“Dios es peronista”, pero ya ni con eso alcanza

16 de junio, 2021

“Dios es peronista”, pero ya ni con eso alcanza

Por Jorge Colina (*)

Flota en el ambiente cierto alivio por los buenos precios internacionales. Desde noviembre del 2020, cuando casualmente el Ministerio de Economía empezó a adoptar una conducta fiscalmente más conservadora, el precio de la soja empezó a subir. Desde un buen nivel de U$S 380 la tonelada llegó a U$S 500 en enero y actualmente roza los U$S 580. Es decir, los precios de la soja son hoy 50% más altos que en noviembre. Los precios del maíz y el trigo también crecieron en el orden del 60% y el 40%, respectivamente. Esto es una excelente noticia.

Justo en el momento de mayor zozobra cambiaria, que fue entre septiembre y octubre del 2020, producto de la enorme emisión monetaria sin respaldo que se ejecutó entre abril y setiembre para financiar el confinamiento, los dólares genuinos empezaron a aparecer, y aumentados gracias a los buenos precios internacionales. No quedan dudas que “Dios es peronista”. Siempre hizo crecer el precio de los productos agropecuarios cuando gobernó el peronismo.

Ahora lo que llama la atención es que las reservas del Banco Central no se recuperaron todavía de la pérdida que hubo desde diciembre del 2019. Cuando asumió el Gobierno había U$S 44.000 millones. Cuando vino la ayuda del “Dios peronista” (noviembre de 2020) había U$S 40.000 millones. Hoy hay U$S 42.000 millones. 

Lo primero que uno piensa es que los exportadores no están liquidando. Bueno, no es tan así. Porque el Banco Central en este período tuvo compras netas positivas por U$S 6.000 millones (o sea, después del pago de importaciones que ascendió a U$S 28.000 millones en el mismo período). 

Lo que pasó fue que el Banco Central tuvo que pagar deuda en dólares del Tesoro (fundamentalmente con los organismos internacionales) y deuda propia en dólares con bancos nacionales y extranjeros (en devolución de préstamos por liquidez). Ambos montos sumaron casi U$S 4.000 millones por eso es que las reservas quedaron por debajo del nivel de diciembre 2019. O sea, hasta ahora la bonanza dejó pocos dólares en el Banco Central.

Así las cosas, la situación del Banco Central sigue siendo extremadamente precaria. En lo que va del 2021 le envió muy poca plata al Tesoro. Apenas $240.000 millones que es relativamente poca plata. Es el 10% de la base monetaria y el 7% del stock de Leliq y pases. Sin embargo, las Leliq y pases en pesos en lo que va del 2021 crecieron en $900.000 millones. Esto es producto de que el Banco Central tiene que absorber la ayuda (reducida) al Tesoro más la emisión que causa la propia liquidación de divisas y los intereses que generan las propias Leliq y pases. En otras palabras, sigue creciendo la emisión reprimida mientras que los dólares que entran a las reservas son pocos, aun con bonanza.

Encima, la bonanza tampoco se traduce en mayor crédito al sector privado. En octubre 2021 (cuando comenzó la ayuda del “Dios peronista”) el crédito al sector privado y el stock de Leliq y pases eran iguales: $2,6 billones. Hoy el crédito al sector privado subió a $3 billones (por debajo de la inflación) pero el stock de Leliq y pases subió a $3,6 billones (por encima de la inflación). O sea, la bonanza no se traduce en mayor crédito a las empresas, para que produzcan más, y a los consumidores, para que consuman más. Se traduce en más Leliq y pases.

Pero hay una tercera vía para que la bonanza internacional llegue al bolsillo de la gente: el aumento en los recursos fiscales que generaron los altos precios internacionales. No son pocos. En lo que va del 2021, los derechos de exportación le dieron al fisco casi $200.000 millones más. El tema es que si se reparten estos recursos extraordinarios entre la gente para que tenga plata en el bolsillo en año eleccionario, el déficit fiscal primario pasaría de $80.000 millones a $280.000 millones, y ahí se cae toda la mampostería del Banco Central.

En suma, “Dios es peronista”. De eso no cabe duda. El tema es que la acumulación de malas políticas macroeconómicas desde el 2000 hasta aquí, ha hecho que ya ni con esta suerte alcance para salir airoso de semejante descalabro económico.   

(*) Idesa