2020 (+0,6% por mes)”, sostiene un informe de Juan Manuel Garzón de la Fundación Mediterránea.

La pregunta obvia es si esa suba está detrás de la aceleración de la inflación de los alimentos en Argentina. Un sector del Gobierno dice eso, aunque no queda claro si realmente lo piensa. Una manera de averiguarlo es ver qué pasa en países de la región que tienen canastas exportadoras parecidas, así como analizar otras variables.

Una aclaración: la valorización de esta canasta FAO incluye precios de comercio exterior (precios en frontera, no son precios finales pagados por consumidor) y en muchos casos los productos son, en realidad, más bien insumos para la elaboración de alimentos, es decir, tampoco son productos finales, caso de cereales como el trigo o el maíz que se consumen casi en su totalidad transformados. 

“El interrogante inevitable que surge de este contexto de suba de precios internacionales es si la revalorización de productos se está trasladando al consumidor final, si está llegando en forma de mayores precios a los bolsillos de las familias, y en ese caso en qué orden de magnitud”, dice Garzón y analiza lo que viene sucediendo en 2020 y 2021 con los precios finales de los alimentos en 9 países de Latinoamérica: Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú, México, Costa Rica y Bolivia. 

“El propósito del relevamiento es doble: a) evaluar si se observa o no una aceleración en la tasa de inflación de alimentos en la región (consumidor final), que podría ser consecuente con la suba de precios internacionales; b) comparar lo que viene sucediendo en Argentina con los restantes países, a los efectos de inferir si en la aceleración que muestra la inflación local cabría atribuir entre sus determinantes los mayores precios internacionales”, agrega.

Argentina

En Argentina, la inflación en alimentos y bebidas no alcohólicas, que promedió 3% mensual en el 2020, subió a 4,4% mensual en el 2021, es decir, subió más de 40%. Por su parte, en Latinoamérica, la inflación para el mismo rubro de bienes fue del 0,4% mensual en el 2021 (valor mediano) y además, “quizás lo más relevante”, dice Garzón, también menor a la del 2020 (0,5% mensual).

inflacion alimentos

“Cuando se analiza el caso por caso de los distintos países se encuentran matices que deben mencionarse: cuatro países muestran desaceleración (Chile, Uruguay, Costa Rica y Brasil), 3 de ellos aceleración (Perú, Bolivia y Colombia) y el último no presenta cambios (México). La tasa de inflación mensual más alta se observa en Colombia (+1,3% mensual) y la más baja en Costa Rica (-1%). Brasil y Uruguay, dos países limítrofes y quizás más comparables por canastas de consumo con Argentina muestran tasas del 0,4% y 0,5% mensual en el 2021. Es importante apreciar que la tasa de inflación mensual de la canasta de alimentos, medida en moneda local en todos los casos, de Argentina en estos 4 meses del 2021 es 11 veces la de la región (valor mediano) y que esta brecha si bien no es nueva se ha ampliado respecto de la que se tenía el año pasado (6 veces)”, agrega.

Seguramente que las explicaciones son múltiples, incluyendo cuestiones de manejo prudencial de la macroeconomía (política monetaria, cambiaria), aspectos microeconómicos y también de conformación de canastas de consumo”, agrega el analista de Fundación Mediterránea. 

En lo que respecta a la microeconomía, debe señalarse que muchos de los productos que se comercian en el mundo, que usualmente se monitorean y cuyos valores son luego los que difunden organismos como FAO, representan sólo una parte de los costos totales de los alimentos. A los precios de estos productos hay que agregar, según los casos, costos industriales (cuando el producto final tiene mayor transformación que el que se comercia), comerciales (el mismo producto en una góndola de un supermercado de proximidad vale bastante más que en un contenedor en un puerto o en centro de distribución), logísticos (particularmente de cara a la “última milla” y más en productos perecederos) e impositivos (en el comercio exterior los productos se comercializan sin impuestos indirectos). 

Por ejemplo, en el caso de productos lácteos, hay estimaciones que señalan que el 50% aproximadamente de los precios finales retribuye a los eslabones de producción (tambo e industria) y el otro 50% retribuye los servicios antes mencionados (transporte, distribución y comercio) más la parte que se lleva el Estado vía impuestos sobre ventas. “En el caso de estos productos, la suba de precios internacionales impacta a grosso modo y en promedio sólo sobre la mitad del precio que paga un consumidor (un poco más en los productos más comoditizados y un poco menos en los productos más diferenciados)”, dice Garzón. Allí aparece una parte de la respuesta que explica la anomalía de Argentina.

Otra variable clave es el tipo de cambio. ¿Qué es lo que ha pasado con el tipo de cambio nominal en cada uno de los países bajo análisis? En el 2020, el tipo de cambio de Argentina mostró una depreciación mensual del 2,7% (punta a punta), que se elevó al 3% mensual en el 2021 (4 meses). En el caso de la región, la depreciación fue de 0,4% mensual (mediana) en 2020 y se elevó muy suavemente en el 2021 (0,5% mensual). 

“En el análisis país por país, sólo en Chile se observa una apreciación del tipo de cambio, es decir un movimiento en la dirección que se podría haber inferido dada la suba de precios de commodities (que se extiende a los minerales) y que seguramente ayudó al país trasandino a contener las subas de precios de alimentos que importa o exporta. En Bolivia se da la particularidad de un tipo de cambio completamente estabilizado y en los restantes países distintas tasas de depreciación, todas ellas muy inferiores a las de Argentina y sólo en el caso de Colombia con una aceleración (de relevancia) en de la depreciación de la moneda en el 2021”, dice Garzón. 

“En síntesis, las estadísticas indican que en la región los precios a nivel consumidor de los alimentos se muestran bastante estabilizados, habiendo transcurrido varios meses del ciclo internacional alcista de commodities, e incluso con varias monedas perdiendo valor (y no poco, entre el 1% y 2% de depreciación mensual en países como Brasil o Uruguay en el 2021). Lo logrado en estos países revela que la elevada inflación de Argentina particularmente en estos productos (una inflación que es 11 veces la tasa media de la región) no puede estar anclada en el contexto externo y debe encontrarse una mejor explicación del fenómeno, seguramente más asociada a la política monetaria (emisión pasada, actual o esperada en exceso a la que el mercado requiere) y la organización económica del país (economía cada vez más cerrada, dependiente del sector público y con bajos incentivos a la inversión privada)”, dice Garzón. No culpen a la soja…