Basterra: “El cierre o apertura de las exportaciones no define si a la ganadería le va bien o mal”

26 de junio, 2021

Basterra: “El cierre o apertura de las exportaciones no define si a la ganadería le va bien o mal”

El ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Luis Basterra, sostuvo hoy que la decisión del presidente Alberto Fernández respecto de reabrir parcialmente la exportación de carne vacuna, sumada a otras medidas de contención de precios, tuvo como objetivo “priorizar la mesa de los argentinos sobre cualquier otro interés”.

En una entrevista a Télam, Basterra sostuvo que de conseguirse los objetivos respecto de los valores de la carne “se va a rever” la limitación en comercio exterior, y remarcó la necesidad de mejorar determinados indicadores productivos para aumentar la oferta.

A continuación, los principales tramos de la entrevista.

Usted dijo que de lograrse contener los precios de la carne o llevarlos a una baja, podría darse una mayor apertura de exportaciones. ¿Ve posible que ocurra en el corto plazo?

Es el objetivo y estamos trabajando para que se entienda que es un objetivo que debe alcanzarse con el esfuerzo compartido de todos los actores de la cadena. El acuerdo que se ha alcanzado con los frigoríficos exportadores para proveer cortes a valores muy accesibles los siete días de la semana también van en esa línea. La suspensión de las exportaciones de los distintos cortes también aporta a que exista una mayor oferta y, como una medida de menor tiempo, es la apertura del 50% del promedio exportado durante el año pasado para ver si todo este paquete de medidas logran estabilizar los precios. Si los precios se estabilizan se va a rever la medida sobre fines de agosto, o, como dijo el Presidente, incluso antes si se perciben los resultados.

Respecto del Plan Ganadero, a su criterio: ¿cuáles son las principales deficiencias del modelo productivo argentino y donde hay que accionar rápidamente?

Hay un indicador que es la cantidad de terneros que un establecimiento genera cada 100 vacas, llamado el índice de marcación. En Argentina, desde hace 30 años no ha variado: estamos alrededor de 63 terneros cada 100 vacas. Esto no es un fenómeno que se da estrictamente en una región, sino que se da en todo el país. Sin embargo, en cada región las tecnologías que se deben aplicar para mejorar los indicadores son diferentes. De ahí la necesidad de la articulación federal del Plan Ganadero. En cada lugar se requiere las interacciones del objetivo nacional, que es mejorar ese indicador, con los actores locales, sustancialmente, los gobiernos provinciales y los actores productivos, ya que hay una variabilidad importantísima: van desde productores de la agricultura familiar, pequeños, medianos a grandes. Cada uno requiere medidas diferentes: para algunos puede ser una exención impositiva o un diferimiento de impuestos y para otros puede ser una fuerte capacitación, inversión en planes sanitarios o garantizar el alimentos para los animales.

¿En cuánto tiempo estaríamos viendo un impacto importante en la producción de aplicarse el Plan?

Los ciclos ganaderos son, de mínimo, de dos a tres años, por lo menos para este índice. Hay otros indicadores que se pueden lograr más rápido, como el incremento del peso de faena. En Argentina el consumo está ligado a animales de poco porte, jóvenes, que pueden seguir creciendo y tener más kilaje y así, un mismo animal puede aportar más volumen. Está arraigado a que el animal joven es más tierno, pero los métodos de cría y de engorde de hoy hacen que los animales jóvenes puedan tomar peso más rápido y no va en desmedro de la terneza. Esto también es parte del Plan.

¿Existe hoy el consenso necesario por parte de los actores de la cadena para llevar adelante el diseño del Plan Ganadero en este contexto?

Los consensos se construyen en la acción. La reacción que puede generar una decisión del Estado nacional y llevar a un determinado estado de ánimo a determinadas entidades, no significa que se puede transitar un camino donde se perciba que los aspectos estructurales son definitorios para la construcción de una cadena cárnica consolidada. En la práctica confiamos que se van a revisar decisiones que se toman y validar que el problema de la carne no se resuelve con dos o tres medidas, sino haciendo un abordaje sistémico con objetivos comunes y que una sola medida no es la causante ni de los buenos o malos resultados de la actividad. Esto es, el cierre o apertura de las exportaciones no define si a la ganadería le va bien o mal.

¿Ve en el horizonte un escenario de conflictividad con el sector que supere lo discursivo?

Nosotros creemos que los caminos de salida a las situaciones de conflicto están ligadas al diálogo y no a la confrontación. Esta última ha generado grietas y enfrentamientos y no recuerdo que hayan generado resultados positivos. Siempre he ligado la percepción de buenos resultados al diálogo y, mientras este exista, hay posibilidades de acuerdos y encontrar soluciones. Uno es respetuoso de la libre expresión que puedan tener las distintas entidades, pero el enfrentamiento le costó demasiado a los argentinos. Me parece que debemos zanjar esos criterios. Hemos demostrado que estamos generando espacios para el debate y las construcciones, y aspiramos que sea el lugar donde se discuta. La decisión del Presidente ha sido priorizar la mesa de los argentinos sobre cualquier otro interés, y sobre eso estamos trabajando. De hecho, en todas las mesas hubo consenso de que tiene que haber disponibilidad de carne accesible para la mesa de los argentinos y ese es un buen punto de partida.