En Perú compiten los extremos

3 de junio, 2021

En Perú compiten los extremos

En América del Sur se suele hablar de ciclos políticos que involucran en mayor o menor medida a todos los países que la integran. Así hubo un tiempo en el que prevalecieron las ideas del llamado Consenso de Washington y avanzaron las reformas pro mercado y otro, a principios de siglo, en el que prevalecieron las visiones contrarias y se impuso una mayor intervención del Estado en la economía.     

En los últimos años se había observado un giro a la derecha con los triunfos de Bolsonaro, Piñera, Macri y Lacalle, pero ahora el panorama regional no tiene un sesgo definido.  En las últimas elecciones se observó un triunfo de un candidato presidencial de derecha en Ecuador, pero también un fuerte avance de los sectores de izquierda en la elección de constituyentes en Chile. 

La próxima escala será en Perú en donde este domingo competirán por derecha Keiko Fujimori  y por izquierda, Pedro Castillo. Ambos candidatos tienen elevados niveles de rechazo, obtuvieron menos de 20% de  los votos en la primera vuelta y sus credenciales republicanas son escasas. Los analistas sostienen que Keiko, pese a la enorme carga negativa que tiene su apellido, tuvo una mejor estrategia de campaña porque logró construir la imagen de un Castillo extremista que nacionalizará toda la economía. De todas maneras, el resultado está abierto según las últimas encuestas.  En Perú se observó un fenómeno no habitual en la región porque la economía mostró en los últimos años un buen desempeño, con el PIB per cápita creciendo al 2% por año entre 2011 y 2019, a pesar de la inestabilidad y fragmentación política.  Pero la pandemia fue un duro golpe que produjo un fuerte retroceso en los indicadores que en parte explican el surgimiento de alternativas electorales tan volcadas a los extremos. Por más que el resultado de Perú pretenda ser leído en clave regional, la heterogeneidad de sus procesos políticos seguirá siendo el rasgo dominante. Pero sí hay un dato que está presente en toda América Latina es la baja tasa de crecimiento. El ingreso per cápita en la región, ajustado por inflación, era en 2019 el mismo que en 2011 mientras que en ese período China creció 66% e India 52%.

El Covid-19 pegó fuerte en la región dado que con sólo el 9% de la población mundial sufrió casi el 30% de las muertes que produjo el virus. En ese contexto, las economía se derrumbaron, creció la pobreza y  el ingreso per cápita se redujo 8%. Los escenarios políticos cambian, pero la dificultad para crecer es una constante de la última década y es un desafío para todos los gobiernos cualquiera sea su ideología.